Aclaración previa

La palabra estrímer procede del inglés “streamer” y si la utilizo con grafía castellana es porque la Real Academia lo acepta como se puede observar en la siguiente respuesta a una consulta que le hice :

La tendencia actual de la Academia es la de tratar de evitar la entrada en nuestra lengua de extranjerismos innecesarios….. que tienen una traducción o voz equivalente en castellano, “aparcamiento” por “parking”, por ejemplo.

Caso distinto es el de aquellos términos que designan objetos o realidades nuevas, que no tienen equivalente en español. Es frecuente entonces adoptar el término extranjero acercando su grafía y pronunciación a las características propias de nuestra lengua si es necesario. Ejemplos: bit, fax, escáner.

En lo relativo al anglicismo streamer, la adaptación estrímer aparece ya documentada en abundantes páginas de Internet.

Reciba un cordial saludo.

Departamento de “Español al día”. RAE

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El estrímer es un señuelo que me gusta para pescar en aguas paradas, lagos y reservorios. Escribí sobre el tema en varias ocasiones desde Planeta Mosca (1998) hasta Sobre Fotos de Pesca con Mosca (2013). Pero como los comentarios de los pescadores son inacabables, otra vez vuelvo al grano con mi experiencia de una modalidad dentro de la modalidad :

Hasta hace poco usaba el estrímer pescando a medias aguas con una línea intermedia o más profundamente con una línea de hundimiento. Y sigo practicando las dos técnicas según el capricho o la observación del día. Hay pescadores de piñón fijo que repiten siempre lo mismo, lo perfeccionan y son los que mejores resultados tienen. Yo en la repetición me aburro y mi inquietud natural hace que busco novedades, muchas veces sin efecto convincente pero otras veces con éxito. Fue lo que me pasó con el estrímer de superficie..En nuestro lago de Albi, sembramos truchas a finales de septiembre sin alimentarlas artificialmente. Se buscan la vida persiguiendo los alburnos y cebándose de todo lo que encuentran entre los fondos y la superficie: larvas, quironómidos, moscas ahogadas o flotantes. Solemos abrir la temporada con un máster Franco-Español en octubre y luego las pescamos con anzuelos sin muerte devolviendo cada captura a su elemento.

El Captura y Suelta permite conservar la casi totalidad de los peces sembrados pero su inconveniente es que las truchas se adaptan con una rapidez impresionante y son cada día más difíciles de convencer. A cualquier nivel de agua que se muevan reconocen pronto las moscas peligrosas. Sólo se dejan engañar por la sorpresa o por el efecto excitativo basado por regla general en la rapidez de recuperación y también en ciertos colores con brillos que suelen variar de un día para otro.

A veces no se ve ninguna cebada pero a menudo suben a comer arriba y en este caso son muy selectivas. Probamos todo tipo de mosca seca, grandes, pequeñas y medianas con alguna captura pero sobre todo mucho rechazo. Una tarde que me volvían loco por su insistencia en desdeñar mis mosquitos se me ocurrió aburrirlas a estrímer. En vez de cambiar de línea, seguí con la flotante en cuyo terminal até un diminuto estrímer blanco como el que se ve en el colage. Ni bien alcancé la zona de cebadas, clavé una trucha. Pensé que era pura casualidad pero repitiendo y trayendo el señuelo con rapidez en la película del agua seguí sacando piezas de varios tamaños. La explicación aparentemente lógica es que los peces que comían arriba misteriosas moscas, avezados a detectar nuestros habituales engaños, no despreciaron la novedad en el menú que se les antojaría, como a los bípedos humanos, alguna golosina desconocida. Desgraciadamente pasó lo de siempre, que algún listillo se enteró de lo que ocurría y lo puso en práctica, imitado luego por otros de tal manera que al cabo de algunos días el estrímer de superficie dejó de funcionar como en los primeros tiempos. Cambiarle el color no fue muy efectivo aunque observé que el blanco andaba mejor con los días de sol, el oliva oscuro con cielo nublado y el verde claro al oscurecer. El cuerpo es de marabú, la bolita de cabeza es pequeña y ligera, la longitud total no pasa de cuatro centímetros.

La experiencia sin embargo no cayó en saco roto y cuando llegué al mítico Futaleufú, en los pozones y remolinos donde siempre se ven truchas merodeando arriba, en vez de poner secas o semi-ahogadas probé el estrímer de superficie. El resultado no fue tan espectacular como en nuestro lago. Conseguí no obstante engañar alguna arcoiris con pequeños señuelos negros moviéndolos con rapidez. Cuando me cansé de repetir el mismo lance, cambié de modalidad volviendo como siempre a la mosca seca, casi siempre la “Juanrené” que me demostró, por si fuera útil, que hice bien en nombrarla mi mosca preferida.

–gR– feb.2014

Escrito por Admin

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