(Cuento argentino basado en hechos reales)

 

En Argentina, en una aldea de la Cordillera de los Andes, vivía un señor que había llegado a los 99 años sin muchos problemas de salud. Se llamaba Juanjosé pero le decían  Juanjo. Durante toda su vida dedicó su tiempo libre a la pesca pero desde los 80 años había dejado los peligrosos cantos del río y sólo pescaba lagos desde embarcación o desde orilla lanzando una boya a la que ataba una o dos moscas artificiales. Decía que era importante la mosca de punta y la profundidad a la que navegaba. La dejaba en superficie o la lastraba con una bolita de plomo. Siempre sacaba para comer y eso sí que  eran tiempos en que había una gran  densidad de peces. Nunca se perdía la pesca los domingos porque todo el pueblo iba a misa y tenía el sentimiento de ser dueño del río. Él, sólo iba a misa  cuando llovía y se sentaba en la primera fila de los feligreses para congraciarse con el párroco Don Ernesto Anastasio llamado más simplemente  Don Nacho.

Catedral

 En una de esas circunstancias, un domingo que llovía como sabe llover el cielo austral, sin parar, sin  tregua y sin piedad, Juanjo entró en la iglesia quitándose el sombrero que nunca sacaba y se fue a sentar en primera fila. Cuando el cura subió al púlpito para su habitual sermón, explicó porque había que perdonar hasta a sus enemigos igual que Cristo cuando perdonó a sus verdugos y terminó así con esa voz cavernosa suya que parecía caer desde la alta bóveda de la nave central:

     “Si Jesús Cristo perdonó a los que le condenaron a muerte, a los que le torturaron, a los que le crucificaron ¿Cómo podríamos vivir nosotros si no creemos en el perdón? No hay vida eterna sin perdón. Que los que perdonan hasta a sus mayores enemigos se levanten y levanten la mano.”

En un silencio pesado como una chapa de plomo, apenas cortado por leves crujidos de madera, todos los feligreses se levantaron con la mano en alto menos Juanjo que se quedó sentadito mirando para un bajorrelieve representando una supuesta escena del infierno que él veía  más lúbrica que dolorosa. Don Nacho no se lo podía creer y  después de tragar saliva preguntó:

  • Vos Juan José, con la edad que tenés, ¿No perdonás a tus enemigos?
  • No, Don Nacho, ¡No puedo!
  • Y se puede saber ¿por qué no podés?
  • ¡Porque se murieron todos esos Hijos de Puta.
  • Juanjo estás blasfemando en una iglesia. Mañana quiero oírte en confesión

Con el maléficoAl día siguiente seguía lloviendo. Las aguas estaban de color chocolate. Juanjo se cansó de mirarlas y se fue para la iglesia. En un banco había las cuatro beatas de siempre, arrodilladas,  que no pararon de persignarse cuando le vieron. Se sentó en el confesionario y oyó como el cura corría  la tablilla que tapaba  la celosía.

Mentira-001

  • Vamos a ver Juanjito ¿vos te arrepentís por lo de ayer?
  • No padre porque diría una mentira y sería peor que una palabrota
  • ¿No tenés pecados que confesar?
  • ¿Cómo puedo pecar yo  si todo el día estoy pescando?
  • Yo me refiero a tu vida pasada pues… como todos… tenés alguna culpa, algún secreto que te parece inconfesable. Has llegado a la edad del arrepentimiento y si te arrepentís el Señor lo tendrá en cuenta.
  • Lo siento Padre, no he llegado a la edad del arrepentimiento pero sí a la edad del importaculismo.
  • Juanjo ¿Qué estás diciendo? ¡No te entiendo!
  • No me entiende porque vos, Padre, no ha llegado a esa edad y verá, cuando llegue, que mandará sermones, pecados y compañía a la mierda
  • Por favor Juanjo, aunque el Señor todo lo perdona aquí tampoco se pueden decir palabrotas,…. Y eso del “ importaculismo,…” ¿Qué?
  • Pues es muy sencillo: Igual que las palabras que terminan en –ismo, como comunismo o cristianismo por ejemplo, es una creencia y una manera de vivir desaprendiendo todo lo que le enseñaron a uno como importante (obligaciones, compromisos,  .) y considerar que todo lo que antes le importaba ahora le  importa un culo.
  • ¡Ego te absolvo in nomine Patris et Fili et Espíritus Santi !

 

— gR —

 

Escrito por Admin

    1 comentario

  1. jcarlos 19/11/2015 at 12:52

    Jjejejejj con Juanjo , lección de vida . Saludos.

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