Dos son las preguntas que abordaremos en este artículo, relacionadas con el mítico río Asturiano el Narcea y su especie reina. Una gestión y conservación pésima, alargada durante décadas y acentuada por la escasez de lluvias primaverales de los últimos años. Justificada, maquillada o incluso ocultada socialmente (por la administración y varias asociaciones de pescadores) con repoblaciones masivas de esguines. Y fiestas multitudinarias, en honor al primero de sus últimos salmones muertos.

1º) ¿QUEREMOS SALVAR EL SALMÓN EN LA CUENCA DEL NARCEA?

Empecemos por el Pigüeña.

La única forma que tiene la gran arteria de mantener una población salvaje de salmones, es gracias a su afluente el Pigüeña. La presa de Calabazos imposibilita la reproducción en el cauce principal, por las enormes variaciones de caudal que realiza constantemente. Algunos pocos salmones anales, logran desovar en las partes bajas del Nonaya o Lleiroso, no exentos de contaminación.

Nonaya: las recientes y paradas obras de la carretera Grado-La Espina mantuvieron este pequeño tributario contra las cuerdas. A las constantes riadas de barro se sumaron las malas praxis de estas contratas de lavar las hormigoneras y demás herramientas en el río. Otro foco de agresión constante, por el exceso de sedimentos, es la cantera que se asienta en su tramo medio. Sus dos afluentes, el Barredo y el Camuño, sufren de sueltas de purines constantes. Por todo ello la buena calidad del agua es muy dudosa, la población de truchas descendió en los últimos años a límites alarmantes, pudiendo dar a la especie por extinguida en las zonas altas de sus gregarios. Sirva de ejemplo la foto de la escala del Aranguín otro río de la cuenca, que se asemeja en conservación a la del bajo Nonaya.

Lleiroso: es un secundario importantísimo para la reproducción de los salmones que logren llegar a la parte más alta/accesible del Narcea, por ser el único a esas alturas. El descenso de pintos en este río es preocupante. Dos son los motivos visibles: el primero que dado el mal estado del Narcea, son pocos los salmones que llegan tan arriba; el segundo, que sufre de continuos vertidos de purines. En lo que de forma natural es un arroyo ácido, el efecto de la contaminación se multiplica.

Pero de entre todos sus tributarios, al menos en su tramo accesible, el único verdaderamente apto para la reproducción de esta especie es el primeramente mencionado.

El estado de conservación del tramo libre/migratorio del Pigúeña, no se puede definir con un solo adjetivo calificativo negativo, utilizaría un gran número y muchos de carácter grosero, y aun así me quedaría corto. En algunos tramos, como el coto sin muerte de Silviella el río prácticamente no existe, es desecado por completo. En el resto la contaminación es palpable e insostenible, por el escaso caudal que luce ya desde sus inicios. La codicia incontrolada de los gestores de su saltos para aprovechamientos hidroléctricos (H. Cantábrico), merma alarmantemente el caudal, en pleno corazón del PN de Somiedo. El problema se apuntilla progresivamente en los últimos 10 años con primaveras extremadamente secas, que anulan los arroyos que recoge en la parte media/baja y a portan un caudal valiosísimoa un maltrecho cauce.

El salto de Silviella (a escasos kilómetros del Narcea), obstáculo de necesario salvamiento por los peces por permitir el acceso a la mejor zona de desove (por una escala inoperativa las más de las veces), deriva la práctica totalidad de la poca agua que llega al lugar a la central de Silviella. El motivo del poco líquido elemento en este punto, de lo que en realidad fue el secundario más caudaloso de toda la cuenca, se debe a la primera obra de ingeniería hidráulica de esta provincia (iniciada a principios de 1915), que capta el fluido de la parte alta del Pigüeña mediante un talud y también de los lagos de Somiedo. Tirándola, e incluso bombeándola por túneles perforados durante más de 22 km, directamente a la eléctrica de Silviella, construida en 1962, con 4 turbinas operativas a día de hoy. No contentos con el regalo que recibe entubado desde su parte alta, en Silviella agostan al Pigueña por completo. Y sumando males, la reguera o canal que parte del salto a la central, no cuenta con rejilla que impida el acceso de peces, con la consiguiente mortalidad de los pocos esguines que logren ver la luz y regresar al mar. Las turbinas no liberan directamente al Pigueña, sino que lo hacen a otra pasarela de hormigón, que alivia a escasos metros de su tributación.

La contaminación es palpable en el resto de la parte baja, la depuradora de Belmonte (ubicada en su polígono industrial a escasos metros del pueblo), suelta sus aguas negras sin tratar, tan oscuras como llegan. Durante varios kilómetros (por no afirmar que todo el recorrido que resta hasta su tributación), las aguas oscurecen y las algas se apoderan del cauce. En los laterales de los pozos se dan claros síntomas de eutrofización. El contraste que ofrece no da lugar a dudas, del punto donde enferma de muerte. Del polígono industrial de Belmonte hacia abajo, es de piedras negras asidas por algas, la temperatura del agua asciende en verano a situaciones límite para la vida de los salmónidos. Del mismo punto aguas arriba, es de rocas y cantos amarillentos, libres de algas y la temperatura se asienta en límites aceptables. Por ello, las truchas que habitan la zona baja de Belmonte tienen la mucosa protectora muy deteriorada o mermada. Este verano aparecieron algunos ejemplares muertos por hongos e intuyo que de seguir repitiéndose estos episodios, aparecerán muchos más.

Hacia el 2000, antes de la construcción del polígono industrial de Belmonte y cuando las precipitaciones permitían aun mantener un caudal suficiente para el río y la glotonería eléctrica (quiero matizar que, al menos en este caso, es compatible de hacerlo bien su conservación con los kilovatios). El tramo de Silviella a Belmonte, era un hervidero de esguines. Y un espectáculo otoñal, de unos peces que ya no suben.

2º) ¿SON APTOS LOS PECES DE LA CUENCA DEL NARCEA PARA SU CONSUMO?

En su parte salmonera hay evidencias claras de que no.

Cabe suponer que los peces que se sacrifican, al amparo de una normativa redactada por la administración, son válidos para el consumo humano. O como mínimo, de no serlo, se debería informar de su posible toxicidad. Máxime aquellos salmones como el campanu, cuyo destino fue una venta legal, que ha de gozar de unas garantías sanitarias mínimas. Como cualquier otro alimento que comercialicen o vendan en cualquier mercado español. ¿Las cumplió? a saber…

La zona migratoria del Narcea y sus gregarios, de la presa de calabazos al Nalón, está bastante contaminada (la zona alta no está libre de venenos, en ella siguen operativos varios pozos de carbón y en Cangas del Narcea murieron este año miles de truchas, unas imágenes vergonzosas). Pero el principal de los focos de contaminación, por el cual se podría llegar a sospechar firmemente de la posible toxicidad de las truchas, reos y salmones del Narcea, es la mina de oro de Boinas. Esta mina tiene registrados varios escapes de metales pesados, al rio Cauxa, que vierte aguas directamente a la presa de Calabazos. En concreto fue sancionada dos veces por la Confederación Hidrográfica del Norte. La última fue a principios de este año, por un importe de 242.920 €, por daños ocasionados al dominio público hidráulico. La Confederación asegura que la mina explotada por la empresa Kinbauri, libero sustancias no autorizadas como “Cianuros, selenios, cadmio, cobre y zinc” los tres primeros elementos cancerígenos y muta génicos al torrente. También expone en el texto sancionador el vertido de Arsénicos en mucha mayor concentración de la autorizada. Además hay evidencias, así lo han denunciado asociaciones ecologistas, de que los siniestros son continuos y no aislados. Cabe recordar que el Parlamento Europeo, instó en 2010 a todos los países miembros, a no apoyar y prohibir cualquier proyecto minero que utilicé la tecnología basada en cianuro, como es el caso de la explotacióna cielo abierto de Boinas. Nuestro gobierno Asturiano, no solo tiene la mirada extraviada, sino que alienta a la empresa concediendo recientemente nuevos sondeos en Belmonte, Tineo, Allande y Cangas de Narcea. Quiero clarificar, que el yacimiento de Boinas es deficitario en lo que respecta al oro, durante mucho tiempo se utilizó (si no sigue operativo este proceder) para lavar el oro procedente de Groenlandia, donde está prohibido la utilización de balsas de cianuro. Así queda demostrado con el trasiego de mineral que entraba por el Musel, se lleva en camiones a Boinas.

Mina de Boinas, fotografía de Antonio Alba, Panoramo

Los Arsénicos, cianuros, selenios y demás sustancias o metales originados y utilizados por las minas y sus balsas de limpieza. Permanecen de por vida en los organismos acuáticos. Si la concentración de ellos es alta, son trasmitidos a toda la cadena trófica y en este caso alimentaria. El efecto en nuestro organismo (de consumir estos peces) son muchos y muy variados, pero evidentemente todos nocivos para la salud. Son como hemos dicho elementos cancerígenos y muta génicos, pero también causantes de otros males menores, pero más directos como: migrañas, dolores de cabeza, trastornos digestivos incluso crónicos y un amplio abanico de reacciones no deseables. Recordemos que el arsénico expulsado por las minas de oro de Corcoesto en Galicia, figura como uno de los principales motivos de la extinción del salmón en el rio Anllones.

¿Debería la administración responsabilizarse de alguna manera? Sería perceptible que analizara los distintos ríos y tramos donde permite su sacrificio y por tanto su consumo. Haciendo público aquellos con riesgo claro de que los peces no sean del todo aptos para su consumo. Que prohibiera el sacrificio en las zonas donde no hubiera dudas de su toxicidad, que existe en la región bastantes más que el originario de estas palabras.

Durante esta caótica pasada temporada de miles de cañas sin control, tras la desaparición de la Guardería y Seprona, en el mismo momento que concluyo la fiesta. Tuve la desgracia de compartir rio con aficionados desconocedores por completo de la normativa, con artes prohibidas para la fecha, con más pescadores por coto que los autorizados, con más de un osado pescando en tramos vedados, con cestas grandes y opulentas en los sin muerte, con las ganas reprimidas de mostrar a alguien el pase que me acreditaba como titular del coto. . . Pero el mayor tufillo que desprendía la ribera, son sus rumores y titulares. Rumores de un mercado negro de compraventa de salmones y reos. De aficionados que terminaban tirando a la basura salmones pescados en el Nalón, por desprender un mal olor y peor sabor. De titulares en la prensa, del buen avance de la temporada al sobrepasar la cifra del año pasado, en algo más de 300 (no señores fueron muchísimos más 300, 400, 500 o 600…, porque si la alegría está en paralelo al número, para mayor gozo de todos, contemos los que partieron en los maleteros directos a no sé qué congelador…). Titulares épicos en admiración a los 40 salmones pescados en el Esva, cuando es necesario un mínimo de 300 en el cauce, para no considerar a la especie por extinguida. Perdón esto último sobre el Esva no salió en la prensa…

Todos los años, fieles a la fecha escogida de antemano. Los políticos, como si fueran canarios poseedores de una única melodía, recitan sus versos mágicos: Cornellana Capital del Salmon. A mí simplemente me dan ganas de llorar y me pregunto: ¿sabe toda esa gente que más que una fiesta, deberían oficiar un funeral?

Texto y fotografías Pablo Muñiz Gómez. -villandasgrado-

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