Espíritu pescador.

El calendario corre, el histórico, el biológico, el laboral… porque el otro, el que construye la intimidad de lo que somos, nuestra percepción de vivir, el tic-tac de nuestro corazón tiene otro ritmo mil veces más lento y distinto. Casi todos los pescadores nos quedamos en un territorio indefinido que va de los veinte a los treinta años, un tiempo de dicha y juventud, de mirar con asombro y descubrir a cada paso, de maravillarnos con cada descubrimiento y de sentir la felicidad con el tacto porque para los pescadores la famosa, manipulada y desprestigiada palabra “felicidad” es algo material, aprehensible, concreto porque tiene forma de río. La sentimos al respirar, caminar, comer, cansarnos, compartir con los amigos una cerveza, un bocadillo o un día de pesca.

Así que los días 18, 19 y 20 de mayo los periodistas especializados en la pesca deportiva nos hemos reunido en Pescapress 2018 y participamos de ese espíritu que encarna como modelo el pescador y escritor Guy Roques, el más veterano y puede que el más joven, con esa edad incierta que tenemos todos los pescadores, entre veinte y treinta, nunca más, aunque el cuerpo siga su reloj y nuestra apariencia exterior sea otra. Entre las Actividades de este encuentro, hemos visitado el Centro Ictiogénico de Galisancho, debatido el futuro de la pesca deportiva como recurso económico-turístico, vivido la experiencia de la pesca del salmón del Danubio en el coto de Villagonzalo, el barbo en el embalse de Santa Teresa y las truchas en el EDS del Tormes, y compartido con las autoridades y responsables de pesca de Castilla y León dos jornadas muy interesantes.

El hucho hucho.

En un tramo del Tormes se mantiene una buena población de hucho hucho desde finales de los años sesenta del siglo pasado. En esos tiempos los responsables piscícolas traían peces exóticos como el lucio, el bass o la trucha arcoíris para repoblar ecosistemas que ya no eran salvajes y que difícilmente serían los hábitat adecuados para los peces autóctonos.

Los embalses y pantanos que fueron encerrando a los ríos de España eran espacios acuáticos opacos, de muchos metros de profundidad, aguas paradas y poco oxigenadas, nuevos y artificiales ecosistemas en los que nuestros peces tenían difícil adaptación. Entonces se creía que repoblar con exóticas esas nuevas aguas era lo más adecuado. En este contexto llegó el hucho o salmón del Danubio, una especie exótica que resultó ser, al contrario que las anteriores, poco invasora. Es paradógico que hoy el hucho hucho, especie endémica de la cuenca del Danubio, tenga sus poblaciones amenazadas y en regresión en sus áreas de distribución natural. El 1976 comenzó a funcionar el Centro Ictiogénico de Galisancho para gestionar la reproducción del salmón del Danubio y pocos años después se puso en marcha en coto de pesca de Villagonzalo. Hoy día, gracias a contar con dichas instalaciones y con una experiencia de casi 50 años en la reproducción en cautividad de diversas especies, una parte del Centro Ictiogénico está centrado en la reproducción de peces autóctonos en regresión en muchos de nuestros ríos como la boga del Duero, el calandino, la sarda, la bermejuela, la colmilleja y la colmilleja del Alagón. Esta iniciativa se enmarca dentro del proyecto LIFE Cipriber impulsado por el Ministerio de Medio Ambiente, a través de la Confederación Hidrográfica del Duero, y la Junta de Castilla y León. El proyecto está siendo todo un éxito gracias a la dirección de Juan Carlos Velasco Marcos. Ya han sido soltados ejemplares de colmilleja y sarda en un afluente del Águeda donde habían desaparecido, y la bermejuela y colmilleja del Alagón se han soltado en una charca de un monte público en Montemayor del Río, que cuando se desborda va a dar al Cuerpo de Hombre, que es su área de distribución natural. Aún no se han soltado bogas y calandinos porque la orientación del proyecto LIFE está centrado sobre todo en el complicado aprendizaje de su cría. Los peces que realizan migraciones para iniciar su reproducción y desencadenar así su ciclo hormonal son delicados y difíciles de reproducir en cautividad, pero en el caso de la boga, ya se ha logrado con éxito.

El Turismo del futuro.

Castilla y León es una comunidad autónoma cuyo territorio es sobre todo rural, tanto “agrario” como “natural”. El Agro aparece para los ciudadanos del país como un lugar de la memoria, lo que fuimos, pero ahora es marginal y casi exótico. Económicamente es el espacio de producción de alimentos que ha transformado además la mayoría del paisaje fuera de las ciudades de España y sobre todo los campos ribereños. Son 25 millones de hectáreas, y somos el segundo país con más superficie agrícola de la UE, sin embargo aporta menos de 3% al PIB y genera menos de 5% del empleo. El monte, los bosques, los páramos, las montañas son el territorio de la naturaleza, lugares a la vez olvidados o utilizados de forma intensiva como escenarios para vivir el tiempo de ocio. Espacios que viven la contradicción de querer ser ocupados o utilizados, deseando a la vez que se mantengan intactos y prístinos. La superficie forestal española es de 26 millones de hectáreas y representa el 52% de nuestro territorio. Como siempre, han comenzado siendo algunas minorías activas, desde los conservacionistas e investigadores a los agricultores inquietos o los ganaderos de ganadería extensiva, los neorrurales, los pioneros del agroturismo o los pescadores deportivos, los que han lanzado hacia los foros de discusión social que el campo, sea agro o monte, ni puede ser explotado como una fábrica industrial ni puede ser aislado en burbujas proteccionistas impermeables a los ciudadanos. Tal vez económicamente genere poco dinero o poco trabajo pero es un tesoro precioso que produce aire y agua limpia, biodiversidad o un espacio a medias humanizado y a medias natural en el que vivir con los ciclos de la naturaleza y a un ritmo más saludable es posible. En un mundo globalizado y con el cambio climático transformando de forma inquietante los ciclos naturales veremos en los próximos años cómo se ponen en valor económico los árboles como productores de oxígeno, los ríos como bancos de agua dulce potable y limpia, la agricultura ecológica a gran escala como única opción para lograr una alimentación de calidad diferenciada y, en definitiva, el campo, su filosofía y estilo de vida, sus peculiares relaciones sociales, sus formas milenarias de interacción hombre-naturaleza como una aspiración real y posible para muchos urbanitas infelices. En la España Vacía está gran parte de nuestro futuro. De todo esto también debatimos en el Pescapress con los responsables de Medio Natural de la Junta de Castilla León.

El paraíso truchero del río Tormes.

En este contexto, los 26 kilómetros del río Tormes ya son hoy un recurso sostenible puesto en valor. El año pasado pagaron licencias y permisos de pesca 10. 000 pescadores, de los cuales 4. 000 eran de fuera de Castilla y León. El dato puede parecer escaso en relación con los millones de turistas de sol y playa o de turismo urbano, sin embargo los últimos estudios sectoriales sobre el turismo, aquellos que no se quedan en el engañoso dato bruto de número de visitantes, pernoctaciones o gasto medio por persona, comienza a considerar a este turismo especializado, de “nicho”, de número discreto entre grandes estadísticas turísticas, como el más rentable para el lugar, el que mejor reparte dentro del territorio el gasto por persona y, sobre todo, el de menos impacto el más respetuoso con el entorno. Porque el turismo no siempre es respetuoso, limpio y beneficioso para la sociedad que acoge, en muchas ocasiones es contaminante, precarizador e invasivo. El año pasado llegaron a España 81, 4 millones de turistas. Al final de la década serán 100 millones. Se estima además que estos turistas han gastado en nuestros hoteles, restaurantes, museos, tiendas de souvenirs y chiringuitos unos 86. 000 millones de euros (Castilla y León tuvo1. 453. 494 turistas extranjeros y el gasto total de los turistas extranjeros que pasaron por Castilla y León fue de 770, 05 millones de euros, con un gasto medio por persona de 568 euros). Pero quienes de verdad se benefician son bien pocos, las grandes cadenas hoteleras que gestionan ese dinero en paraísos fiscales, las franquicias de comida rápida o las web de alquileres “sumergidos”, los vendedores de paella congelada o las gasolineras… y los prejuicios ya están ahí, a la vista de todos: suciedad, plástico en el mar, ríos secos y contaminados, saturación de los servicios públicos, incremento abusivo de los precios de la vivienda y el alquiler, gentrificación… En la España interior también se comienza a sufrir todo eso, quizá de otra forma, pero la queja y el dato de que el turismo convencional deja poco dinero está ahí. Pero el turismo especializado como el turismo de pesca es otra cosa. Los 10. 000 pescadores que han pasado por el Tormes es posible que no estén en las anteriores estadísticas pero consumen y gastan mucho más que la media, protegen el entorno, utilizan con respeto los recursos, casi son invisibles… Es de verdad un turismo de calidad. El turista de pesca no pasa por las grandes cadenas hoteleras, es curioso, no tiene prejuicios está atento y valora lo que tiene el lugar de distinto, busca descansar sin romper, ensuciar o cambiar y respeta sobre todo al ciudadano de aquí intentando no molestarle ni cambiar su vida. Es un turista que no quiere ser multitud ni colapsar la belleza del lugar, que tocará sus peces y hará sus fotos con discreción, que sabe que va a gastar dinero y que lo bueno tiene su precio, que no hay gangas en el paraíso y que tiene siempre muy en cuenta que en esos paraísos vive gente que a veces se gana la vida de forma complicada y el servicio al turista hay que pagarlo bien y no equilibrar un mal sueldo con una buena propina. El consejero de Fomento y Medio Ambiente, Juan Carlos Suárez-Quiñones se ha mostrado sensible a esta orientación del turismo de pesca en Castilla-León.

Turistas de calidad.

Tal vez si publicitáramos que los pescadores no envejecemos, que nos quedamos en una vaga edad entre los veinte y los treinta años y que es más terapéutico que hacer zen, yoga o estar tirado en una playa junto al tum-tum de un chiringuito el turismo de pesca sería masivo, pero no queremos eso. Es verdad que nadie nos enseñó a vivir con un cuerpo que se cansaba, en el que se acumulaban achaques a veces molestos, fastidiosos, dolorosos, permanentes. Nadie nos explicó que poco a poco tendríamos más arrugas, gafas, pastillitas que tomar ya para siempre, huesos que podían romperse, prótesis de titanio, menos pelos, menos fuerzas, menos futuro, nada de juventud. Nos ocultaron de qué iba todo esto. O no quisimos verlo. O imaginábamos que seríamos viejos dentro de muchos años, en un futuro muy remoto. Pero en este encuentro de Pescapress hemos podido pescar de nuevo con Guy Roques el más querido de los pescadores treinteañeros que aceptan su presente, las nuevas limitaciones físicas de sus cuerpos, el fastidio del dolor o los achaques, pero siguen haciendo cosas, teniendo brillo en los ojos, viviendo sus aventuras, pescando huchos, haciendo cientos de kilómetros para volver a Salamanca a comer jamón ibérico con los amigos, intentar clavar un barbo a mosca seca y tocar unas truchas salvajes.

Dicen los neurobiólogos que sólo lo que nos cuesta, lo que requiere mucho esfuerzo de energía y atención se nos queda grabado en la memoria. Lo que no es así lo olvidamos casi al instante o al poco tiempo y no queda de ello ni rastro en las neuronas, ni en las sinapsis, ni en el alma. El placer, la dicha, la felicidad siempre es mayor y no se olvida si el camino es difícil, costoso, complicado. Los ríos de Castilla-León son duros y broncos, con muchas truchas esquivas, viejas y resabiadas. Pescar en ellos nunca es un simple paseo. Requiere voluntad, preparación, fuerzas medidas, mucha pasión, resistencia a la frustración y la certeza de que esta forma de pesca, y no otra más fácil y accesible, es la que de verdad nos gusta. Volvemos del río exhaustos pero felices y los días son inolvidables. El turista de pesca, el pescador viajero, el “mosquero andante” es fiel a sus ríos, vuelve, repite y es generoso. Tal vez 10. 000 pescadores sean pocos, tal vez sean los mejores.

Esperemos que gracias a eventos como el Pescapress, al año que viene vengan más de estos turistas al Tormes, turistas que gastan, disfrutan, pescan, no ensucian y no dejan luego ni rastro, invisibles, prescriptores, felices.

conmosca. com

 

Escrito por Admin

    1 comentario

  1. farioreo 04/08/2018 at 13:04

    CyL son 96000 kms cuadrados que son 9,600.000 hectareas.saludos.

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