CIMG2401Estoy en la zona de confort. Aún no he salido de mi hibernación mosquera pero he terminado mi modalidad favorita de caza; que, por cierto, concluyó en enero con una buena comida a base de esos pájaros -tan elogiados por BrillatSavarín- a los que me dedico durante los meses fríos. Fríos por decir algo, de hecho no ha sido una buena temporada cinegética porque los preciados volátiles bajan a España cuando arrecia por Escandinavia y la Bielorrusia; si tal cosa no sucede, como este año, sus primitivos cerebritos los aconsejan quedarse donde están, igual que haría un ciudadano danés si en verano tuviera 35 grados soleados en sus costas. Los movimientos migratorios son fascinantes y además son un misterio que los ornitólogos no han resuelto ni resolverán nunca. Un pajarillo inexpresivo en un árbol del parque de repente echa a volar y, en vez de cambiarse de árbol, se introduce en una aerovía cuaternaria que le lleva a seis mil kilómetros de donde estaba; no se lo piensa, hay que irse y punto. Por lo visto algunos, como los vencejos, duermen mientras vuelan en las noches frías y brillantes con la plácida calma de un 747 cruzando el Atlántico. Pretendemos comunicarnos con seres extraterrestres de incierta existencia y nos extinguiremos sin haber aprendido a cambiar impresiones con ninguna de las miles de especies que nos rodean.

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Hablaba de mi zona-de-confort, por cuanto en este interregno no tengo que levantarme de madrugada, cargar el zurrón, el puesto y la escopeta, meterme dos chinchones en el bar de José y luego acuartelarme en la raña en un contexto de cero graditos; ni tengo que salir el viernes con mi bote de cocacola, mis frutos secos y el cargamento de pesca, rumbo a destinos tan inciertos como ciertos son los fines de semana que, de abril a octubre, dilapido entre vinos, colesterol y serenos incomprensibles. Si alguien piensa que ironizo, me da igual, pero yerra; a mí me gusta mucho, y de verdad, pegarme a la almohada los sábados por la mañana,montar tertulias con los amigos o la familia en la lumbre mientras preparo unas miguitas o una caldereta, ir al cine y luego a cenar algo tranquilamente, tumbarme en el sofá y tragarme varios capítulos de mi serie favorita, acercarme a Madrid a ver la última exposición y luego tomar una cosita en el último hallazgo del que nos hayan informado, terminar el domingo en rampa suave y levantarme el lunes descansado y sin asimetrías cubistas en la cara. No empiezo la temporada de truchas por una irresistible compulsión, por notar un pez al otro lado del hilo ni por el producto de reflexiones sesudas. Lo hago solo por la rutina, que es una poderosa maquinaria que vigila los itinerarios de tu conducta y va eliminando cualquier alteración que pueda arruinar la ruta trazada. Si dejara la pesca no lo sentiría por la pesca sino por el abandono de una senda abierta poco a poco a base de pisarla. La rutina me liberó de la desazón que hace años sentía ante un bolo a quinientos kilómetros de mi casa, y fue gracias a la terrible ausencia de espíritu crítico que reina en el interior de sus anestésicas galerías y cavernas. Si el día ha sido malo simplemente se sigue la rutinaria liturgia, recoges la caña, te cambias de ropa, colocas el maletero…son territorios donde te está permitido no pensar, ni siquiera está bien visto, y donde los demás, aun pudiendo merodear ocasionalmente, deben hacerlo sin meter ruido y sin turbar nuestro estado mental de piloto automático y velocidad crucero. Creo que era Marañón quien decía que había que educar a los niños en la rutina. Es verdad, deben experimentar y someterse a rutinas, pero no es bueno que les guste demasiado, sería una patología, igual que un adolescente. Con la treintena y la cuarentena la rutina suele ser una tentación que nos atrae y nos avergüenza y un postureo iniciático para, un poco más adelante, dominar la técnica y disfrutar plenamente de ella, contemplando un paisaje de veredas que son el trabajo de toda una vida.

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He completado el ritual de solicitar los permisos para 2016. En las pocas revistas especializadas que quedan, anuncian los mejores sitios leoneses para disfrutar de los exitosos sin muerte y animan a empezar la temporada con mosca seca, al fin y al cabo único sinónimo de pesca a mosca.

Es medianoche. Me asomo a la ventana de la cocina, que da al sur. Orión sigue allí, como cuando era pequeño, y Sírio compite con los luceros del invierno. He husmeado el aire y huele a almendros y cantueso. La noche nos devuelve a los orígenes, cuando las rutinas unían los lugares seguros. Repaso de memoria algunas salidas del año pasado. Culada salvaje en Felmín, buen sereno en el Condado, impresionante Ucero, ni tiempo tuve de pasarme por el Bartolo, Estayos, muy divertido, en fin, Esla, Órbigo, Tormes, Galicia, etcétera, todo bien. P8050081El viaje a Galicia es largo y tedioso en algunos tramos, y el Miño por Orense, para quien no lo conozca, es un territorio incierto. Estuvimos apaleando desde madrugada con poco éxito. Hacia las 11,00 h puse un tándem de Goddard y perdigón fornido para atacar unos caídos con agua movida. Pasó un rato y repentinamente una trucha considerable sale de entre las ocas y se traga el tricóptero, corre hacia el centro y se mete en la corriente; me voy rebajando más de 50 metros intentando superarla, se encierra en las hierbas y la veo retorcerse hasta que ella sola sale de nuevo. Tengo un 12, grave error como siempre, pero tras dos intentos logro llevarla a la sacadera. Mi colega, mientras tanto, ha detectado una subida del agua y, para cuando me fijo, gesticula a lo lejos indicaciones incomprensibles; él ya está cerca de la orilla y yo al otro lado del chorro. Aun así me entretengo en tirar una foto al pez, lo merece. Sigo rebajando en busca de aguas menos fuertes para vadear mientras voy mirando en las piedras el lenguaje del menisco, que describe la situación tal cual es, un desembalse importante. Inicio el vadeo caminando en diagonal pero el agua tira y si sigo la trayectoria termino en mitad del río, enderezo la diagonal y voy recortando pero aún no he llegado a la zona donde más aprieta, tengo al compañero a escasos cinco metros, se ha metido a esperarme desde su lado. El ruido se multiplica y el cauce sigue incrementando. Si rebajo más me tumba y la presión, aun estando parado, aumenta por segundos. El bastón vibra con oscilaciones violentas, estoy en medio de la corriente. Mi compañero se ha metido más, hasta donde le permite el Miño, y me ofrece alargar el bastón para engancharlo, imposible llegar pero, aun pudiendo, sé que en cuanto lo levante el agua me arrastra. Me quedo quieto varios segundos, sopeso volver sobre mis pasos pero si me giro me voy al agua. Distingo en el lecho una piedra amarillenta bastante más grande que las demás, a cincuenta centímetros de mi pie izquierdo, no lo pienso, avanzo y anclo la bota en la piedra que resiste bien, dejo que el pie se encaje y avanzo el bastón casi un metro, doy un impulso con el pie derecho e inmediatamente de nuevo con el izquierdo; he sobrepasado el tiro máximo, junto caña y bastón en la mano izquierda y estiro la derecha buscando mitad ayuda mitad saludo. Una comida en la primera pulpería, un par de vinos y unas risas; no me falló la piedra amarillenta, no hay nada que hablar. Un rato más tarde velocidad de crucero por la A-6, música en Radio80 y el bote de cocacola, mientras navego por las galerías y las cavernas de mis queridas rutinas.

 

Marco Payo Yubero. -Toledano-

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    6 comentarios

  1. farioreo 30/03/2016 at 00:00

    Bonito relato.esa foto me recuerda mi visita al Miño en Orense hace 12 años.Viendo la foto pensaba….parce que el agua ya empieza a subir! Pues que suerte tuviste amigo.eso si es que es un rio y la presa que suelta no ta dá mucho tiempo pues la tienes bien cerca.saludos.

  2. Toledano 30/03/2016 at 22:52

    Salvo que vaya con el amigo José Ramón ahí no me meto solo ni harto grifa. Pero bueno, me apetecía hablar de la rutina, en el mejor de los sentidos, por supuesto.

  3. farioreo 31/03/2016 at 16:35

    Pues habia pensado,no recuedo el por qué,que Jose ramon habia colgado la caña.Muchos viñeros a que atender? saludos.(si, el rio ahi con agua es impresionante!)

  4. Toledano 31/03/2016 at 22:56

    No, sigue en activo, aunque liado como siempre con sus viñedos. Hoy mismo he hablado con él.

  5. Larubia 01/04/2016 at 08:15

    Me ha gustado el relato Marco. Ese momento de subida del nivel de agua por desembalse y la angustia de no saber si tirar a izquierdas o derechas mientras el agua tira cada vez más lo he sufrido varias veces en el Narcea. El último fue en un sereno a los reos en el Coto de La Llonga, en la falda de la poceta, donde me pilló de orilla contraria y tuve que cruzar a saltos con el bastón… y un par. unos años después, otro desembalse y en el mismo sitio, se cobró la vida de un pescador.

  6. Toledano 02/04/2016 at 23:10

    El Narcea, menudo cabrón. El tema de los desembalses no está resuelto. Yo no lo he conocido pero dicen que en tiempos se avisaba con unas sirenas o algo así, no sé. Desde luego no debemos arriesgar pero hay que reconocer que cuando estamos en el río no siempre medimos bien. El año pasado en el Chorrón me lié con esas que siempre se ponen fuera de tiro, y hasta que no me llené de agua hasta las rodillas no dejé de hacer tontunas. En fin, hay cosas que no se sujetan a rutinas…

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