portada LA TRUCHA

Título: La Trucha en la Pesca a Mosca

Subtítulo: La biología en la trucha común.

Coordinador: Fernando Cobo Gradín

Autor: Estación de Hidrobiología “Encoro do Con”.

Fotografías e ilustraciones: Sí, color. Características del libro: Formato: 210 x 240 cm,

ISBN: 978 84 9428 47 8

 

Truchas en la pesca a mosca es un libro a medio camino entre el trabajo riguroso de un equipo dedicado a la investigación y la lectura divulgativa que toda persona podrá entender, trata sobre la biología de la trucha común y ayuda a entender qué se pesca para pescar más y mejor, y lo más importante, el alto valor ecológico que significa cada uno de estos individuos de una especie tan cotizada por los pescadores. Publicamos un capitulo del nuevo libro de Editorial Sekotia

Capítulo nueve
El hábitat de la trucha, presiones y restauración fluvial
9.1. EL HÁBITAT DE LA TRUCHA
Las variables físicas clásicamente señaladas como más relevantes en el hábitat de la trucha son: la temperatura, la profundidad, la velocidad de la corriente, el sustrato (granulometría) y la cobertura vegetal. La importancia relativa de cada una de estas características es variable, ya que los factores ambientales pueden interaccionar y provocar diferencias en los rangos de tolerancia a cada parámetro. Así, en el río Olo (norte de Portugal), se observó que debido a una baja productividad primaria y a una gran homogeneidad en la velocidad de corriente y profundidad del lecho, los factores ambientales más importantes fueron, además del tipo de sustrato, la cobertura de macrófitos y la acumulación de materia orgánica. Estos factores crean una mayor heterogeneidad de hábitat y ofrecen zonas específicas para cada una de las clases de edad. La granulometría depende de la velocidad de corriente, la profundidad y la naturaleza geológica de la cuenca. La importancia de la granulometría se centra en la existencia de zonas adecuadas de freza. En otro estudio llevado a cabo en ríos valencianos, la densidad y biomasa de truchas se correlacionaron positivamente de forma significativa con las variables de anchura de cauce y proporción de cantos rodados de entre 64 y 256 mm. Un resultado parecido se obtuvo en ríos de Finlandia, en los que estos parámetros poblacionales aumentaron significativamente con la proporción de sustrato grueso (diámetro de partícula de entre 20 y 100 mm).
Otros factores que pueden influir en los requerimientos de la trucha son: la fase del ciclo vital en que se encuentre (huevo, eleuteroembrión, alevín, adulto), la actividad que se esté llevando a cabo (reproducción, reposo, alimentación…) y los ciclos temporales (diarios y estacionales).
Las truchas están muy bien adaptadas a corrientes moderadas que les aportan beneficios en términos de deriva de macroinvertebrados (alimentación), oxigenación del agua, heterogeneidad granulométrica, etc. El dominio vital de cada trucha incluye áreas de reposo con abundantes refugios, de caza, de reproducción, de crecimiento juvenil, etc. De este modo el río queda dividido en un mosaico de zonas de habitación. La disminución del caudal, ya sea de forma natural (época de estiaje) o de manera artificial (trasvases, regulación hidroeléctrica, riego…) hace que parte de estos territorios se reduzcan en extensión y se incremente la competencia intraespecífica. De igual modo, la disminución del caudal puede acarrear problemas por concentración de contaminantes, exposición de frezaderos, reducción de la velocidad de la corriente con descenso de la oxigenación, etc.

Figura 40

Un aspecto importante y decisivo para el correcto funcionamiento del ecosistema es la necesidad de una vegetación de ribera madura y bien estructurada.

La profundidad es un factor importante en la distribución de los ejemplares a lo largo del río. Por norma general, todos los salmónidos a medida que van creciendo van ocupando zonas más profundas. En estas zonas, los refugios permiten un mayor aislamiento de los ejemplares y un reajuste del comportamiento territorial de la especie.
Otro aspecto importante y decisivo para el correcto funcionamiento del ecosistema es la necesidad de una vegetación de ribera madura y bien estructurada. Así, en tres ríos franceses, se encontró una biomasa media de truchas cinco veces mayor en los tramos que presentaban vegetación, frente a la registrada en las estaciones desprovistas de ella. La vegetación riparia protege contra la erosión, controla la velocidad de la corriente durante las inundaciones y constituye una importante fuente de energía para el río. Hay una gran cantidad de invertebrados que se alimentan de esta materia orgánica y que a su vez forman parte de la dieta típica de la trucha. Constituye también, junto con el sustrato, una de las principales fuentes de refugio para muchas especies, además de aumentar la heterogeneidad de hábitats presentes en el medio.
Un aspecto interesante a considerar es el de la iluminación, pues las truchas presentan un fototactismo positivo o negativo según el grado de desarrollo. De este modo, durante la fase de absorción del saco vitelino, los eleuteroembriones presentan fototactismo negativo, pero al iniciar la alimentación autónoma, este adquiere signo positivo. Sin embargo, a medida que el animal crece, nuevamente el fototactismo se hace progresivamente negativo y la atracción por los refugios en oscuridad aumenta. Los adultos eligen aguas más o menos profundas y remansadas, situadas bajo una abundante vegetación y con obstáculos que les proporcionen un buen refugio durante el día, hasta que comience su actividad depredadora a partir del crepúsculo y durante la noche. El hecho de que el patrón de actividad sea más diurno o nocturno está relacionado con este cambio en el fototactismo a lo largo del desarrollo.
Toda esta información desacredita la creencia popular de que las truchas crecen más cuando les da el sol, o que el cauce y las riberas del río deben ser limpiadas con frecuencia, retirando troncos caídos, tocones, desbrozando, talando, etc., pues de este modo lo único que se consigue es eliminar todos los efectos positivos anteriormente descritos.
La temperatura es una de las variables ambientales mejor estudiadas en lo que a efectos sobre esta especie se refiere. La trucha se encuentra normalmente en ríos con una temperatura media de entre 10 y 15ºC y máximas que raramente superan los 20ºC. Los rangos de tolerancia para la temperatura fueron establecidos entre un límite inferior de 0 a 1’3ºC y uno superior de 21’5 a 24’7ºC. Puede alcanzar un umbral de 25’6-29’7ºC si el incremento de temperatura es gradual y permite una progresiva aclimatación a este cambio por parte del animal. Pero es importante tener en cuenta que antes de llegar a estos valores extremos, hay un rango de temperatura determinado por un mínimo de 0’4 a 4’3ºC y un máximo de 18’7 a 19’5ºC fuera del cual el animal no se alimenta.

Figura 39

Las truchas están muy bien adaptadas a corrientes moderadas que les aportan beneficios en términos de deriva de macroinvertebrados (alimentación), oxigenación del agua, heterogeneidad granulométrica, etc. El dominio vital de cada trucha incluye áreas de reposo con abundantes refugios, de caza, de reproducción, de crecimiento juvenil, etc.

En general, su preferencia ecológica se sitúa en aguas bien oxigenadas, con concentraciones de oxígeno disuelto superiores a 7 mg/l y porcentajes de saturación cercanos al 80 %.
Podemos decir que la variación de requerimientos a lo largo del ciclo vital desemboca en la existencia de un continuo fluvial, con ejemplares mayores a medida que nos desplazamos aguas abajo. De esta manera, los individuos más pequeños se a concentran en las zonas de cabecera, con gran cantidad de rápidos poco profundos; a medida que los ejemplares adquieren un tamaño mayor, buscan zonas más profundas y con sustrato más grosero (típico de zonas bajas), que les proporcionan refugio y les permiten disminuir el gasto energético.
Las diferencias geológicas entre cuencas separan ríos que: discurren sobre rocas más solubles, como calizas o yesos, y con aguas de pH básico en los que los crecimientos individuales suelen ser altos, de los ríos de cuencas con: rocas silíceas poco solubles y aguas débilmente mineralizadas y más ácidas en los que las tasas de crecimientos son menores. No obstante, como consecuencia de las adaptaciones evolutivas de las poblaciones a las condiciones particulares de cada cuenca, las densidades pueden igualarse e incluso superarse en los ríos con aguas ácidas y blandas con respecto a los ríos con aguas de mayor dureza y alcalinidad.

 

Escrito por Admin

Deja un comentario