En ocasiones conviene detenerse para echar la vista atrás, y no solo en la pesca, aunque en este mundo actual que avanza a velocidad vertiginosa no acostumbremos a hacerlo tanto como quizá debiéramos, es una buena manera de mantener siempre la perspectiva.

Llevaba años queriendo realizar un pequeño experimento, más a modo de juego conmigo mismo que con la intención de sacar ninguna conclusión aprovechable, y al fin la temporada pasada saqué unas pocas jornadas de pesca en los ríos Aller, Caudal y Narcea para llevar a cabo dicho juego.

La idea consistía básicamente en comprobar si las moscas que habían sido auténticos fetiches en mis primeros años como mosquero, al margen de sedas, rayones y misticismos varios, seguían siendo efectivas, o al menos medianamente eficaces, en estos tiempos de braidbacks, shellbacks, spectras y brillos varios.

Y puedo decir que todas ellas me dieron peces, unas más fácilmente que otras, pero ninguna se quedó sin permitirme tocar escama. Los modelos elegidos entre ninfas, ahogadas y secas fueron casi una docena, y me gustaría en esta ocasión centrarme en las secas, ya que a priori eran las que más dudas me despertaban.

La Tricolor

Es esta una mosca clásica francesa creación, como tantas otras, de Henri Bresson, que todos conocemos y que cualquiera que lleve más de una década mojando moscas por nuestros ríos habrá tenido atada a su terminal en más de una ocasión. El debate sobre si imita a un tricóptero en vuelo, si funciona como una simple atractora o si resulta atractiva para las truchas es tan viejo como imposible de resolver, por lo que no me gustaría enredarme en un debate que no conduce a nada ya que, en cualquier caso, la mosca gozaba de una gran fama debido a que era imposible dudar de su efectividad.

Y sigue pescando. Que nadie lo dude. Quizás no tanto como antaño, cuando podíamos pasar una magnífica jornada de pesca con esta sola mosca sin preocuparnos de nada más. Pero comparar su efectividad entonces con su efectividad ahora carece de sentido, ya que ni los ríos, ni las truchas ni nosotros somos los mismos.

Lo único que puedo decir es que mi primer pensamiento fue el mismo que hubieran tenido tantos otros: “buah, no me la van a coger ni en sueños, flotando tan alta, teniendo que usar un 0/14 para que no me rice el terminal, a media tarde en verano y con este solazo…”. Pues aunque las circunstancias no fuesen propicias debo decir que dos truchitas del Narcea, en el tramo libre sin muerte del Desastre, tuvieron a bien confirmarme que aunque quizás no fuese la mosca más adecuada para ese momento, sigue siendo muy capaz de provocarles un grado de tentación suficiente como para subir a por ella.

No creo que nadie dude de los materiales con los que está confeccionada, pero por si acaso, la mía, que no es completamente fiel al montaje original, se montó con un hackle dark champgne junto a la curva, otro medium brown en el centro y uno medium cahill dun junto a la cabeza, el más clarito, con un hilo de montaje marrón y en un anzuelo del #14.

La Cheposa

Mi primer contacto con esta mosca se produjo por recomendación de “El Rubio”, poseedor de una armería con el mismo nombre que se encontraba en Gijón a apenas tres minutos caminando de mi casa. Fue mi primer contacto con una mosca que podamos considerar moderna, una emergente con CDC que derive relativamente placada y que supuso para mí una pequeña revolución anterior a tener conocimiento de los modelos de Marc Petitjean.

Desconozco quien fue el creador de este modelo, como sucede con tantas otras moscas de origen español, ya que nada hay aquí tan complicado como situar cada modelo en relación con su autor y la fecha y el lugar, pero es este un tema que quedará para posterior ocasión. En cualquier caso, y haciendo meras suposiciones, me imagino que partiría de Patri, el Virutas o el Morci, o algún otro pescador de algún círculo cercano a ellos, allá por los años ochenta o principios de los noventa (o quizá antes).

Lo que sí sé es que el modelo del que yo tuve conocimiento en su día no estaba montado con CDC, sino con pluma de gallo pardo de León. Aún así, más que los materiales concretos, lo que interesa en este caso es el patrón: una exhuvia (de seda, avestruz o lo que cada uno estime conveniente), un cuerpo en dubbing, un saco alar (en CDC, antron, pluma de León…) y dos o tres vueltas de hackle, con la posibilidad de añadir una brinca o no, siempre en anzuelos del #18 o el #20 y siempre capaz de dar peces en las más variadas circunstancias, como sucedió el año pasado en el río Caudal, en un día que tampoco era el adecuado para pescar a seca, ya que la actividad fue nula durante toda la mañana.

Lo mejor que podría decir de ella es que es una mosca clásica/actual, un patrón con el que adaptándonos a los materiales que más nos gusten, seremos capaces de sacar peces en cualquier escenario, momento, fecha y condición.

La Gallica 30

Otro modelo clásico que llegó a gozar, primero, de un secretismo casi hermético, para después tener el privilegio de adornar las páginas de las más afamadas publicaciones, de aquí, y de fuera. Aunque parezca increíble es una mosca de los años 30 del siglo XX, creada codo a codo por Léonce de Boisset y Gérard de Chamberet, en las cercanías de la localidad de Charette, nombre insigne donde los haya en la historia de la pesca con mosca en Europa.

Y al igual que con la Tricolor de Bresson, dudaba que una mosca tan distinta a lo que habitualmente utilizo fuera capaz de despertar el interés de nuestras amigas pintadas. Hablando con franqueza, fue con la que más me costó llevar una trucha a la sacadera, y que una vez conseguido, no volvió a estar atada a mi terminal, pero el mero hecho de que funcionase, hace que todo el respeto que un día le tuve, se siga manteniendo intacto.

En este caso traté de ser lo más fiel posible al montaje original, evitando las fibras de pato mandarín, que fueron sustituidas por flanco de pato para las alas, con un hackle de gallo rubión, unos cercos de gallo gris (como en la receta original, aunque en España se hiciese popular con cercos en rubión) y un cuerpo en quill de pavo desbarbado, que parece que hoy en día está viviendo un renacer que algunos no tenemos claro si se debe solo a la marcadotecnia o a su efectividad en acción de pesca. El anzuelo elegido fue un #16 y las truchas cautivadas solo una, pero mereció la pena.

La Charnoz

Y si la cheposa fue mi primer contacto con las moscas “modernas”, la Charnoz fue la revolución. Mi conocimiento de ella fue más o menos contemporáneo al que tuve de las moscas de Marc Petitjean, y entre unas y otras hicieron que me replantease todo lo que creía que sabía de pesca con mosca. Y esto para mí es el mejor piropo que podemos echarle a una mosca, cuando mueve todos nuestros cimientos y nos hace empezar de cero, creyendo que no tenemos ni idea y que todo lo que hemos hecho hasta esa fecha ha sido perder el tiempo, salvo por los infinitos momentos de disfrute a la orilla del río y en compañía de los amigos.

Y la Charnoz, creación de Jean Marc Chignard, no solo pescaba, sigue pescando y pescará durante toda nuestra vida. A decir verdad es en la mosca que menos respeté el montaje original, ya que en el modelo original el hilo de color vino ocupa aproximadamente un tercio de la tija, estando el resto cubierto por dubbing de liebre y los cercos son rojizos. En mi caso, elegí unos cercos grises y opté por alargar la parte de hilo de color vino dejando para la liebre solo un remedo de tórax y manteniendo el CDC natural para las alas.

Y si en su día removió todas mis ideas e imaginaciones sobre moscas, el año pasado me hizo ser consciente de que, en ocasiones, dejamos de lado magníficas moscas solo por mantener un empeño que llega casi a la obcecación por “estar a la última”, por usar lo que nadie usa. Y yo, que estoy convencido de que usar lo que nadie usa puede ser quizá la mejor opción en lo que a elección de artificiales se refiere, este año llevaré conmigo un buen surtido de Charnoz, acompañadas de Usuals, emergentes de LaFontaine, Barones, “Peutes”, F-Fly y moscas con seda y cercos, alas y collar con pluma de gallo vivo de León, que junto a unos escarabajos, hormigas y algún paraloop y emergente en CDC, va a ser con lo que me obligue a mí mismo a pescar durante toda la temporada (y estoy seguro de que los resultados no serán peores ni mejores que cualquier otro año).

En resumidas cuentas, sin ser ningún amante de lo vintage, más allá de mi afición por coleccionar ciertos modelos de carretes Hardy, Orvis, Loop y, si la economía me lo permitiese, ATH, Abel y Tibor/Billy Pate, puedo decir que este pequeño juego me ha hecho ser un poco menos amante de lo moderno, y ser más consciente aun de que cualquier mosca, empleada en las condiciones apropiadas, puede ser capaz de darnos el pez de nuestra vida, siempre que haya sido montada de acuerdo con la idea para la que fue diseñada (por poner solo un ejemplo, de nada nos serviría montar una cripple de Galloup si no posa como debe).

Y más allá de las truchas, me resultó tan gratificante, que para este año ya he elegido los modelos con los que jugaré la nueva partida: Tup’s Indispensable, Griffith Gnat, una Paisana de cuerpo naranja y hackle golden badger y una Grise à corps jaune. Estoy casi seguro de que ninguna me defraudará.

Abel Cotarelo. -Abel-

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