Durante los últimos años, con el auge de la pesca a ninfa en nuestro país, es cada vez más frecuente encontrarse con tertulias, ya sean virtuales o presenciales, en que se ponen en entredicho las virtudes y defectos de las ninfas según la manera en que estén montadas.

Para ser sincero admitiré que yo soy el primero que está dispuesto a opinar sobre el asunto, pero sin pretender sentar cátedra ni mucho menos, y solo basándome en unas observaciones puntuales a pie de río, porque a final de cuentas, yo pesco con todos los tipos de ninfas que aparecen en este artículo, e incluso con algún engendro más, y no me atrevería a afirmar de manera tajante que una ninfa es mejor que otra si tenemos solamente en cuenta su perfil.

De todos modos, nunca viene mal intentar aclarar algunas dudas, y ya de paso, que surjan muchas dudas más, ya que en la duda y en la confrontación de opiniones es donde verdaderamente más se aprende.

¿Bolas redondas o ranuradas?

Todos hemos leído docenas de veces aquello de que las bolas ranuradas pesan más que las bolas redondas. Como norma general, esto suele ser así, pero no siempre se cumple, como puede verse en la fotografía adjunta, donde tres bolas redondas de tungsteno de 3,0 mm nos dan un peso de 0’96 gramos, mientras que tres bolas ranuradas del mismo tamaño pesan 0’95 gramos. Me gustaría señalar que estas bolas provienen del mismo distribuidor, del mismo fabricante y han sido pesadas en las mismas condiciones. Y quisiera también añadir que cuando la diferencia es positiva hacia las bolas ranuradas, la diferencia a menudo continúa siendo igual de irrisoria.

Yo no tengo una absoluta obsesión por el peso, pero a veces pienso ¿Realmente unas centésimas de gramo van a marcar una diferencia tan grande como para tenerlas en cuenta?

Sí me importa más, en cambio, el equilibrio de las imitaciones mientras derivan bajo el agua. Las bolas redondas contribuyen a que nuestras ninfas siempre deriven de forma equilibrada, y esto no impide que pesquemos con nuestras ninfas en deriva muerta o dándoles cierto movimiento, ya sea ascendente para tratar de simular una emergencia, o de manera más errática intentando imitar el movimiento de ciertas ninfas naturales por el lecho del río o mientras son arrastradas por la corriente.

Una bola ranurada siempre va a hacer que el peso no se encuentre centrado respecto a la tija del anzuelo, independientemente de que la fijemos con el hilo de montaje hacia la parte superior o la inferior del anzuelo. En algunos casos, si a la bola ranurada unimos que los cercos se inclinen hacia abajo siguiendo la curvatura del anzuelo o no estén completamente centrados, podemos encontrarnos con que la ninfa en su constante girar sobre sí misma pueda llegar a rizarnos el ramalillo. No es un caso frecuente, pero tampoco es tan extraño (sobre todo dependiendo de la rigidez y el grosor de los hilos que cada uno emplee a la hora de pescar).

Esto puede corregirse, o mejor dicho, minimizarse, añadiendo elementos a nuestros montajes. Unas alas incipientes en CDC, un poco de dubbing formando un pequeño tórax junto a la bola metálica e incluso unas antenas o algunos tipos de sacos alares pueden contribuir a mantener nuestras ninfas en una deriva equilibrada, sin que giren sobre sí mismas.

La conclusión final es siempre la misma en todas las preguntas que nos vamos a plantear a lo largo de esta reflexión:  hay partidarios de un tipo de bolas de tungsteno y partidarios de las otras, y todos ellos están encantados con su elección una vez han pasado la prueba del río, que es la única que vale.

¿Cuerpos finos o cónicos?

Como en el caso de los distintos tipos de bolas cada variante tiene sus pros y sus contras. Es una obviedad decir que a menor rozamiento mayor profundización, y esto vale tanto para las ninfas de cuerpos barnizados y rígidos, como para las que emplean materiales más móviles. Una ninfa de liebre que montamos con el pelo flojo y cardado ofrece más resistencia al agua que esa misma ninfa montada con un cuerpo finito y el dubbing más prieto.

De los cuerpos cónicos (montados con bola redonda) podríamos decir que facilitan la combinación de distintos materiales lo que nos permite lograr acabados imposibles de obtener con un cuerpo fino y que contribuyen a que nuestra ninfa navegue más equilibrada y que el riesgo de rizado del terminal sea prácticamente inexistente (a mí no me ha sucedido nunca con este tipo de montajes).

De los cuerpos finos (montados con bola ranurada) podríamos decir que facilitan la utilización de bolas sobredimensionadas respecto al tamaño del anzuelo, que ofrecen una menor resistencia al agua lo que permite una mayor profundización y que en determinados casos puede que hagan recelar menos a las truchas (aunque si os digo la verdad, me cuesta mucho tragar con esto último, ya que no me entra nada bien en la cabeza que una diferencia de un milímetro en el grosor del cuerpo pueda ser determinante, y estoy casi convencido de que en ocasiones son más eficaces porque llegan antes a donde deben llegar, pero no tengo ninguna prueba para poder afirmar una cosa u otra).

Quizás, como en muchas otras cosas, la mejor solución sea quedarse en el gris, o tirar por la calle de en medio, o como lo queramos llamar, y quedarnos con cuerpos finitos y levemente cónicos montados con los cercos rectos respecto a la tija del anzuelo y utilizando bolas redondas que nos permitan un perfecto equilibrio de la imitación.

En el caso del perdigón cónico de esta foto, está montado en un anzuelo del #14 con una bola de 2,4 mm, lo que nos permite mantener el cuerpo cónico y fino al mismo tiempo. A su lado, vemos un perdigón en el mismo tamaño de anzuelo y con una bola de 2,8 mm. Lo que a mí, particularmente, no me gusta nada, es montar perdigones cónicos con bolas de tungsteno de gran tamaño, ya que en ese caso sí que quedan excesivamente gruesos, y los cuerpos finos tienen ciertas ventajas.

¿Anzuelos rectos o curvos?

Este es un debate más complejo, y que al final casi depende más de los gustos de cada uno que de otra cosa. Y en algunos lugares, aunque aplicado a otro tipo de pesca, es un debate que lleva años dándose, tanto en los principales foros de internet, como en las más importante revistas impresas. Y me estoy refiriendo a las Islas Británicas, donde la discusión acerca de qué tipo de anzuelo es mejor para montar buzzers lleva años en portada y no creo que nadie se atreva a afirmar tajantemente ni una cosa, ni la otra.

Los partidarios de los anzuelos curvos afirman que permiten imitar más fielmente el perfil del insecto que se pretende imitar y los partidarios de los anzuelos rectos afirman que con ellos el riesgo del rizado es menor (tengamos en cuenta que la longitud de los ramales para la pesca en lago con buzzers no tiene mucho que ver con los ramalillos que utilizamos para la pesca a ninfa en río).

A mí, personalmente, los anzuelos curvos no me convencen para la imitación de ninfas de efémera, y los considero insustituibles para la imitación de larvas/pupas de tricóptero. El caso es que cuando he montado en ellos ninfas con cercos en materiales más bien rígidos alguna vez se ha vuelto a repetir un pequeño problema de rizado, por lo que poco a poco los he ido descartando, y cuando ahora monto en ellos imitaciones de este tipo, o bien suprimo los cercos o bien monto la ninfa como si fuese un anzuelo recto, solo que al final el ancho de boca resultante es mayor.

Por otro lado, que nadie se preocupe por la ausencia de cercos. Si nos dedicamos a coger ninfas o moscas por el río vemos que no es infrecuente que a muchas de ellas, de las naturales, me refiero, les falten los cercos. E incluso hay especies que en su estado larvario los cercos apenas son algo más que una cola incipiente. Y en el caso de nuestras imitaciones, igual. Todos sabemos que una mosca o una ninfa muy usada, despeluchada, con los cercos casi rotos, etc. es a menudo más eficaz a la hora de pescar que otra que saquemos completamente impecable de nuestra caja.

Ya he dicho anteriormente, que en el caso de las larvas o pupas de tricóptero, independientemente de cual sea el montaje, para mí los anzuelos curvos son siempre la elección principal, aunque puedan usarse también anzuelos de tipo jig o rectos en función de la imitación.

Tipos de anzuelos jig

Y sin extenderme mucho más sí me gustaría hacer una pequeña referencia a los anzuelos jig, que actualmente podemos encontrarlos en el mercado con el ojal perpendicular a la tija o recto como continuación de la misma. La mayor parte de lo dicho anteriormente es aplicable a este tipo de anzuelos, si bien tienen unas particularidades que merece la pena destacar.

En el caso del anzuelo jig tipo A, por llamarle de alguna manera, lo que siempre me ha llamado la atención es ver montaje con el saco alar en la parte “de abajo”, ya que este tipo de anzuelos derivan por el lecho del río casi en posición vertical, por lo que situar el saco alar en un lado o en otro no tiene mayor importancia. Personalmente prefiero simplemente limitar el montaje a cola o tag, cuerpo y tórax, añadiendo a veces algún material que dé mayor movilidad, pero sin darle la más mínima importancia al tema del saco alar.

Es en este otro tipo de anzuelos, en los anzuelos jig tipo B, por seguir llamándoles de alguna manera que nos permita distinguirlos al referirnos a ellos, donde sí tendría importancia la colocación del saco alar, ya que estos anzuelos sí tienen la tendencia a derivar de manera invertida, por lo que sí tendría sentido colocar arriba lo que suele ir abajo y viceversa.

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En cualquier caso, tanto en un tipo como en el otro, son anzuelos que nos permiten pescar con menos enganchones y que para los que no tenemos muy buen pulso ni una gran vista, facilitan enormemente el anudado del terminal.

En esta foto comparativa podemos ver la tendencia natural de cada anzuelo, si bien dentro de las corrientes del río y con el movimiento que nosotros le podemos imprimir a nuestras ninfas, esta tendencia natural puede ser alterada.

Conclusiones finales

Yo no me atrevería a decir si un tipo de perfil de ninfa es el mejor, ni siquiera si es mejor que otro, pero sí creo que cada una tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y es eso básicamente lo que he tratado de reflejar aquí. Seguramente muchos de vosotros habréis notado otras diferencias, otros pros y otros contras, así que os invito a exponerlas en los comentarios al artículo, que es la gran ventaja que nos brinda ConMosca.

También muchos habréis echado de menos que hubiese algún modelo con estos cuerpos de tungsteno que muchos utilizáis. Yo no los he utilizado lo suficiente como para poder sacar demasiadas conclusiones. No me gustan. Las veces que los he usado he tenido demasiados enganchones y demasiados fallos en el clavado. Además de que a mí particularmente no me gusta la pesca con ninfas extraplomadas, y rara será la vez que utilice más peso que el que me pueden dar dos ninfas con bolas de 2’8 o 3’0 mm. Pero eso es una opción personal.

Y finalmente, si tuviese que quedarme con un único montaje, o perfil de ninfa, mi elección sería una ninfa de bétido montada en anzuelo recto, con unos cercos rectos y ni excesivamente largos ni cortos, un cuerpo más bien “sólido” y un tórax con un poco de dubbing que ayude a equilibrar el montaje y le proporcione un poco de movilidad sin comprometer en exceso su capacidad de profundización. Mis jeddoskas y faisanas están montadas así y entre esas dos ninfas seguramente me den más del 50% de los peces que pesco a ninfa a lo largo de cada temporada.

Abel Cotarelo. -Abel-

Escrito por Admin

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