Sobre todo pescamos. Pero también contemplamos con asombro, en silencio, fascinados y sorprendidos tantas veces, instantes irrepetibles y bellísimos.


(Foto de : Reza Hilmy)

No hay día que no baje al río del que no vuelva con puñados de momentos asombrosos que nadie más que yo pudo ver. Es verdad, lo sé, suena a la famosa frase de Blade Runner de: “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais: atacar naves en llamas más allá de Orión, he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tanhauser… todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia”. Pero, para un pescador, todos nuestros momentos no se pierden. Los guarda en los mil bolsillos que tiene el chaleco de su memoria.

Me gustan los sonidos y los olores que hay en el río. De los animales que suelo sorprender tengo especial simpatía por las nutrias y los martines pescadores aunque sean “competidores”. Pero llevo pescando en la garganta J. más de treinta años y siempre hubo nutrias y martines y truchas. También me gustan mucho los insectos. Sus infinitos diseños me parecen siempre perfectos. No los miro con ojo de entomólogo sino de pescador y de niño.

Le digo a mi hijo pescador algo muy obvio, que… si no hubiera insectos no viviríamos nosotros. Necesitamos los “bichos”. Sin ellos se extinguirían la mayoría de las plantas de las que nos alimentamos al no ser polinizadas y con ellas los animales herbívoros que comemos. Así que ya sabes, cuando lances la imitación de un bicho al final de tu seda para pescar a una trucha no olvides que gracias a los insectos disfrutamos de este mundo tal como es.

Pasa entonces juntos a nosotros una libélula grande y atigrada. Hace más de trescientos millones de años ya volaban las libélulas por el mundo. Nosotros sólo llevamos aquí un instante.

Sobre el hijo pescador, cuando era pequeño, se posaban caballitos azules. Eran sus amigos.

Del Blog Mi Hijo el Pescador
Texto: Ramón J. Soria Breña. -mihijopescador-

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