Editorial de Conmosca

cangaspuenteSe van sucediendo las noticias y no hay semana en la que uno no termine por echarse las manos a la cabeza ante la ineficacia absoluta, por inacción, de la administración competente y las disparatadas ambiciones de ciertos colectivos que son absolutamente incapaces, no ya de asumir la actual situación de los ríos asturianos, sino de comprender mínimamente el estado real en el que se encuentran, los motivos por los que se ha llegado a dicha situación o las actuaciones que se podrían llevar a cabo para empezar a buscar soluciones.

A estas alturas está ya meridianamente claro que en Asturias, en general, la concienciación no ha funcionado. Nos encontramos con que, básicamente, los que siguen empeñados en regular la pesca a través de normativas arcaicas, retrógradas e inútiles son mucho más numerosos, ruidosos y molestos para la administración que aquellos que son conscientes de que la gestión de la pesca en Asturias necesita un cambio de rumbo radical, y dicho cambio de rumbo no pasa, desde luego, por la difusión de la pesca tradicional, entendida esta como una mera actividad consistente en llevar pescado a casa, ni por la comercialización de los salmónidos ni por las repoblaciones masivas.

Y allí donde la responsabilidad y la concienciación fracasan y el ideario general de un colectivo es incapaz de mostrarse permeable a un cierto cambio de ideas que, sin ser ya nuevas, sí podrían considerarse más acordes al tiempo presente, la única solución que nos queda pasa indefectiblemente por la restricción, la vigilancia y la sanción.

Cuando nos encontramos ante un determinado colectivo, aficionado a alguna actividad que se desarrolla dentro del ámbito natural, con lo que ello implica de respeto al medio -tratando siempre de dejarlo en las mismas condiciones en las que nos lo encontramos- y dicho colectivo no es capaz por sí mismo de poner todo el empeño preciso para instar a las respectivas administraciones a que mantengan ese entorno en las mejores condiciones posibles, ha de ser la propia administración sin necesidad de consulta, recomendación o petición alguna la que instaure los límites necesarios para que la práctica de dicha actividad, la pesca extractiva en este caso, deje de una vez por todas de ser una amenaza para el mantenimiento de un recurso y de unas determinadas especies que no son ni mucho menos propiedad de los pescadores, sino que son un patrimonio que pertenece a todos y cada uno de los ciudadanos de este país.

Y lo bueno en este caso, que es lo malo al mismo tiempo, es que ese “colectivo” que cada año pugna duramente para que, como mínimo, todo siga igual, tiene nombres, apellidos, representantes y sedes. La administración asturiana debería plantearse seriamente por qué hay un grupo de privilegiados que amparados en la figura de “sociedad colaboradora” gozan de privilegios tales como descuentos para la obtención de permisos en los cotos de pesca o la realización de unas repoblaciones que están resultando absolutamente ineficaces.

Porque además, el primer paso, sería muy sencillo de dar. Basta con echar una leve mirada hacia el sur y tomar ejemplo de cómo han regulado la pesca durante los últimos años los hermanos cismontanos, como ello está repercutiendo en sus ríos y como poco a poco un incipiente turismo de pesca va regresando a León en busca de sus truchas. Y una vez dado ese paso y hayamos echado a andar, vayamos a por los siguientes, que han de ser muchos, firmes y seguros.

Escrito por Admin

    1 comentario

  1. farioreo 18/09/2016 at 22:13

    Pues….si!recuerda el dicho:No hay mas sordo que el que no quiere oir y tendrás la respuesta a todo relacionado con la pesca en Asturias,cantabria y galicia.

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