La inclinación de la tierra, su baile rotatorio por el cielo, el azar de habitar un planeta con agua, el magma, las placas tectónicas y el tiempo empujando hacia arriba estas montañas e inventando sus ríos, el despertar de los árboles y de los insectos, el color intenso volviendo al horizonte y tu ahí, metido en el agua, rozando con dos ninfas el fondo que no ves, saltando por las piedras pulidas por los siglos, deslumbrado un año más por la generosidad apabullante de la primavera.

Recuerdas aquellas ideas de G. Bataille, todos los sistemas vivos reciben la energía del sol, también la energía que nosotros tomamos a través de los alimentos o la que sacamos de las entrañas de la tierra para arrancar nuestros motores. Todos los seres vivos aprovechan esa energía para funcionar y crecer, para alimentarse y ser más. Pero el sol “da” sin recibir beneficio alguno, da sin esperar “recibir”. Su generosidad cósmica es convertida en usura por los humanos y es atesorada, vendida, desperdiciada, transformada en objetos que servirán para que se produzca escasez, enriquecimiento, desigualdad y basura.

La primavera te muestra todo esto. El murmullo de los insectos, el celo de los pájaros, el tornasol de la librea de las truchas que tocas, las hojas tiernas de billones de billones de plantas alzando al sol sus hojas a tu alrededor. Tú y Víctor seguís con las ninfas, Ernesto insiste en posar una y otra vez una mosca seca sobre el agua, Gui hace girar una cucharilla en los pozos oscuros de la zona más baja. El día va pasando y si os fijaseis bien, si no estuvierais concentrados en hacer equilibrios por la orilla intentando engañar a las truchas con vuestros distintos señuelos podríais ver todo eso, cómo la generosidad del sol mueve el mundo, cómo la vida salvaje pequeña, diminuta o gigante disfruta de la luz y el calor, porqué no hay nada que no venga de esta estrella.

O tal vez sí os dais cuenta, algo por dentro se os mueve, una euforia secreta, un optimismo instintivo, una alegría animal, una forma de felicidad inexplicable que nace de estar allí, sumergidos en esta suave intemperie, envueltos por la vida más pura, lejos de cualquier duda o dolor como humanos conscientes. Bataille tenía razón. A los biólogos y geólogos les cuesta explicar tanta y tan inmensa maravilla. Millones de personas viven ajenas a este asombro, tal vez aprovechen el “óptimo climático” para atiborrar con su presencia las playas y los senderos, pero no se dan cuenta del enorme tesoro que es este planeta separado del sol por ciento cuarenta y nueve millones seiscientos mil kilómetros, y que tengamos atmósfera y agua limpia, y que apareciera la vida por azar y que estemos aquí, nosotros los humanos, quién sabe por cuanto tiempo.

Seguimos pescando río arriba. Nos comemos el bocadillo sobre una piedra grande en la entresombra de un árbol aún con las hojas pequeñas, comentamos las truchas tocadas, los señuelos de éxito, la belleza evidente del sitio, deslumbrados un año más, otra vez, por este comienzo de abril, derrochando el tiempo, eufóricos como todo lo que ahora nos envuelve, también vivos.

Del Blog Mi Hijo el Pescador
Texto: Ramón J. Soria Breña. -mihijopescador-

Escrito por mihijopescador

    1 comentario

  1. pesost 12/12/2016 at 23:33

    Hola
    Alguien puede decirme donde esta el foro?
    No lo encuentro
    Gracias

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