Un año más, y ya van 10, hemos celebrado nuestro encuentro.
Texto: Jesús García Azorero.-azorero-
Fotografías: danielpc

Crónica del X Encuentro de ConMosca

Un año más, y ya van 10, hemos celebrado nuestro encuentro. Ese fin de semana anual reservado para una reunión de amigos en la que los protagonistas son los peces, las moscas, las cañas, los hilos y las plumas. El lugar elegido fue la ciudad de Salamanca, sede de un nutrido grupo de Conmosqueros que se preocuparon de acogernos y guiarnos por su ciudad, y por su río. Ese fabuloso Tormes que tienen a un tiro de piedra de sus casas, y que parece diseñado a propósito para la práctica de nuestra afición.

Los más madrugadores nos presentamos en Salamanca el viernes 12 por la mañana, dispuestos a dedicar un par de horas a conocer los barbos y las carpas del embalse de Almendra, con la ayuda inestimable de los amigos del club Mosqueros del Tormes que nos llevaron a las zonas más apropiadas, que ellos conocen tan bien. El día era espléndido, pero lo avanzado del calendario, y lo tardío de la hora en que comenzamos a pescar, ocasionó que no tuviéramos muchos peces a tiro, y los que se dejaron ver por las orillas nos obsequiaron con más rechazos que picadas. Y además las picadas se tradujeron en roturas, así que…nos quedamos sin fotos de las carpas y los barbos salmantinos.

Casi sin darnos cuenta llegó la hora de comer, que nos permitió comprobar lo bien que se puede comer, tanto en calidad como en precio, si te llevan al sitio adecuado. Esa es la gran ventaja de contar con el asesoramiento de los locales. Y tratándose de Salamanca, la calidad del plato de ibéricos está garantizada; pero yo todavía me acuerdo de esa ensalada con tomates de verdad, de los que han madurado en la mata y no en la cámara. Comprendo que para los que viven junto a un huerto esto no supone ninguna novedad, pero para los que nos amontonamos en las grandes ciudades, esa cosa tan sencilla es un auténtico lujo. En la comida se juntó al grupo Daniel PC, que, como siempre, se dedicó en cuerpo y alma a las labores de organización, y estaba un poco preocupado por las dificultades de aparcamiento en las proximidades del hotel que teníamos reservado. Pero más adelante, con la buena voluntad de todo el mundo, esos problemas logísticos fueron menos importantes de los que nos temíamos en un principio. Desgraciadamente, a lo largo de la comida le llegó a Ernesto la noticia de un problema familiar grave, que le obligó a abandonar precipitadamente la reunión, dejando al encuentro sin uno de sus principales promotores.

Tras esta desagradable novedad, nos dirigimos a Salamanca, donde nos encontramos ya con el grueso de la expedición, en particular el grupo procedente de Cantabria, numeroso y animado. Tras una tarde de reencuentros entre viejos y nuevos amigos, llegó la hora de la cena del viernes, que fue…manifiestamente mejorable. La verdad es que tanto por la calidad como por la cantidad, el  menú de la cena no pasará a los anales de los encuentros de ConMosca. Pero lo peor fue el vino: en cuanto que se sirvieron las primeras copas, la petición de gaseosa fue unánime. Curiosamente, no había gaseosa, así que hubo que optar por el refresco de limón para hacer más pasable esa pócima oscura…

Afortunadamente, entre el buen humor de los asistentes y la simpatía de las camareras (que se portaron de diez), se pudo pasar el trance. Y también ayudó la espectacular vista de la Plaza Mayor de Salamanca que teníamos delante de nosotros en el mismo comedor. Bastaba apartar los ojos del plato y pasear la vista por el balcón para que la comida, afortunadamente, pasara a un segundo plano.

Tras la cena,  se organizó en la cafetería una mesa de montaje, en la que Dani nos enseñó a montar moscas tubo para salmón, y Jamdelarco montó algunas de las moscas que habría que usar en el Tormes.

Y a la mañana siguiente, tras reencontrarnos en el desayuno (con las conversaciones ya bien conocidas de otros años: “Si es que no he pegado ojo. ¡Este tío cada año ronca más fuerte!”) nos dirigimos al EDS del Tormes. Un escenario perfecto para la pesca. El río en un nivel muy bajo, permitiendo vadear cómodamente por multitud de zonas, nos permitió dispersarnos de manera que cada uno pudo encontrar su hueco donde sentirse cómodo y sin apreturas. En cuanto a resultados, pues…como siempre, unos mejor y otros menos mejor. Las fotos dan cuenta de que alguna trucha se dejó ver, y de lo bonito que estaba el río. Afortunadamente, no hubo muestras de actividad a mediodía, porque si hubiera habido alguna cebada seguro que más de uno se habría saltado la comida.

Y habría sido una pena. No por la comida, que siguió la tónica de la noche anterior en cuanto a calidad y cantidad. Ni por el vino, que fue el mismo. Pero sí por el ambiente, el buen humor, y el sorteo de regalos aportados generosamente por los patrocinadores: Pesca Santa Ana, Jose Cenador, Artesanos de la Mosca, Madrid Flyfishing, Mosca y Linea, Editorial Sekotia y Karramarrofly

Independientemente de los regalos de los patrocinadores, fueron muy favorablemente acogidos los preparados por nosotros mismos: una estupenda acuarela de Cuartero, y dos moscas de salmón enmarcadas que aporté yo mismo. Probablemente habría que insistir en esta vía en futuras ocasiones.

Y, como todos los años, también tuvimos la colección de hilos Madeira, que mantuvieron muy entretenidos a los especialistas en ese álgebra esotérico de los números y los colores. Para los montadores de perdigones, fueron especialmente interesantes unas bobinas de colores metalizados, muy aparentes. Todo el mundo pudo servirse a discreción de todos los hilos presentes. Bueno, de todos no: había una bobina de un color ámbar metalizado, que debe ser mano de santo para montar ninfas o ahogadas, porque desapareció en un santiamén. Antes de que nos diéramos cuenta, alguien decidió que la quería entera para él; espero que le dé muchas truchas y que todas vuelvan con salud al agua.

Después del sorteo de regalos, se presentó un video que próximamente será colgado en ConMosca, dirigido por Daniel Agut -larubia-, donde se analizan los distintos aspectos de la pesca relacionados con un río calizo, no regulado. Entomología, montaje, lanzado, lectura del agua…todos esos aspectos se tratan de una forma muy didáctica, combinados con unas bonitas imágenes de ríos y truchas.

Y el resto de la tarde se pasó con una mesa de montaje, prolongación de la de la noche anterior. Como siempre, es un placer ver montar a gente que sabe: yo me lo pasé muy bien, y aprendí mucho del resto de montadores que se pusieron a los tornos: Pakito, Jamdelarco, y Dani.

Sin darnos cuenta, llegó la hora de la cena del sábado, que como es tradicional se basó en compartir las distintas “delicatessen” procedentes de variados rincones. Como siempre, la morcilla de Burgos y las anchoas de Santoña, combinadas con los pimientos caramelizados de Pakito, pusieron un listón muy alto, compensando con creces los sinsabores de la cena y la comida previas. Y si añadimos como final las canelas de Revuki, pues… Todo estaba  realmente muy bueno.

Tras la correspondiente tertulia, la gente se fue retirando a sus habitaciones, a disfrutar la reglamentaria sesión de ronquidos.

Y al día siguiente, en la mañana del domingo, buena parte de los asistentes decidió aprovechar la mañana para un regreso tranquilo y sin atascos, pero no faltó ese grupo de entusiastas que no se pudieron resistir a despedirse como Dios manda del EDS del Tormes. Las ocasiones hay que aprovecharlas.

El tiempo pasó volando. El “encuentro de la crisis”, marcado por la falta de algunos “históricos” que seguro que se volverán a incorporar con su entusiasmo habitual en cuanto que vengan tiempos mejores, nos dejó con el buen recuerdo de una tierra privilegiada que sin duda volveremos a visitar.

No quiero terminar esta crónica sin hacer mención a las mujeres que han acudido, este año en mayor número, al Encuentro; (mujeres de los compañeros, especialmente los de Cantabria). Gracias por su paciencia y su buen humor. Desde su reciente incorporación, han pasado a ser una parte habitual y entusiasta de los encuentros. Seguro que no sera la ultima vez que vengan.

Jesús Garcia Azorero. –azorero-

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