Durante muchos años que se pierden hasta en mi memoria, no pescaba más que en los ríos y esperaba las primeras eclosiones de primavera con ansia. En aquella remota época pescar en lago significaba para mí pescar embarcado y no me atraía esta modalidad cuanto más que en el sur de Francia donde vivo no se practicaba. Sólo sabíamos algo a través de revista que hablaban de pesca en aguas paradas, en Inglaterra sobre todo. Pero cuando empecé a competir con mi club tuve que entrenarme un poco en reservorio ya que en el campeonato de Francia siempre había una manga de lago. Cada semana me pegaba unos 250 km. (ida y vuelta) para alcanzar un pequeño lago del Pirineo sembrado con truchas arcoíris y algún salvelino por la calidad del agua. Salía de casa con una sola caña de 9 pies, una cola de rata flotante # 6, moscas secas y algunos estrímeres que había comprado de pura casualidad en un viaje a Escocia. No recuerdo haber vuelto bolo de estas escapadas.

Actualmente la pesca en lagos y embalses se ha difundido de manera, a mi juicio, exagerada  si me refiero al material que veo. Yo la practico como los demás pero de forma amena y sencilla aunque  he hecho un paso de gigante llevándome 3 cañas de 9,5 o 10 pies equipadas con líneas # 7  que me permiten investigar  3 profundidades : una línea flotante, una intermedia y una sinking nº 3 o 5. Francamente me siento incapaz de armar y transportar pescando la parafernalia que veo a veces en  pescadores que andan con 6 o más cañas montadas.

Lo que ha motivado este nuevo artículo para mis amigos y seguidores de Conmosca  fue algo que no me esperaba y que ha hecho que esta pesca que menospreciaba  antaño me atrae ahora por su aspecto creativo como voy a explicarlo. Hace años escribí un artículo mejorado y archivado después en mi libro “El Cantar del Agua” (p.70) con el título de “Moscas y Materiales Heterodoxos” donde, en una palabra, valoraba la gran capacidad de los pescadores y montadores para sacar alguna novedad muchas veces basada en un material inesperado. Pues en los lagos está pasando algo parecido.

Voy a referirme a nuestro lago en Albi de 6 hectáreas porque  es el que mejor conozco pero en muchos reservorios pasa más o menos lo mismo. En septiembre sembramos truchas arcoíris de varios tamaños. Primero muerden francamente pero como las devolvemos son cada día más esquivas y aprenden de manera increíble. Parece mentira que no hayan conocido otra cosa que la piscifactoría.  El mismo instinto de conservación existe en todos los seres vivos. Después de algunas semanas las modalidades de pesca clásicas  no son muy efectivas menos en escasas ocasiones. Entonces encontramos a dos tipos de pescadores, los que aceptan pasear las cañas y los que buscan algo nuevo para seguir engañando a aquellas pobres acuáticas criaturas, son los que inventan técnicas o moscas nuevas, objetos de mis comentarios :

La “cuerda de tender ropa”

Llaman así  un invento que consiste, como se ve en la foto, en colocar una “Boobie” bien flotante en el extremo del sedal y luego 2 o 3 ramales de longitudes diferentes donde se sujetan pequeños quironómidos o ninfas, o los dos, que pescan debajo de la superficie. El lance es bastante complicado con riesgo permanente de enredar todo el aparejo. La única manera de evitarlo es, como para la mosca ahogada, limitarse a levantar  y lanzar sin falsos lances. Si la posada  es correcta,  conviene  respetar  un tiempo de espera  sin mover nada. Se sabe que las truchas arcoíris dan paseos sin parar en busca de algún alimento. Cuando muerden una de las moscas la “Boobie”  hace de flotador y se hunde. Las picadas son más frecuentes si hay algunas olas que dan vida a las moscas artificiales.

La “tetina”

Como la pesca con mosca puede ser una obsesión, a algún espabilado que frotaba su coche con un bayetón  verde compuesto de lanas gruesas parecidas a tetinas pequeñas,  se le ocurrió utilizar ese material para hacer una mosca y pescar con ella. Los primeros resultados fueron muy buenos porque la tetina al posarse flota, luego se hincha de agua y baja lentamente cruzando  todos los niveles. Después de algún tiempo, como siempre, las truchas se enteraron del engaño y parecieron pensar que “en boca cerrada no entran tetas picudas”. A mí se me ocurrió entonces añadir una cabeza flotante y dos fibras brillantes creando así  una “Boobie” para pescar abajo con la S 5. También me funcionó durante algunas semanas y todavía me da algún susto. Creo que el color verde con brillos se ve muy bien en aguas profundas. Sólo es una hipótesis.

No sé lo que inventaremos  mañana  pero,  pescando a mosca en los lagos y en los grandes ríos de aguas paradas, la creatividad en técnicas y engaños es para mí un aliciente tan importante como las capturas.

-gR–  enero 2015

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