Editorial de Conmosca

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En muchos pescadores se está creando la sensación de que todo empieza a ir más deprisa que lo deseable, la sensación de que la sociedad de consumo (la del consigue y tira) está impregnando con su obscena productividad actividades que antes estaban reservadas para la calma, para la placidez y para el desahogo.

Darle voz a los pescadores que creemos que hay líneas que no se deben traspasar, aunque haya medios técnicos al alcance, es la intención de esta editorial. Aunque sospechamos que para bastantes será chocante leer razones que van a contracorriente de lo que ahora parece que es norma en la difusión que a la pesca se la da en las redes sociales y que, más a menudo de lo que nos pueda parecer, sus autores no hacen otra cosa que vendernos opinión y de paso sus productos.

No se puede obviar que la pesca es también una válvula de escape de las presiones cotidianas,  una forma de esparcimiento y de ocio que no tiene otro objeto que el de recompensar nuestro peculio de satisfacción, pero también una actividad que pone a prueba nuestra autoconfianza cuando las jornadas no son las deseadas. Pues ahora la cosa cambia, si no hablamos del número de capturas de una jornada en decenas y, por supuesto, no hemos utilizado los métodos más efectivos  para obtenerlas, lo más seguro es que a ojos del público que se está educando en la “productividad pesquera”, seamos poco menos que unos parias del río, unos expulsados del paraíso que se han quedado anclados en el más rancio y gastado romanticismo. Posiblemente también sea esta forma de actuar la que no nos impulsa a exponernos a los ojos del “Gran Hermano” mediático que lleva la fecha de caducidad marcada en el nivel de nuestro empacho.

Parémonos un poco y pensemos qué es lo que queremos que nos dé la pesca, nadie discute ni pone en reprobación que haya pescadores que en las situaciones de estrés obtengan sus mayores satisfacciones, pero esto ya sabemos que está reservado a muy pocos, ya que son inmensa mayoría a los que les toca llenar de decepción sus ilusiones, además para esto ya están sus tramos y sus momentos;  pero obsesionarse con sacar el mayor número de peces para luego poder ir contándolo, es una actuación muy SJW1similar a la ya casi extinta de llevarse todos los peces que se pueda a casa para luego regalarlos a los vecinos o tirarlos (para los que no lo sepan todavía, los vecinos al final también acababan tirándolos a la basura).

Los que han pescado un tramo poco después de una raid de “pescadores productivos” (y más si el que lo pesca es otro de ellos), es fácil saber que quedan pocas posibilidades de que alguna de sus víctimas salga del fondo de su agujero y que las pocas que hayan quedado sin pinchar seguirán expuestas en segunda vuelta a señuelos cada vez más sofisticados y efectivos. Señuelos que están volviendo a los orígenes de la pesca al hilo, esa que cada vez se parece menos a la pesca con mosca.

 

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Escrito por Admin

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