Los procesos biológicos cíclicos y regulares que sufren los seres vivos, el paso de una fase a otra de sus vidas, están marcados por las condiciones ambientales a las que se ven sometidos, y entre ellas por los fenómenos climáticos.

El estudio de cómo se adaptan los seres vivos a los procesos climáticos y estacionales se llama fenología, palabra que deriva del griego phaino que significa manifestar, y -logía (“estudio”, “ciencia”).

Pescar bajo una fuerte nevada no parece algo muy aconsejable, pero lo cierto es que las truchas no dejan de comer cuando los copos caen en abundancia sobre el agua.

La fenología está a caballo entre la meteorología, la biología y la ecología, y básicamente consiste en recoger datos sobre las manifestaciones biológicas cíclicas y sobre las circunstancias climáticas y estacionales coetáneas, intentado relacionarlos y extraer conclusiones científicamente válidas.

Antes de seguir, aclararé un par de conceptos que todos tenemos más o menos claros: el tiempo es la suma total de las condiciones atmosféricas en un lugar determinado y por un período corto, y el clima es el conjunto de condiciones atmosféricas que caracterizan una región determinada durante largos periodos (mientras que el tiempo a menudo cambia de un día para otro el clima cambia muy lentamente, pueden ser precisos miles de años para que un cambio climático se complete).

También nos conviene recordar a la hora de observar el clima cuáles son los factores que lo conforman. Los elementos climáticos son fenómenos meteorológicos dependientes entre sí: la temperatura, el viento, la presión atmosférica y la humedad.

A nosotros, como pescadores, nos interesa saber cómo los procesos climáticos controlan el ritmo de los procesos biológicos de los peces (lo que entra plenamente dentro del campo de estudio de la fenología); pero también, en un plazo más corto, cómo los cambios de tiempo afectan a las especies que son el centro de nuestra afición. Desgraciadamente de esto último es mucho más difícil sacar conclusiones válidas, pues lógicamente la influencia que un cambio de tiempo -que es cosa breve, pasajera, y que no sigue ciclos regulares- tiene en los seres vivos no es tan perceptible como la estrecha relación que a lo largo de milenios se ha ido conformando entre las especies y los cambios ambientales cíclicos y regulares que tienen su origen en los ciclos climáticos.

En cualquier caso, cabe destacar que las observaciones deben ser sistemáticas para poder obtener alguna conclusión, y que estas observaciones en la mayoría de las ocasiones tendrán un marcado carácter local, aunque pueden ponernos en antecedentes de lo que puede suceder en otras zonas aledañas. Atender a los procesos biológicos y saber leer las señales que marcan sus inicios nos proporcionará muy buenas pistas para determinar la mejor temporada para pescar cada especie.

Pero, como ya he comentado, no solo los fenómenos climáticos, como el paso de la primavera al verano o del verano al otoño (con los cambios de temperatura y horas de luz que ello acarrea), influyen en el desarrollo de estos procesos. El tiempo atmosférico también afecta de manera considerable a la actuación de los animales que son objeto de la práctica de la pesca.

Meteoros como los rayos y los esféricos producidos en una tormenta, que ionizan y hacen variar bruscamente el grado de conductividad eléctrica del aire, afectan a las funciones que mantienen el equilibrio corporal de los seres vivos. Lo mismo puede decirse de las fluctuaciones turbulentas de presión atmosférica, que se producen por muy variadas causas (la cercanía de un sistema frontal entre ellas), y que ocasionan ondas en el rango infrasónico, de muy alta intensidad y con una frecuencia de entre 0,001 y 1 hertzio.

Una de las actividades biológicas que más influyen en la vida de los peces, es sin duda, el periodo de freza. Algunos peces, como la trucha (Salmo trutta), aprovechan la época más fría del año para reproducirse. En el desarrollo de sus huevos es un factor determinante la temperatura de las aguas donde estén depositados, y la cantidad de lluvia puede ser uno de los factores que marque la cantidad de alevines que saldrán adelante. Los barbos (género Barbus) y las bogas (género Chondrostoma) comienzan su periodo de freza a mediados de la primavera en las zonas más meridionales, prolongándose ésta hasta bien entrado el verano en zonas más frías. Su actividad está relacionada con la temperatura, por lo que será buena señal saber como andan las cosas en latitudes más cálidas para ir preparando nuestros aparejos.

A ningún pescador de mosca se le escapa que la mejor temporada para practicar esta modalidad son los meses en los que los insectos se muestran más activos. El momento en que se producen mayor número de eclosiones está marcado por las circunstancias climáticas particulares de cada zona y, aunque tenemos noción de cuando son las mejores fechas en el calendario, ya que suelen acontecer aproximadamente durante la misma época del año, es fácil asociarlas con otros acontecimientos biológicos más cercanos a nosotros que nos den un indicio más exacto de cuando se van a producir. Un ejemplo: las emergencias de “olivas” de principios de temporada coinciden con las inicios de la floración de los asfódelos, y se producen sobre todo en las horas centrales de los días borrascosos.

La influencia de los campos electromagnéticos sobre el ser humano es actualmente objeto de polémica. El cómo una tormenta puede influir sobre la actividad de los peces es aún algo que estamos lejos de saber.

En el mar, las costeras de los peces que habitan en la plataforma continental están marcadas, entre otras cosas, por la temperatura del agua. Estos movimientos acercan a ciertas especies, como el boquerón (Engraulis encrasicolus) y la sardina (Sardina pilchardus), a las aguas someras de costa en periodos cálidos, y los alejan a aguas más profundas cuando la temperatura baja. De este modo tienen lugar sus respectivas temporadas de pesca, y a la de los peces que de ellas se alimentan, a lo largo del año. Circunstancias estas que a pocos patrones de embarcación de pesca pasan desapercibidas. También las migraciones reproductoras y tróficas de algunos peces, como el atún (Thunnus thynnus) y el bonito (Sarda sarda), son producidas por los cambios climáticos que afectan a las masas de agua y a sus fuentes de alimentación, y por lo tanto a su ciclo biológico y a su desarrollo.

A menor escala, y por motivos similares, desplazamientos de peces también se producen en las grandes masas de agua continentales, saber detectarlos es asegurarnos un buen día de pesca.

Aprender a leer en el reloj de la naturaleza nos hará establecer una relación más directa con ella, entenderemos mejor sus procesos y sabremos cuando será el mejor momento para obtener sus frutos haciendo el menor daño posible, que tal y como están las cosas es el mejor modo de actuar si queremos que la pesca tenga futuro.

Ernesto Cardoso. -Ernesto-
Publicado en Conmosca el 14 de julio de 2005

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