Nota preliminar: Me parece importante que los lectores de Conmosca sepan que escribí este artículo por iniciativa de nuestro amigo Ernesto:

“ Como sabes estamos publicando una serie de artículos con el perfil de mosquero de unos cuantos pescadores relacionados con la revista ConMosca (entre ellos tú).
Hay un punto en común en muchos por el que comenzaron a practicar la pesca con mosca después de ver a “alguien” en un río lanzando de una forma extraña y mantener una breve conversación con él.
Se me había ocurrido cerrar esta serie de artículos con uno de ficción de “ese misterioso personaje” de los ríos de nuestras tierras  que tantos adeptos ha hecho a este tipo de pesca. Y si te parece bien como idea, me gustaría que lo escribieras tú”
.

Esa sugerencia cayó como anzuelo al hilo porque hace poco pescando un lago como una balsa de aceite donde ni un maldito pez se movía, me senté en la orilla pensando descansar un poco pero empezó a farfullar mi sombrero que no puede aguantar que me quede quieto :

– Guri si no pescamos  por lo menos podríamos charlar un rato

– Y ¿Qué quiere saber mi cacho-fieltro que tiene la mala costumbre de no dejarme en paz?

– Que me cuentes otra vez cómo empezaste a pescar a mosca

– Ya te lo conté cien veces y ahora vuelves a la carga. No conozco a nadie tan tozudo como tú. Ya lo sabes todo “Capiterco”.

– Es que hay algo que no acabo de entender..

– Eres como las mujeres entiendes cuando quieres entender y el resto del tiempo preguntas sin tener en cuenta lo que te dicen …

– No seas tan machista y explícame bien cómo viendo a un misterioso pescador te ha entrado un gusanillo que no te lo pudo quitar ni la cirugía

– Lo que me ha pasado le ha pasado a la gran mayoría de los mosqueros que lo declaran claramente cada vez que hablan de sus comienzos en el arte de pescar a mosca

– Ya empezamos a presumir…pescar a mosca es arte …y los mosqueros son artistas

– Para mí es artesanía y arte. Ya te dije en varias ocasiones que considero la artesanía como madre del arte pero es otro tema.

– ¡Por supuesto! Tus digresiones son famosas entre los que te escuchan y desgraciadamente entre todos los que te leen. ¡No saben por donde empezar el libro! ¿Por el principio o por el final? A ver ¿No quieres explicarme de vuelta como te entró esa pasión por la pesca a látigo?

– Por una vez es justa la palabra  “a látigo” y lo que me impresionó cuando vi. a aquel pescador en el río Viaur como lo comenté fue la técnica antes que nada.

– Ya sé que habías empezado a pescar a boya por influencia de tus amigos españoles . Con resultados inconfesables ¡ja! ¡Ja! ¡No sólo eran nudos de viento! ¡Ji! ¡Ji! Y el látigo ¿Qué?

– Pues en un primer tiempo no lograba analizar los movimientos que hacía aquel pescador que se me antojaba, o un malabarista por su habilidad o un arriero por su insistencia en arrear las corrientes como se arrean los caballos. La verdad  es que quedé maravillado sobre todo cuando le vi sacar una trucha que en un santiamén quedó sacrificada y encestada.

 ¿Y porqué no bajaste a hablar con él y a preguntarle?

– Porque hubiera dejado de pescar y yo de poder entender su técnica. Entendí que era  la de la famosa mosca seca, un mito para mí  en aquella época .

– ¡Claro! Siempre tu maldito  temperamento autodidacta:  no quieres lecciones de nadie y lo peor es que eres profesor y no dudas en dar clases. ¡Pobres alumnos! ¡Con quien salgo yo a pescar!….  ¿Y aquella misteriosa  técnica la entendiste?

– Creí entenderla pero cuando días después me encontré con otro “latiguero” que en un primer tiempo me puso buena cara, me regaló moscas y me prestó su caña para lanzar, intentando yo aplicar sus consejos y el ejemplo que me daba…. de vez en cuando ¿ no sabes lo que me dijo al final ? :

– ¿Que te faltaba práctica supongo?

– ¡Que no! que no tenía dotes para pescar a mosca y que era mejor que fuera a buscar caracoles, me quitó la caña de la mano y empezó a lanzar hacia un hervidero de cebadas …sin resultado ¡Alabado sea San Pedro!

 Igual tenía razón respecto a tu torpeza pero reconozco que fue bastante cabrón. A los novatos hay que tratarlos con paciencia o no tratarlos con desdén. Si no te acuerdas de tus principios difíciles  es mejor no enseñar nada a nadie ….

– Y yo bastante terco  para pensar que ahora, a un imbécil que no tenía ningún sentido pedagógico,  le tenía que demostrar que se equivocaba. Ya ves,  el gusanillo nació primero de la admiración y luego  de la contradicción. Empecé a salir sólo  con la caña de mosca. No me importaba si volvía vacío, insistí, me desanimé a veces  pero lo extraño es que llegó un momento sobre todo cuando pesqué mi primera trucha en que decidí que iba a dejar todas las otras modalidades

– O sea que no hay mal que por bien no venga…y no hay Guri que por cascarrabias no venga….  ¿Volviste a verle a ese impresentable?

– A él no porque no porque era de Lyon de los que en aquella época se creían la flor y nata de la pesca con mosca. Pero la pesca evoluciona y ahora van de caña caída …. algunos.

 ¿Cuántas palizas te tuviste que dar y además cuanto más joven más testarudo. Supongo que así y todo te divertías pescando.? ¿Qué estado de ánimo tenías?

– En aquella época no había cursillos y se decía que para ser un buen mosquero se necesitaban varias temporadas y para mí así fue. Terminé siendo un mosquero aceptable después de patear muchos  ríos, leer muchos libros y romper varias cañas de bambú que eran las únicas que existían entonces

– Así que, en tu caso, no hubo un misterioso pescador que te comió el coco con la pesca a mosca sino dos aunque el segundo intentó desanimarte y como te conozco creo que es el que más influencia tuvo porque nuestro “mosquero andante” se arregla siempre para que la crítica tenga un efecto boomerang y consiga, quedando en lo políticamente correcto, romperle la cabeza al otro.

– ¡Qué mal pensado eres sombreruco!

– ¡Qué poca razón tienes cascacañas!

— gR – enero 2013

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