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Enviado el Miércoles, 13 de agosto de 2014 a las 08:00:00
Tópico: Artículos
Artículos

El efecto Frankenstein

De vez en cuando se encuentran entre las páginas de las revistas de pesca defensas más o menos encubiertas, más o menos encendidas, de la introducción de peces alóctonos.

A veces esas defensas se basan en el simple, y claramente expresado, deseo del pescador de encontrar a la puerta de su casa las especies exóticas que admira en las revistas de pesca, y son tan absurdas (y a mi juicio impublicables) como lo sería el supuesto artículo de un cazador loco que defendiera la liberación de tigres y leones en los Montes de Toledo.

En otras ocasiones, similares deseos se amparan en supuestos fundamentos ecológicos, que pueden confundir a lectores poco versados en esa ciencia. Argumentos del tipo: "Los embalses son ecosistemas alterados y habría que introducir especies que se adapten a las nuevas condiciones para restablecer el equilibrio ecológico", tienen una bonita apariencia, pero en el fondo no significan nada: los embalses no son ecosistemas alterados, aunque su nacimiento cause la drástica alteración del ecosistema fluvial preexistente. Son ecosistemas nuevos, con unas singulares características, y entre ellas una que los hace únicos: el caudal vertido está sujeto a necesidades humanas, los flujos de entrada y salida de agua no son simétricos, y los cambios en el nivel de las aguas no guardan necesariamente relación con los ciclos climáticos. En la naturaleza no hay ningún ecosistema similar, por lo que no han evolucionado especies particularmente adaptadas a esas condiciones. Por otra parte, hablar de embalses en general no tiene demasiado sentido: los hay con ciclos de renovación muy largos y condiciones que se asemejan a las de un lago, y los hay con ciclos mucho más cortos y más parecidos a un río que a otra cosa. Por cierto, y hablando de embalses, bueno es saber que su vida suele ser bastante corta: pocos son los que superan un par de siglos de vida, y la mayoría bastante antes (y más en un país con graves problemas de erosión como es el nuestro) se llenan de sedimentos y se convierten en charcas de fondos lodosos e improductivos, bastante poco adecuadas para la vida de los peces. En parte, y temporalmente, eso se evita a veces con vaciados bruscos de aguas de fondo, que arrastran los sedimentos depositados (normalmente a costa de la muerte de muchos de los peces del embalse y del tramo inferior del río), pero esa brutal solución no devuelve al embalse su capacidad original.

Si aceptáramos el argumento de los embales como "ecosistemas alterados" para justificar la liberación en ellos de especies exóticas o trasladadas, habría que añadir que esas alteraciones también afectan al tramo de río situado aguas abajo del embalse, a los ríos contaminados, a las cuencas deforestadas... Al final no quedarían lugares que no "necesitaran" nuevos peces para "recuperar el equilibrio".

Los experimentos... con gaseosa. El actual código penal español recoge como delito la introducción de especies, y el término introducción no hace sólo referencia, como algunos pueden pensar, a la suelta de nuevas especies exóticas. También trasladar y liberar especies dentro del mismo país, de un lugar a otro donde anteriormente no habitaban, supone introducir especies, y por tanto la comisión de un delito. Tomen buena nota los aficionados a transportar (por el motivo que sea) peces vivos de unos a otros pesqueros, y sepan que su afición puede llegar a costarles la cárcel.

No quiero asustar a nadie. Pero ya es hora de aclarar que eso de soltar y extender por nuestras aguas nuevos inquilinos no es cosa de broma.

El PNUMA (Plan de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) afirma, con sólidos datos, que la introducción de especies alóctonas es una de las principales causa de extinción; por encima de la contaminación, de la caza y pesca furtiva...

Los ríos españoles son ríos fluctuantes. Sus condiciones no son las más adecuadas para que en ellos se desarrollen gran cantidad de especies ícticas. La Ecología constata, en general, una relación directa entre estabilidad y diversidad, relación que se explica por cuanto a que mantener una mayor biodiversidad precisa el establecimiento de una más compleja red de relaciones, y tanta complejidad no puede persistir en ecosistemas que sufren frecuentemente grandes e imprevisibles cambios. Por poner un ejemplo: una alta, etérea y delicada, catedral gótica, tendría poco futuro en una zona de fuertes terremotos.

El caso del lucio en España puede resultar esclarecedor. El hallazgo de restos fósiles en un yacimiento arqueológico madrileño prueba que la especie habitaba en nuestros ríos hace 100.000 años, y tal vez, como muestra un mosaico romano en Mérida, aún estuviera presente en alguna zona hace menos de 2.000 años. Pero el lucio es un pez de aguas frías que ocupa un escalón alto en la pirámide trófica, por ello soporta los periodos cálidos y secos peor que otras especies, y si aún vivía en nuestros ríos en tiempos romanos no pudo sobrellevar los cambios climáticos acontecidos en nuestro país en los posteriores siglos.

Cuando el Servicio de Pesca Continental introdujo (o reintrodujo) el lucio en 1954, contaba con un informe favorable del ictiólogo Velaz de Medrano. En ese informe se remarcaba la ausencia de una especie piscívora en nuestras aguas, por lo que se suponía que quedaba un "hueco" en el ecosistema, "hueco" que el lucio podía llenar.

Ahora sabemos que no es muy aficionada la naturaleza a dejar "huecos" porque sí. En nuestro caso la ausencia de peces con un régimen básicamente piscívoro es muy posible que obedezca a factores ambientales, que a largo plazo no permiten la existencia de especies con un régimen de explotación de recursos tan limitado, tan especializado.

Lo acontecido con el lucio en los apenas cincuenta años que han pasado desde su introducción (crecimientos explosivos en las primeras fases de la introducción y masivas desapariciones en los periodos de sequía) parece apoyar esa hipótesis.

Por desgracia, muchas otras de las especies liberadas en nuestras aguas (carpa, perca sol, pez gato...) son generalistas, invasoras, y muy capaces de sobrevivir en ambientes inestables.

De las veinte especies introducidas una (la gambusia) lo fue por motivos sanitarios, para eliminar a los mosquitos de las zonas pantanosas; otra (la carpa) lo fue para el aprovechamiento de su carne; siete, por su valor para la pesca recreativa (lucio, lucioperca, blacbás, salvelino, trucha arco iris, hucho y siluro); y el resto acabó en nuestras aguas por causas poco claras (en muchos casos por un simple "a ver qué pasa").

El papel de la gambusia podría haber sido representado perfectamente por algunos de nuestros ciprínidos y ciprinodóntidos; el papel de la carpa lo podría haber jugado la tenca; y el papel de peces "deportivos" lo podrían cubrir de sobra nuestras truchas, salmones, barbos... Si en USA tuvieran la diversidad de barbos que nosotros tenemos, algunos de ellos con tamaños que superan ampliamente los diez kilos de peso, es posible que ahora hubiera un floreciente negocio en torno a su pesca, y se diseñarían, y venderían a buen precio, señuelos y equipos altamente especializados para su captura.

Nuestros bravos barbos, esos "macabíes de agua dulce" que en España tenemos la inmensa suerte de poder pescar en muchos ríos, son unos de los damnificados con la llegada de la multitud de competidores. Pero no son los más perjudicados.

En los ríos de la Península Ibérica (siguiendo datos de Doadrio, Elvira y Bernat, de 1991) sobreviven 35 especies de peces autóctonos (no se consideran aquellas que, aún remontando en ocasiones los ríos, son en esencia marinas). De ellas, dieciocho son endémicas (no existen fuera de la Península) y en su mayor parte se encuentran catalogadas en el anexo III del Convenio de Berna como especies protegidas.

Del total de 35 peces autóctonos que consideramos habitan en los ríos ibéricos, tres se consideran en la "Lista roja de vertebrados de España" como insuficientemente conocidas; cinco como vulnerables; uno como raro; otro como indeterminado; y cinco están al borde de la extinción (entre ellos el samaruc, considerado uno de los peces más amenazados del mundo).

El estado de las poblaciones de muchos otros que no aparecen en esa lista tampoco es que sea boyante, y muchas de ellas están en claro retroceso.

¿Hasta qué punto tienen responsabilidad en esta situación los peces introducidos? Pues lo cierto es que no lo sabemos de cierto, no tenemos datos, aunque en algunos casos es bastante evidente. Pero aunque esa responsabilidad no sea mensurable, no cabe duda de la influencia negativa de la introducción de especies en un ecosistema para la supervivencia de las especies autóctonas; incluso en aquellos casos en los que la especie se introdujo después de estudios de conveniencia, con el convencimiento de que se estaba haciendo algo positivo, los resultados finales no fueron precisamente los esperados. Moyle, en un escrito de 1991, denomina a este hecho "efecto Frankenstein", y la expresión ha tenido éxito y se utiliza habitualmente para indicar la imposibilidad de prever la evolución de los ecosistemas que modificamos, y cómo actos que se tienen por positivos acaban convertidos en monstruos que no podemos gobernar.

No juguemos a aprendices de brujos si no queremos ser víctimas de nuestros propios hechizos.

Alejandro Viñuales.-Ordiales-


 
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Re: El efecto Frankenstein )
por pepe_hillo el Miércoles, 13 de agosto de 2014 a las 13:14:25
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Al hilo de este articulo, conciencio preocupado
lo inmovil que es este pais para algunos asuntos y su falta de reaccion.

han pasado casi DIEZ años desde el articulo, y apenas ha cambiado la situacion.
Y en todo caso de haber cambiado no ha mejorado en nada.
Tenemos un Real Decreto acerca de las especies exoticas, muy bueno y bonito, si; Pero completamente inutil
Se los pasan por el forro tanto pescadores como legisladores como comunidades autonomas.
Ya preocupaba a fecha del articulo la expansion y trasporte de los aloctonos; bien pues ahora estan en muchisimos mas sitios.
Que pais de Leyes inmensas y complicadas Pero inutiles.. Si no cumplimos nada de nada..
Me pregunto para que tanto legislar?
Como nos mienten, nos dejamos mentir y lo que es peor nos engañamos a nosotros mismos.
Un saludo.



Re: El efecto Frankenstein )
por du212 el Miércoles, 13 de agosto de 2014 a las 18:16:55
(Información del Usuario | Enviar un Mensaje)
El otro día leía las normas de pesca de Navarra y Gipuzkoa con estupor, comprobando como se prohibe la pesca del cangrejo señal, salvo en zonas acotadas o cómo se introducen truchas arco iris para pesca recreativa en los ríos. Hay tantos intereses en la pesca,....En Navarra no puedo pescar y matar ...¡Alburnos! que son plaga importada, pero algunos de los 400 salmones del Bidasoa



Re: El efecto Frankenstein )
por du212 el Miércoles, 13 de agosto de 2014 a las 18:17:49
(Información del Usuario | Enviar un Mensaje)
El otro día leía las normas de pesca de Navarra y Gipuzkoa con estupor, comprobando como se prohibe la pesca del cangrejo señal, salvo en zonas acotadas o cómo se introducen truchas arco iris para pesca recreativa en los ríos. Hay tantos intereses en la pesca,....En Navarra no puedo pescar y matar ...¡Alburnos! que son plaga importada, pero sí algunos de los 400 salmones del Bidasoa



Re: El efecto Frankenstein )
por farioreo el Sábado, 16 de agosto de 2014 a las 01:31:15
(Información del Usuario | Enviar un Mensaje) USA
Gracias por mantenernos informados a ultima hora.Tomo nota de la preocupante info que nos has dado de los embalses y su colmatizacion con lodos;los cuales ya han provocado en muchas ocasiones gran mortandad de truchas autoctonas.saludos.



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