Publicado en Conmosca el 9 de febrero de 2006

“Obertura”

El esfuerzo que supone una ascensión de más de dos horas a uno de esos lagos que están en altitudes superiores a los dos mil metros, no se puede justificar solamente por la expectativa de una abundante pesca. Se busca algo más. Algo intangible que tiene más que ver con el entorno y con nuestra actitud hacia él, que con la pugna entre el pescador y el pez.

“Romanza”

Los ibones o los “estanys” como se llaman en Cataluña, los tenemos en nuestra imaginación como espejos azules que están intactos allá arriba. Todo el mundo ha visto multitud de fotos de estos lagos en libros, revistas o calendarios, y nos imaginamos pescando en ellos en la más acogedora soledad. Nos imaginamos delante de un agua increíblemente transparente y rodeados de soberbias cumbres. Nos imaginamos frente a peces absolutamente salvajes que están totalmente a nuestra disposición. Nos imaginamos hipnotizados por los brillos que tintinean en la superficie del agua. Nos imaginamos tentando a esa gran trucha, que no se sabe cuantos años tendrá, que seguro está en ese fondo azul oscuro.

 Los lagos de alta montaña tienen algo mágico, solo hace falta rascar un poco en nuestra imaginación, cerrar un momento los ojos y casi los podemos tocar con los dedos.

“Largo andante”

Los lagos de alta montaña, para que tengan ese encanto, esa magia, tienen que cumplir una condición indispensable; tienen que ser de acceso difícil. No es lo mismo pescar en un sitio que se llega directamente con el coche. La dificultad, lejos de ser algo negativo, es la sal que da sabor al día de pesca. La adopción de objetivos asumibles, es una buena terapia para reafirmar la personalidad y la autoestima. Después de una dura ascensión, donde las asperezas de un entorno dominado por la verticalidad solo nos deja pequeños momentos de descanso para reponer el aliento, llegamos a un lago y la horizontalidad nos tranquiliza. La primera sensación es que hemos alcanzado la meta y buscamos un asiento donde reponernos totalmente. Los lagos infunden sosiego. A su orilla nos sentimos bien con nosotros mismos y parece que todo se haya resuelto. No hay sitio para las preocupaciones que la vida nos da allá abajo, en el valle. Las ansias de gran amplitud están realizadas. Los ojos se nos llenan de espacios abiertos: agua, praderas, valles, cumbres y cielo.

“Aria”

Hay muchos lagos, todos distintos. No hay dos iguales aunque tengan el mismo nombre. Es normal encontrar varios lagos que se llamen azul, blue, blau, o negro, negre, nere, noir, o chico, petit, xic, menor, o grande, grand, mayor, etc. Los ibones o estanys del Pirineo, aunque todos distintos, tienen en común que son preciosos. Y es que realmente son como nos los imaginamos en nuestra mente. Debido a la reducida presencia de glaciares y a la buena luminosidad, su color no suele ser blanquecino. Abundan los de tonos azules, señal de aguas con pocos materiales en suspensión y pocos nutrientes. También los hay de tonos verdosos, negros, rojizos, aunque en menor cantidad.

Los hay de todos los tamaños y quizás por ello es difícil hacer un censo riguroso. No hay un límite preciso entre lago, laguna y balsa o charca. Los parámetros de extensión y profundidad no siempre se pueden aplicar de una manera estricta. Esto hace que, depende como se cuenten, el número sea muy variable. En cualquier caso, si nosotros lo que buscamos es un lago en territorio español de una cierta superficie, pongamos aproximadamente superior a una hectárea, nos quedan reducidos entre cuatrocientos y quinientos. De estos, si nos limitamos a los que están por encima de los dos mil metros de altitud, la práctica totalidad se la reparten entre el Pirineo Aragonés y Catalán. Las excepciones que quedan fuera de esta zona, se cuentan con los dedos de una mano.

“Preludio”

La pesca en lagos de alta montaña tiene muchas características iguales a la pesca en aguas paradas de menor altitud, pero también tiene facetas que la diferencian. Si generalizamos, a sabiendas de que no siempre es justo hacerlo, un hecho muy importante es tener claro que estos lagos están la mayor parte del año helados. Esto no solo limita nuestro margen de días disponibles para subir a pescar, sino que además marca el ciclo de alimentación de los peces. Cuando los hielos se van y la temperatura del agua empieza a aumentar, parece que el lago se despierte y lo que parecía un lago totalmente muerto se vuelva algo vivo. Con sus momentos de actividad frenética. Con sus cambios de talante, ahora malhumorado, ahora tranquilo y apacible, ahora oscuro, después azul turquesa…………… Cuando se llega al ecuador del corto verano de la alta montaña, la temperatura del agua en superficie suele estar más caliente de lo que quieren las truchas y solo se dejan ver fuera de las horas de más calor. Al llegar el otoño, con la menor cantidad de horas de sol y antes de que lleguen los primeros fríos intensos que vuelvan a congelar la superficie del lago, los peces vuelven a tener más actividad. Todo esto tiene un ciclo de unos tres o cuatro meses. Hay muchos lagos en el Pirineo y nosotros tenemos muy poco tiempo cada año.

Otro factor que suele diferenciar la pesca en estos lagos es el perfil que tiene el fondo. La gran mayoría son de origen glaciar y, por lo tanto, las orillas suelen tener una fuerte pendiente. Solo suele haber playa en la salida y en la entrada, y no siempre. En la gran mayoría la erosión y la sedimentación no ha tenido tiempo de hacer su trabajo. Tenemos que tener presente que son lagos “jóvenes”, incluso si los comparamos con el hombre. La mayoría se formaron en las últimas glaciaciones del cuaternario.

Este tipo de orillas, con cortes bruscos, da un tipo de recorrido de las truchas diferente al que hacen en las playas. Las corrientes de agua que provoca el viento son por lo tanto muy verticales, la pesca se complica. Estos perfiles tan abruptos suelen corresponder con lagos muy profundos. Aunque no hay mucha documentación sobre el tema, si se sabe la profundidad de los más emblemáticos. Por ejemplo el estany Negre de Aigües Tortes tiene 70 metros de profundidad. El estany de Certescán, el más grande de los Pirineos, tiene 119 metros de profundidad. Por cierto este lago no tiene truchas, a pesar de que se le ha repoblado repetidas veces. Se le echa la culpa al perfil y a la profundidad tan grande que tiene. El causante de esta infecundidad no puede ser la composición del agua ya que su agua es llevada mediante un túnel al estany de Romedo de abajo y luego al de Tavascán y en ambos hay truchas.

Otro punto a tener en cuenta es el entorno del lago. Cuando se sobrepasa una cierta altitud, el suelo suele ser pobre y el clima muy duro. Hay pocos árboles que consigan aferrarse en esas condiciones tan extremas. Los dos mil metros suele ser el límite del cual pocas veces pasará el abeto. Únicamente el pino negro, aunque sea retorciéndose y medio agachado puede alcanzar los dos mil trescientos o dos mil cuatrocientos. Por encima ya solo se encuentran pastos, algunas flores y arbustos bajos como el rododendro. Lo que quiere decir que es muy normal que en los lagos más altos el paisaje es lunar. Lo que da una imagen más impresionante al propio lago. Al mismo tiempo, podemos suponer que el aporte de animales terrestres al lago, también es mucho más limitado que en otros de menor altitud, que tienen un bosque a sus orillas.

Si nos fijamos estrictamente en el agua, vemos que son lagos generalmente oligotróficos. Esto unido que la fotosíntesis se realiza hasta capas relativamente profundas y a la persistente acción del viento, nos da como resultado que sean lagos con una distribución muy uniforme del oxígeno. Por contra, la altitud va en contra de la cantidad de oxígeno. Esto es debido a que a una altitud superior a dos mil metros la presión atmosférica se reduce en más de un veinte por ciento y por lo tanto el valor de saturación del oxígeno en el agua, que es directamente proporcional, es menor en estas aguas de alta montaña. Si a esto le unimos que la acción de la temperatura, que a medida que aumenta disminuye la concentración de oxígeno, podemos comprobar que las truchas no dan toda la lucha que sería de esperar. Nosotros también notamos que hay menos oxígeno en el ambiente, sobre todo cuando hacemos los esfuerzos de la ascensión.

Resumiendo: hay poca comida. El mito de truchas gigantes es eso: un mito. Las truchas suelen ser pequeñas, flacas, con la cabeza grande y tardan mucho en crecer. Sacar truchas de más de kilo es muy raro y cuanto más alto, más raro. Por supuesto hay excepciones ya que hay lagos que tienen pez pasto, normalmente piscardos, que seguramente fueron soltados por los propios pescadores. De todos modos, el que sube hasta aquí ya sabe como funcionan las cosas. Lo importante es disfrutar del sitio y de los peces. Empecemos con las técnicas de pesca dividiéndolas según las situaciones que nos podemos encontrar.

“Alegro molto”

Para muchos pescadores la situación ideal de pesca en lago es en la que se nos presenta un día luminoso (no quiere decir necesariamente con pleno sol), sin viento y con truchas cebándose en superficie de forma regular. Pescaremos a mosca seca a pez visto. De momento, para no complicar la situación, supongamos que ponemos un tricóptero de tamaño y color al gusto de cada uno. Si no hay viento, las truchas suelen tener un recorrido aparentemente errático y “a priori” no se puede hacer ninguna suposición de por donde van a pasar. No suele ser aconsejable lanzar en medio y esperar a que pase una. Es mejor localizar a alguna trucha y posarle la mosca delante de su recorrido. Esto no es tan fácil como parece. Para empezar no es aconsejable lanzar a una trucha que nos viene de frente, lo más seguro es que se espante. Hay que esperar a que esté dándonos la espalda para lanzar. Esto implica que los intentos de ponerle el tricóptero delante son solo uno o dos. Después la trucha, que sigue su camino, estará lejos de nuestro alcance. Aquí se rompe uno de tantos mitos que se asocia a la pesca de lago, se la considera una pesca muy pasiva. Nada más lejos de la realidad. En un río, si localizamos a una trucha que se está cebando, tenemos todo el tiempo que queramos para colocarnos, cambiar de mosca o de bajo de línea, hacer los falsos lances que queramos (normalmente demasiados) y luego lanzar. Si la trucha no toma la mosca, la podemos cambiar y volver a intentarlo las veces que queramos hasta que la trucha se aburra, nos aburramos nosotros o lo hagamos tan mal que se espante. En el lago todo sucede más deprisa, a pesar de que las truchas navegan con parsimonia, solo tenemos un par de intentos y con un par de falsos lances para sacar esos quince o veinte metros que necesitamos. Si no la colocamos bien, en el sitio y rápido, no tenemos ninguna opción de engañar a esa trucha.

Un punto importante es tener en cuenta a la profundidad que navega la trucha. Cuanto más profunda, da la sensación que se encuentran más confiadas, pero nos ve mejor. Su “ventana de visión” es mucho más amplia. Ojo con moverse delante de una trucha que viene profunda. Por contra cuando van justo por debajo de la superficie, no nos pueden ver tan bien, pero da la impresión de que no se sienten protegidas por la columna de agua, de que están más asustadizas y cualquier cosa las hace descender varios metros. Una vez que hacen esa maniobra, ya es mucho más difícil hacerlas picar. Hay que esperar a que se tranquilice, quizás en la siguiente vez que pase.

Una de las cosas más espectaculares de la pesca a seca a pez visto, en estas aguas tan transparentes, es ver como ascienden desde muchos metros de profundidad. Muchas veces es una ascensión muy rápida y prácticamente perpendicular. Si no hay rechace en el último momento, la tomada es franca, sin miramientos. No hace falta que nos precipitemos en clavar.

Si la pesca a pez visto a seca, le añadimos la variante de que hay algo de aire, de tal forma que aún se puedan localizar las truchas, posiblemente veremos, que las rutas de paso se orientan. El viento, si es constante y dura el tiempo suficiente, provoca unas corrientes de agua prácticamente imperceptibles para nosotros, pero que hace que las truchas hagan un determinado recorrido. Es importante que tomemos nota de como tiene tendencia a entrar el aire en el lago y las rutas preferidas de las truchas. En futuras excursiones nos puede venir bien esta información. En estas condiciones, podemos añadir a la pesca anterior la posibilidad de poner la mosca en un determinado lugar a la espera de que pase una trucha. Normalmente estos puntos suelen ser salientes de la orilla, rocas sumergidas grandes o zonas de cambios bruscos de profundidad del fondo, en los cuales ya hemos visto pasar repetidamente a las truchas. Como siempre, la observación es nuestro mejor aliado.

Si el viento es más insistente y se forman olas, la pesca a pez visto se complica. Los peces suelen navegar a más profundidad y esta pesca deja de ser la más efectiva. En cualquier caso, si se sigue con la mosca seca, se requiere una mosca que flote bien y con buena visibilidad, ya que con el oleaje, la perderemos frecuentemente de vista.

De todas formas, haga viento o no, siempre es recomendable moverse por la orilla. Las truchas, aunque parezca que se recorren todo el lago, no se mueven de una determinada zona. Si no se conoce bien el lago, es mejor ir dando vueltas por el mismo y ver la densidad de peces en los diferentes puntos, en las distintas situaciones que tiene un mismo día.

“Alegro religioso”

Otra posibilidad para pescar a pez visto, es pescan con ninfa. Esta técnica es muy bonita, tanto o más que a seca. No solo se necesita dominar el lanzado, sino que se tiene que dominar el sentido del agua, para saber (o suponer) donde se encuentra la ninfa. Pocas veces podremos mantener el contacto visual con nuestra ninfa, tendremos que imaginar su posición. Se ha de conocer bien el comportamiento de nuestra imitación, como se hunde de rápido dependiendo del hilo y la longitud que tengamos de bajo de línea. Tenemos que suponer donde está exactamente la ninfa tras una corrección de su posición y además tenemos que saber interpretar los movimientos de la trucha. Debemos de saber cuando tenemos que clavar. Aquí clavar en el momento oportuno si que es muy importante. Algunas veces está clarísimo cuando ha picado a nuestra mosca, pero en otras no parece que ha habido movimiento alguno por parte de la trucha. La pesca con ninfa, necesita de ese sentido de interpretación de los movimientos de la trucha. Esta pesca exige buena vista y una concentración absoluta, por cierto muy fácil de conseguir en este contexto. El tiempo se nos pasa volando, se nos escapa rápidamente de las manos. ¿Quién dice que la pesca de lago es aburrida?.

“Alegro con brío”

Cuando el viento empieza a ser suficientemente fuerte que no nos deja ver los peces, las técnicas anteriores ya no nos son tan útiles. La primera opción es pescar al agua, siempre a las zonas que sabemos más querenciosas, con un tánden de moscas.

Dentro de esta opción, hay varias posibilidades atendiendo a los distintos equipos de pesca que tengamos. Si tenemos línea flotante, podemos poner tres ninfas, tres ahogadas o combinaciones de ambas. Se suelen colocar de forma que la más pesada esté en la punta para que el aparejo mantenga una tensión más uniforme y se detecten mejor las picadas. No siempre ha de ser necesariamente así y quizás nos interese que la primera ninfa sea muy pesada y sea la que arrastre a las demás a posiciones más profundas. Es una cuestión de gustos o de estrategia personal. Esta es una técnica muy productiva y muy usada por los británicos para la pesca en lago (es el estilo Loch) y por contra muy poco usada para pescar a mosca en España. Los que si sospechan sus virtudes son los pescadores de buldó, que saben bien que cuando se riza la superficie del lago, sus capturas aumentan.

La recuperación de las moscas suele realizarse de manera lenta y las picadas se perciben de varias maneras. Unas veces por el movimiento del hilo o la línea. Otras notaremos un tirón más o menos perceptible en los dedos que sujetan la línea. En otras muchas ocasiones no notaremos nada, no nos enteraremos siguiera de que ha habido una trucha interesada en nuestras moscas. Si no tenemos fe en nuestra destreza a la hora de detectar las picadas, se puede sustituir la primera imitación por una mosca seca que flote bien y tenga buena visibilidad. Algunas veces esta mosca es la que nos dará la captura. Los indicadores de picada pueden ser útiles, aunque personalmente no me gustan.

Otra opción que tenemos, es pescar a más profundidad. Aquí se necesitan líneas específicas para estos menesteres. Elegiremos el tipo de hundimiento de la línea que creamos necesaria para pescar cómodamente a la profundidad deseada.

Este tipo de pesca personalmente no me gusta mucho. Es una pesca muy mecánica y metódica. Se trata de ir haciendo rastreos a diferentes profundidades en diferentes zonas. Normalmente al mismo tiempo que esperamos a que la línea se hunda, vamos contando mentalmente. Cuando llegamos al número elegido, que se corresponderá con una profundidad diferente según el grado de hundimiento de la línea, empezamos a trabajar el aparejo. El número del conteo, se va aumentado progresivamente en los siguientes lances hasta que se detectan picadas o hasta que se toca fondo. Si se detecta una zona donde hay alguna picada, se debe insistir en esa profundidad y en las inmediatas superiores e inferiores.

En este tipo de pesca, el elegir el tipo de línea más adecuado, facilita mucho las cosas. Pero por otra parte, si queremos cubrir todas las posibilidades tendríamos que llevar mucho más material encima. Quizás es preferible llevar solo un par de tipos de líneas y compensar las carencias con un poco de maña y sentido común. En cualquier caso, cada pescador hará lo que crea más conveniente.

“Vivace”

La pesca con estrimers merece ser tratada aparte. Personalmente creo que la pesca con estrimer es la reina de las pescas en aguas lentas. Es posiblemente la que mejores piezas nos dará. Sin embargo, en estos lagos no suelen dar unos resultados espectaculares. Como ya se ha dicho anteriormente, la medida de los peces suele ser pequeña y en pocas ocasiones tenemos a nuestro favor la baza de provocar el instinto de territorialidad de la trucha.

Cuando se pesca con estrimer en estas aguas, es normal ver que los peces siguen el engaño pero no lo acaban de atacar. Estrimers que se tienen muy probados y que dan magníficos resultados en otro tipo de lagos, aquí frecuentemente solo despiertan curiosidad.

Lo mejor en estos casos es reducir todo lo posible el tamaño del estrimer, para que se decidan a atacarlo. Si se cree que con uno más pequeño ya no lo ven tan fácilmente se puede colocar un tánden de ellos, colocando uno grande y uno pequeño.

Dependiendo del tipo de señuelo, si reducimos mucho el tamaño del estrimer, llega un momento que no sabemos si pescamos con un estrimer pequeño o con una ninfa grande. En cualquier caso este tipo señuelos suelen dar mejor resultado si se manejan relativamente rápido.

“Minueto”

En la mayoría de casos los salmónidos que habitan estas aguas, han sido llevados por la mano del hombre. Pocas veces hay accesos posibles para las poblaciones de peces de más abajo. La fiebre repobladora tuvo sus años más activos en la primera mitad del siglo XX, coincidiendo con la mayoría de las obras hidroeléctricas que acribillan los Pirineos.

Muchas veces no se sabe con que tipo de trucha se ha repoblado y la variedad de truchas con libreas diferentes que nos podemos encontrar en estos lagos es sorprendente. Lo que si se suele dar, es que hay algún tipo de librea que predomina en el lago o en la zona.

Pero si hay alguna librea que nos asombra de verdad, es la de los salvelinos.

Estos salmónidos no son muy frecuentes, hay pocos lagos que los contengan. A pesar de que su tamaño medio es aún más pequeño que la de las truchas, tienen un atractivo innegable para los pescadores. A pesar de ser una especie exótica en nuestro país, nunca he oído una voz que propusiera eliminarlos de los lagos que habita. Por el contrario, muchos son los pescadores que aumentan la excursión de pesca en un par de horas más, por el solo hecho de tener opciones de pescar algún ejemplar de esta especie. Como se suele decir ahora, gozan de discriminación positiva.

Aunque es de tendencias más gregarias y agresivas que la trucha común, la técnica de pesca, no difiere de la que podamos utilizar para pescar truchas.

Las fotos de salvelinos, son siempre un buen recuerdo.

“Final presto”

El día se acaba y llega el momento del descenso. Mejor no apurar las horas de luz. Es preferible no tener prisas de forma que se pueda disfrutar del paisaje.

Con el fondo del valle de cara, mientras descendemos, se nos pasan multitud de cosas por la cabeza; el intenso color azul turquesa que se nos ha quedado fijado en la retina, las incidencias de la ascensión, la trucha que nos rechazó la ninfa varias veces, la imagen de ese arbusto que se acurruca en el hueco de una roca, a la cual se aferra con todas sus fuerzas, la trucha que espantamos mientras estaba comiendo a dos palmos de la orilla, la imagen de la montaña reflejada en la superficie del lago, la pared de montaña inaccesible que entraba directamente en el agua y que seguro refugiaba las truchas más grandes, los chillidos de las marmotas, el perfil del valle desde allá arriba, la imagen de los innumerables torrentes que van uniéndose al cauce principal, la visión de nuestra mosca meciéndose con el movimiento del agua……. Hay un momento en el que los pensamientos van hacia adelante y hacia atrás y todo se une. Es un sentimiento embriagador.

Hay que empezar a hacer planes para volver.

“Adagio”

Posiblemente la mayoría de la gente piense que estos espejos de agua, por estar tan alejados, están a salvo de los problemas. No es cierto. Su ubicación atrae a varios tipos de agresiones. Las más importantes son las producidas por las empresas hidroeléctricas. Esa masa de agua, a esa altitud, supone en términos de energía un atractivo enorme para las empresas eléctricas. Solo hace falta una pequeña presa para recrecer el nivel y un túnel de descarga hasta alguna minicentral. Esto significa un trajín de agua que hace aumentar y disminuir el nivel con el consiguiente empobrecimiento del lago.

Otros agresores, cada vez más frecuentes, son las estaciones de esquí. Las pistas están altas y se necesita agua abundante para los cañones de nieve artificial y las infraestructuras de hoteles, apartamentos y demás servicios. Si nadie lo impide, lo más cómodo y seguro es represar cualquier pequeño lago de los muchos que hay en las cumbres.

Para el final he dejado a los pescadores, agresores sin lugar a dudas. Por un lado, por abusar de un recurso escaso y de lenta recuperación. Y por otro, por fomentar repoblaciones indiscriminadas en estos lugares. Puedo llegar a comprender que un lago de alta montaña, que tenga una buena pista para acceder con coche, se convierta en una especie de intensivo, pero en lagos que no tienen esta posibilidad creo que no es correcto. Llegados a este punto, uno no puede resistirse a dar Andorra como referencia de mala gestión. Andorra tiene unas posibilidades magníficas para la pesca de lago. Andorra cuenta con más de sesenta lagos de los cuales solo uno, Engolasters, está por debajo de los dos mil metros. Engolasters está a algo más de mil seiscientos metros, también está represado para aprovechamiento hidroeléctrico y funciona como un coto intensivo. Se sueltan periódicamente truchas de medida para ser pescadas. Tiene un acceso cómodo y está dotado de bancos, mesas y barbacoas para pasar un día en familia. Puedo entenderlo. Lo que ya no puedo entender es que se repueble con truchas de medida lagos que requieren una buena caminata para llegar. Cuando después de una dura ascensión la primera trucha que se saca no tiene aletas y tiene úlceras en la piel, a uno le hierve la sangre. A pesar de tener noticias de que se suelen hacer repoblaciones con helicóptero, uno se siente defraudado y engañado. La magia de la pesca desaparece. Es como si en medio de la actuación de una orquesta, hay un elemento fuera de lugar y de repente el concierto se interrumpe. La música no suena. El silencio es una interrogación. ¿Qué estoy haciendo aquí?

Sin lugar a dudas, si hablamos de pesca, cantidad no equivale a calidad. En estos lugares es donde se hace más patente. Afortunadamente en el estado español no se dispone de helicópteros para hacer repoblaciones y por lo tanto las repoblaciones (pocas dirán algunos) solo se hacen con alevines que se llevan en garrafas con oxigenadores y que se adaptan a una mochila. Aunque en teoría este tipo de repoblaciones es un mal menor, siempre existe la posibilidad de que estas nuevas repoblaciones lleven alguna enfermedad que acabe con toda la población del lago y la de los inmediatos inferiores si los hubiera.

Soy de la opinión que si ya hay una población de truchas adaptadas, es mucho mejor protegerla mediante limitaciones de capturas, que a través de repoblaciones sucesivas.

En fin, disfrutemos de nuestros hermosos lagos pirenaicos, de sus montañas y de sus preciosas truchas.

Suerte.

Tupamaro

Escrito por Admin

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