Como aficionado al montañismo, había estado unas cuantas veces en las Cinco Lagunas de Gredos, pero nunca las había pescado. Había visto a los salvelinos nadar y cebarse cerca de las orillas en los atardeceres de verano y esperaba poder volver, caña en mano, para pescar en tan majestuoso paisaje.

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Divisoria de caminos en la Garganta del Pinar. Desde el puente de Navalperal hasta las Cinco Lagunas hay cerca de cinco horas de camino, sin contar paradas.

Salí desde Madrid un miércoles de julio por la mañana, sin prisa y acompañado por José Miguel, Luis y Santiago, pescadores montaraces como yo y buenos amigos. Cerca de la una de la tarde nos pusimos las mochilas sobre los hombros y comenzamos a andar desde el puente de Navalperal, siguiendo la Garganta del Pinar. Hasta la laguna Cimera, la más alta de las cinco, hay unos once kilómetros de subida con un desnivel de unos 900m. El camino es bueno y no ofrece una dificultad especial, siempre que no haya nieve o hielo, claro, pero conviene subirlo sin prisas, al ritmo que a uno le marque el cuerpo, ya que no deja de ser una ruta de montaña con un desnivel considerable. Nosotros tardamos unas seis horas, incluyendo paradas, en llegar a la laguna Bajera, la primera de las cinco lagunas.

Brincalobitos, la más pequeña y recoleta de las Cinco Lagunas.

Brincalobitos, la más pequeña y recoleta de las Cinco Lagunas.

Comenzaba a atardecer. Tras un reconfortante baño en la laguna, cenamos bajo un precioso cielo estrellado y nos fuimos a dormir.

Me levanté temprano, justo antes de amanecer, sabiendo que probablemente la alborada sería el mejor momento de pesca del día. Pronto las orillas se llenaron de cebadas,y en apenas unos minutos había sacado ya unos cuantos salvelinos, los primeros que pescaba en mi vida. No eran grandes, apenas un palmo de longitud la mayoría de ellos, y además presentaban el aspecto típico de los peces de lagos de montaña con poca comida, con cuerpos delgados y cabezas algo desproporcionadas para su tamaño.

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Salvelinos de Gredos, de bellos colores y tamaño discreto

Alrededor de las diez el sol comenzó a alcanzar la superficie del agua y, como era previsible, la actividad cesó bruscamente. Aprovechamos entonces para desayunar y dedicarnos a recorrer tranquilamente todas las lagunas, admirando el paisaje y lanzando de vez en cuando la caña.

 

Pescando la laguna Cimera, la de mayor tamaño y altitud.

Pescando la laguna Cimera, la de mayor tamaño y altitud.

Al comenzar a caer la tarde volvió poco a poco la actividad en superficie, si bien no llegó a ser tan intensa como por la mañana. Alrededor de las nueve, ya satisfecho, dejé de pescar, a pesar de que los peces seguían comiendo y de que aún quedaba más de una hora de luz.

¡No recuerdo una fabada Litoral tan rica como la que cené esa noche, a orillas de la laguna Brincalobitos!

No es extraño que un salvelino de apenas un palmo te parta el bajo si no llevas cuidado con los cardos de las orillas al lanzar. Abundan por la zona y tienen unas hojas duras y afiladas como navajas.

No es extraño que un salvelino de apenas un palmo te parta el bajo si no llevas cuidado con los cardos de las orillas al lanzar. Abundan por la zona y tienen unas hojas duras y afiladas como navajas.

A la mañana siguiente, recogimos y emprendimos el viaje de vuelta. En unas cinco horas llegamos a Navalperal, justo para tomar la imprescindible cañita de fin de viaje en el bar del pueblo y volver, un poco más curtidos, a casa.

Andrés Chazarra

Escrito por Admin

    2 comentarios

  1. mihijopescador 04/02/2016 at 11:32

    Me ha encantado la excursión Andrés. Tengo que hacerla este verano.

  2. Josediaz 04/11/2016 at 21:51

    Las pesqué hace muchos años y tengo un recuerdo inmejorable de aquella experiencia, que disfruté con buenos amigos: Miguel Ángel Escalera y José ramón Menéndez. A los que envío un saludo, si es que siguen por aquí

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