portada LA COSTA A MOSCANuevo libro de Luis Guerrero publicado por la Editorial Sekotia dedicado a la pesca con mosca en la costa. El mensaje que ofrece este libro bien puede valer a aquel que ya posee una mínima experiencia en el agua dulce y se quiere iniciar en la pesca en el mar o bien para aquel acostumbrado a la pesca con mosca en la costa y desea conocer diferentes escenarios y además aplicar nuevas tácticas con nuevas especies. Además de las ya conocidas, el lector encontrará algunas técnicas novedosas desarrolladas por el autor que sin duda pueden marcar un antes y un después en la forma de proceder del más experimentado de los pescadores.

El libro se encuentra en distribución en toda España, en tiendas de pesca especializadas o en las librerías habituales. También puede encontrarse en la red y en muchos sitios web que lo tienen disponible.

Publicamos en Conmosca uno de los capítulos del libro gracias a la gentileza de Editorial Sekotia.

La lubina

El binomio lubina-estuario es una combinación perfecta e inseparable a la que hay que añadir un tercer factor que casa a la perfección, la pesca con mosca.

Pescar con mosca en agua salada es realmente sacrificado. Las condiciones del mar suelen ser normalmente desfavorables para la pesca con mosca tal como la concebimos en agua dulce: Un entorno inabarcable, oleaje, viento, etc. Pues bien, los estuarios, desde el punto de vista de un pescador a mosca, son lugares bastante más amables para poder hacer volar nuestros montajes y es la lubina el paradigma de pez ideal en estas aguas. Se acerca lo suficiente a las orillas como para quedar a tiro del lance de una caña de mosca. Además es voraz, con lo que su picada es, en muchos casos, espectacular.

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Su inteligencia la lleva a adoptar estrategias muy sofisticadas para conseguir alimento, lo que quiere decir que conocer las costumbres de este pez en estos escenarios pasa por ser vital.

Mientras los de pequeño tamaño pueden deambular por cualquier zona en busca de alimento, los ejemplares adultos se mostrarán mucho más esquivos y selectivos a la hora de elegir sus cazaderos y los momentos para ejecutar sus ataques. Podemos deducir de todo esto que si pescamos sin un objetivo definido, seguramente optaremos solo por la captura de los pequeños robalos, que pueden aparecer en casi cualquier parte. En estos casos, la captura de ejemplares de mayor porte será fruto de la casualidad, o lo que es lo mismo, extremadamente improbables.

Si en la pesca de depredadores de agua dulce el equipo debe ser equilibrado y discreto, en la pesca de la lubina debe serlo mucho más. La desconfianza innata de este pez nos obliga a hacer de nuestras líneas y bajos lo más invisibles posible, al igual que con los bruscos movimientos de brazos y caña que ejercemos para posar las moscas en sus inmediaciones. A pesar de todo no quiero desanimar a nadie, ni mucho menos, a intentar capturar al rey de los estuarios con un equipo de mosca. No sólo es posible, sino que es muy recomendable y apasionante.

Claves para la captura de lubinas en estuarios

Como ya hemos visto, las mareas son el principal factor condicionante dentro de los sistemas estuáricos, alterando drásticamente su fisionomía y marcando un ritmo vital periódico. Las grandes lubinas, conocedoras de esta situación, esperarán en las zonas aledañas al estuario a que la marea comience a subir para adentrarse y alimentarse. Siente preferencias por entrar al estuario por los cauces principales, para luego buscar las zonas de caza. Debemos saber que en la mayoría de los casos estos peces van a tiro hecho hacia sus cazaderos, desviándose en pocas ocasiones hacia lugares poco productivos.

Puede darse el caso en que nos topemos con algún gran ejemplar que pasa justo por delante de nuestra posición, algo que sucede con cierta frecuencia, y al presentarle la mosca no muestre ningún interés. Además de ser de ideas fijas y buscar algo muy concreto, si tenemos la suerte de ver una gran lubina podemos estar seguros de que ella ya nos habrá visto a nosotros, con lo que conseguir la picada será prácticamente imposible, a no ser que nos hayamos esforzado por pasar desapercibidos. Analizar la orografía con la bajamar es una de las principales claves para poder anticipar los movimientos de estos peces. Como cauces de ríos y arroyos, el lecho de los estuarios y rías se erosiona en determinados lugares, creando meandros, recodos, estrechamientos y escalones (ver fotografía página 89). Debemos localizar estas estructuras que con la subida de la marea servirán de escondite para estos depredadores. Luego, con el flujo y llenado de la ría, debemos recordar el lugar aproximado, tarea nada fácil en muchos casos pues la fisionomía estuárica cambiará radicalmente en cuestión de minutos.

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Puede que con en el repunte de la pleamar todo ese entresijo de laberintos de agua se haya convertido en una gran laguna en la que hemos perdido toda referencia, así que agudizaremos el ingenio para conseguir localizar estos puntos calientes.

Para la pesca de la lubina existen unas circunstancias ideales que se darán al coincidir la disminución de la luz del día con la pleamar o con el reflujo de la bajamar. Dicho de otra manera; amaneceres y atardeceres que coincidan con estos momentos de las mareas. A pesar de esta afirmación, decir que sólo podremos capturar lubinas cuando hay poca luz no es del todo exacto. La luz ayuda a este pez a pasar desapercibido pero también a sus presas. Esto será aprovechado por el pescador, para así también desaparecer del campo de visión de los peces. Con la cola de rata y el bajo de línea pasa exactamente lo mismo; serán más efectivos cuando pesquemos con menos luz, como es lógico.

La pesca durante los repuntes de las mareas será mucho más sencilla, no sólo por la quietud de las aguas, sino por la facilidad con la podremos localizar los peces. De lo contrario, las fuertes corrientes que se producen durante el llenado y el vaciado, hacen que para pescar en los estuarios debamos dominar con soltura las recogidas de línea con fuertes derivas, anticipando el recorrido parabólico de la mosca para conseguir guiarla hasta el punto deseado. Combinar deriva y hundimiento en la mosca es un ejercicio que requiere cierta práctica, resultando una acción realmente incómoda y complicada para el neófito. El contrapunto supone la opción de capturar buenos ejemplares, que aprovechan estas corrientes para hacer desplazamientos rápidos en busca de alimento.

Por regla general, el objetivo de nuestros lances serán aquellos obstáculos que hayan quedado ocultos con la pleamar o a aquellas estructuras que sean visibles. Pasaremos nuestro señuelo cercano a las zonas de rebufo, en las que la corriente dará una tregua a los peces y además servirán de escondite y cazadero.

La forma de presentar nuestra mosca ante la lubina condicionará la posible picada. Como con la mayoría de los peces, en la pesca del robalo debemos controlar, y de qué manera, la recogida de nuestro señuelo. Con los ejemplares de pequeño tamaño no es importante si la velocidad de recogida es mayor o menor, como tampoco lo es la profundidad de presentación, sobre todo porque las lubinas de pequeño tamaño son muy valientes y atrevidas. No tendrán demasiados problemas en subir a la superficie o acelerar decididamente para llevarse a la boca aquello que parezca alimento fácil. De todo esto deducimos que los neófitos tendrán grandes opciones de capturar pequeños y medianos ejemplares de robalo en los estuarios. Si lo que buscamos son las grandes lubinas ya debemos plantearnos algunas técnicas que van a decantar la balanza a favor nuestro frente a los peces más astutos, los ejemplares adultos y de mayor peso. Llegados a este punto dividiremos la pesca de las grandes lubinas en dos variantes, cada una de las cuales está destinada a peces con actitudes bien diferentes: La pesca en superficie y la pesca a medias aguas.

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