Los diez mandamientos del camuflaje

  • 1. Párate. Es difícil distinguir los peces mientras andas o vadeas. En cada postura atractiva, tómate un tiempo para buscar a los peces, no sólo con un vistazo rápido, sino escrutando cada roca del fondo. Unas gafas polarizadas o unos pequeños prismáticos pueden ser una ayuda fundamental.
  • 2. No vadees (a no ser que sea necesario). Cualquier conmoción en el agua resulta mucho más amenazadora para una trucha que una perturbación en la orilla. Ocúltate tras matorrales, rocas o árboles siempre que sea posible.
  • 3.  Pisa con cuidado. Pisadas fuertes, tanto en la orilla como en el fondo del río, envían vibraciones a través del agua. Las truchas pueden percibirlas a través de su línea lateral. Las truchas no necesitan ver al pescador para saber que está ahí.
  • 4. No empujes el agua. Vadea como una garza, levantando al pie y bajándolo lentamente con la puntera hacia abajo. Arrastrar la pierna hacia delante empujando dentro del agua origina una onda de presión que viaja a través del agua frente a ti, y que puede espantar a todas las truchas de una poza.
  • 5.  Elimina cualquier pedazo de material brillante (especialmente metal). No hay nada menos natural en el entorno de un arroyo truchero que los reflejos brillantes. Elimina objetos personales como anillos, relojes o gafas de montura metálica que emitan reflejos. Guarda herramientas como fórceps o cajas de moscas en el interior del chaleco, y no uses carretes o cañas brillantes como espejos.
  • 6.  Reduce tu perfil. Agáchate, ponte de rodillas o incluso túmbate para mantenerte bajo la línea de visión del pez. Normalmente es imposible mantenerse completamente oculto, pero intenta permanecer lo más bajo posible. De esta manera consegurás poner algunas partes móviles del cuerpo fuera de la vista del pez.
  • 7.  No arrastres la línea. Tu mosca deriva sobre un pez, que no sube a por ella. ¿Qué hacer entonces? Dejar que la mosca sobrepase al pez y entonces levantar la línea del agua con un suave rodado. Así tendrás la línea en el aire sin arañar la superficie. La elección equivocada, levantar directamente la línea con un lance trasero, es uno de los errores de presentación más comunes, y produce una brusca lluvia de gotitas sobre la superficie que mandará al fondo a todos los peces que se encuentren con esa ducha.
  • 8.  Controla el dragado. Una mosca que draga, incluso con una pequeña desviación de la corriente natural en cuanto a dirección o velocidad hace que la trucha se muestre nerviosa e indecisa. Tres o cuatro malas derivas con frecuencia hacen que el pez deje de cebarse incluso en presencia de una eclosión. Haz que la mosca flote sin dragado repetidamente cuando lances sobre un pez concreto. Todo lo que no sea una deriva perfecta hace imposible “crear una eclosión” (la estratagema propuesta por George LaBranche para combatir la desconfianza y estimular la voracidad del pez).
  • 9.  Muévete despacio. Cualquier movimiento, desde andar por la orilla o por el río hasta lanzar, debe ser lento y rítmico, relajado y paciente. Reserva los movimientos más rápidos propios del lanzado a larga distancia para ocasiones más apropiadas.

Siguiendo las nueve reglas anteriores conseguirás hacer posible el último mandamiento, el secreto de Harry Ramsay:

  • 10.  Deja que la trucha se relaje. Mantente tan discreto como sea posible, pero continúa pescando de forma estable y suave por lo menos durante siete minutos (el tiempo mínimo que una trucha tarda en olvidarse de la presencia del pescador, según nuestras observaciones subacuáticas). Permaneciendo en la zona, pero sin parecer una amenaza directa, desapareciendo dentro de los movimientos y ritmos naturales del río. ¿Cómo es posible conseguir que la trucha se olvide del pescador? Una trucha no analiza, sino que reacciona. Y si algo no requiere una reacción, no tarda mucho en dejar de pensar en ello.

Gary LaFontaine.  The dry fly: new angles.
Traducción: Jesús García Azorero. -azorero-

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