Cada vez que abro una revista de pesca me quedo asustado por el sinnúmero de moscas artificiales que veo fotografiadas y descritas en su montaje. Como si en la pesca con mosca sólo importaba el engaño que hemos decidido atar en la punta del sedal.  Yo también tengo un montón de modelos seleccionados al andar del tiempo, algunos de los cuales he presentado en mis libros.

Pero ahora dejo que  los montadores profesionales, los hay excelentes, presenten sus creaciones de las que me inspiro a veces si encuentro una novedad interesante lo que no ocurre a menudo ya que creo que en materia de pesca a látigo todo se ha dicho o escrito y queda muy poco espacio para algo nuevo.

Así y todo he notado que si se hablaba mucho o demasiado de las moscas, no se hacían grandes comentarios  sobre algo que para mí es fundamental, quiero hablar de la penetración del anzuelo. Cuando no pescaba más que a seca no me importaba casi este detalle pero desde que la pesca a ninfa ha barrido casi todas las otras modalidades, ha aparecido un problema nuevo que para mí se merece toda nuestra atención.

La ninfa que ponemos, o las ninfas cuando hay dos, suelen bajar por los fondos de los ríos enganchándose a veces en una piedra, una rama, cualquier obstáculo que impide su deriva. Entonces intentamos liberar la ninfa con dos posibilidades, o se rompe el hilo en una tensión demasiado fuerte o recuperamos contentos nuestro artificial. En tal caso es muy difícil, máxime si usamos anzuelos de cuerpo y punta finos, que la curvatura o la punta del anzuelo no hayan sufrido. La deformación  de la curvatura se ve enseguida pero no es tan fácil comprobar el estado de la punta. El método más efectivo consiste en tantearla con la yema de un dedo. Si se nota una resistencia en algún ángulo de esa punta es porque se ha desmochado y en algún caso se ha roto.  Al tratar de pincharla en un dedo no penetra nada. El que sigue pescando sin enterarse, insistiendo con su ninfa  porque está convencido de que pesca bien, corre el riesgo de que se le suelten los peces. Para quien se da cuenta del daño quedan dos soluciones o se jubila la ninfa o se rehabilita la punta con una buena lima como se ve en las fotos adjuntas. La lima tiene que ser fina para trabajar en cualquier ángulo. El criterio final de la rehabilitación es la facilidad de penetración por ejemplo en lo alto del vadeador. De todas formas no es malo, cada vez que se coloca cualquier mosca artificial, sobre todo si ha sido utilizada ya, averiguar su estado y darle una pasada de lima aunque no parezca imprescindible. Vale para las ninfas pero también para los  estrímers y las ahogadas.

Finalmente, si consideramos que el peso de las ninfas, su color y su volumen son fundamentales, no olvidemos que la ninfa más adecuada para el tramo que pescamos deja de ser efectiva si por casualidad quedó despuntada.
— gR —

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