Empecé a pescar con unos once años aproximadamente, y todavía no sé el motivo. Creo que fue por mi cumpleaños que les pedí a mis padres una caña de pescar; nadie pescaba en mi familia, no conocía a nadie que pescase, estaba en Ronda (Málaga), de vacaciones, con un riachuelo al lado que no sé siquiera que peces tenía…. Por más que lo pienso no acierto a adivinar de donde saqué la idea.

El caso es que estuve unos cuantos años (toda la adolescencia) pescando con aquella caña, de cualquier manera, a mosca, a meruca a fondo, a cucharilla… Me daba igual el sistema, iba a truchas y anguilas en los ríos Nalón y Trubia, con algún amigo, solo….. En definitiva, creo que la pesca me surgió como algo atávico. En los últimos años de la adolescencia fui adquiriendo alguna caña más para pescar a cebo corrido, a “puntavara”, a pluma…

Sobre los 20 o 21 años vine a descubrir la pesca a látigo de la mano de un amigo un poco snob que se apuntaba a todas las modas. Empezar a pescar a látigo y a montar moscas fue casi uno. Al principio me hice con un kit de los de Monterroso, algo de material en El Pescador y Collín (este menos, nos tenía manía a los mosqueros, creo), y el librito de Tony Whieldon…, y hala, a engañar a las truchas, que por aquél entonces abundaban más que ahora.

Nunca he sido un pescador codicioso, ni comprendido las grandes pescatas. Creo que lo máximo que llegué a matar en un día serían unas cuatro truchas, y la mayoría de los días mataba una o dos que le llevaba a mi padre, así que el paso a la pesca sin muerte fue inmediato; empezó a molestarme llevar cesta, y después más aún llevar la trucha colgando de un junco en la cintura, y al final cada vez me molestaba más matar una trucha. Aún recuerdo a la gente que paseaba por la Senda del Oso al lado del  Trubia cuando me veían soltar alguna trucha buena…, no eran capaces de entenderlo y en alguna ocasión me preguntaban que ¿Qué me había pasado?, jeje. Los que hayan pescado a mosca sin muerte en aquellos años en Asturias sabrán perfectamente lo que era encontrarse por el río con otros tipos de pescadores; faltaba poco para llegar a las manos, éramos especie odiada, … esos que sueltan las truchas.

El río Trubia siempre será uno de mis favoritos, aunque a día de hoy está esquilmado, fue mi escuela de pesca y es el tipo de río que más me gusta; accesible, con continuas posturas, buenas pozas…, lo tiene todo para ser un gran río truchero. Es una pena en lo que se ha quedado, que este año ni  lo he pisado por saber de antemano que ya lo habían “matado” un poco más. Tampoco escatimaba paseos al Aller (impresionante lo que era este río), alguna vez al Narcea…

Un par de años después empecé a pescar también en León aconsejado por Paulino Posada “Cholo”, al que conocí al ir a comprarle una Kilwell Matrix neozelandesa, pues de aquella Codimovil tenía la representación para Asturias. Y por supuesto tuve que volver por la tienda varías veces desde entonces. Y desde ahí ya empezaron los viajes por la geografía española: A Peralejos, a Soria, La Rioja…, hasta que uno se casa y tiene familia…, y se acaban las alas. Desde entonces mis escenarios son ríos asturianos, viajes esporádicos al Esva, el Agüeria, Taramundi, Aller, San Isidro…, algún paseo nostálgico por el Trubia, Teverga…, escapadas cortas al lado de casa en el Caudal, y unos viajecitos a León. También he sido penitente del salmón a mosca con desigual fortuna, siempre por los ríos del Principado.

Actualmente soy mucho peor pescador de lo que era, practico poco y me gusta demasiado “experimentar”, aparte de no asumir ya los riesgos que tomaba cuando era más joven. Me empeño cada año en aprender nuevos métodos de pesca a látigo. Los últimos años los dediqué en su mayoría a pescar con soft hackle, y esta última temporada lo que más he usado han sido moscas ahogadas de pluma de León. De la mosca ahogada me encantan los distintos lances y sobre todo la intensa picada de la trucha. Me encanta el reto que representa el misterio de la pesca a mosca y las cávilas a que nos lleva; el montaje, las proporciones del mismo, los brillos…, que hacer para provocar la picada, como mover la mosca en el lance…. Es algo que nos hace aprender todos los días, y personalmente creo que no hay mejor objetivo en la vida que el aprendizaje. Últimamente también lo doy alguna vuelta al tema del lance de secano, sobre todo las semanas previas al inicio de la temporada. La pesca se ha convertido en algo que va mucho más allá de sacar peces. Si me preguntan cuantas truchas he pescado, casi nunca se decirlo (cuando he pescado), pero uno siempre se queda con el recuerdo de los “lances”, …aquella trucha en el recodo…, aquella deriva interminable…, ese pez que surgió de la nada…



Creo (más bien estoy seguro) que nunca conseguiré ser un buen pescador, pero el reto de intentarlo vale toda una vida, y es lo que me importa. Esas primeras horas del día a la orilla del río…, con el rumor del agua, el frescor en la cara, el frio en las manos montando el aparejo…, la visión de una trucha cebándose en una tabla…, y la esperanza de que un pez atrape tu mosca. La última escena de la película “El río de la vida” creo que resume perfectamente el sentimiento de ser un pescador de mosca y de haberlo sido toda tu vida; ese “abandono” de uno mismo que se siente en el río, creo que nunca lo he encontrado en ningún otro sitio.

No tengo moscas fetiche, pero ocasionalmente suelo apostar por alguna en concreto. Como ya comenté, estos últimos años pesco la mayor parte del tiempo a ahogada, y a veces las combino con una ninfa en punta. También he estado usando la Royal y la Barón Rojo; especialmente por los halagos que han recibido en esta página (y se los merecen). Me gustan las emergentes para pescar las cebadas, y tengo bastante abandonados los tricópteros en seca, pero no sabría decir porqué (supongo que en los escenarios que visito no he coincido con ellos).

Espero, en definitiva, poder pescar a mosca toda mi vida, y disfrutar de los ríos y sus peces, aunque cada vez lo ponen más difícil.

Por último agradecer a todos los que participan en esta revista lo mucho que me han enseñado, y la atención prestada a lo que alguna vez he expresado de una u otra forma, y recordar, -para cuando nos enervamos un poco en las discusiones-, que la mejor forma de luchar contra la ignorancia (que es patrimonio de todos), es hacerlo contra la de uno mismo en lugar de hacerlo contra la de los demás.

Un saludo a todos y buena pesca.

Fulgencio Barrado. -transseunte-

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