Son las 11 h. de la noche. Un tricóptero oscuro salta desesperadamente en el mantel blanco de la mesa. Es de la familia de los que salen a las 9 h. cerca de Aikén Leufú donde tenemos nuestra cabaña, a pie de río, a pie de mi querido Futaleufú (= Río Grande). Esta tarde, no quería ir a pescar porque las aguas de ese mar cristalino en este mes de enero 2016 suben y bajan de manera descontrolada según las necesidades en energía eléctrica de no sé qué capital argentina. Suben y bajan y las truchas están descolocadas. Parecen amodorrarse esperando mejor estabilidad. Casi seguro. No quería salir pero me pareció que la orilla de enfrente estaba en mejores condiciones para el sereno que la que tenía delante. No sé por qué, siempre me seduce más la orilla de enfrente. Lo mismo me pasa (o me pasaba) con las mujeres.

A.Leufú 1

No quería salir pero salí. El pescador es medio mujer en ese aspecto. No quiere ir a pescar pero finalmente va. Misterios / encantos de la vida. Después de cruzar el río “aparqué” el bote y empecé a vadear. No vi ninguna cebada. Decepcionado me senté en una orilla y primero experimenté un sentimiento de frustración. Me acordé de aquellos años cuando en el mismo lugar ni se me ocurría descansar porque los peces estaban casi todo el día en actividad y aún más a la noche. Me sentí frustrado primero pero luego me invadió una extraña sensación, la de abarcar y comprender bien por primera vez lo efímero de la vida. Soy (he sido) un pasajero de la vida que tiene la suerte de haber parado un poco más que otros, que muchos difuntos amigos míos que tuvieron un corto espacio de vida. Estos perfiles de cordillera que tengo enfrente son los mismos que observé por primera vez hace más de 30 años, y quedan una realidad. Estas aguas son las mismas pero son una ilusión. Las que pescaba hace 30 años se perdieron en el mar como se van a perder las de hoy. Aguas efímeras también a pesar de su ilusoria permanencia, la permanencia, ese error humano, esa trampa en que creemos los humanos pensando que mañana será siempre otro día, que la cosa es seria y tiene mucho porvenir, sin pensar que la última mañana es sólo una cuestión de tiempo y que está muy cerca aunque intentemos aplazarla o, lo que es peor, aunque intentemos olvidarla.

A.Leufú 3

A.Leufú 2

A.Leufú 4

Y esa conciencia de captar de forma imprevisible, en esta mansa corriente donde pesqué tantas veces, la esencia de la existencia me hizo ver la falta de actividad de las truchas, el bolo previsible, como algo más positivo que negativo, que esperar una cebada hipotética no cambiaría nada en el perfil de la cordillera o en el correr del agua hacia la mar, que me equivocaría mucho si tomara en serio mi afortunada pero efímera presencia bajo las centelleantes estrellas del cielo austral.
–gR–

Escrito por mosqueroandante

    1 comentario

  1. azorero 27/03/2016 at 19:04

    Excelente artículo, Guy. Enhorabuena.

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