En la introducción al primer capítulo de mi libro “Tertulias de Pescadores” he citado a Pablo Neruda cuando escribe que el escritor “tiene mucho de común” con los pescadores árticos que necesitan “perforar el hielo…soportar la temperatura y la crítica adversa, desafiar el ridículo” …. para sacar finalmente un pez pequeño…. “Pero debe volver a pescar, contra el frío, contra el hielo, contra el agua, contra el crítico…..”
Me parece interesante cavar un poco más el tema del “crítico” mejor dicho de los críticos en general. Desde que empecé a publicar artículos y libros hubo eclosiones de críticos que a veces lograban picarme, como pican las avispas, a traición. Me pasó en Francia cuando escribía en “Plaisirs de la Pêche” y “Pêche Magazine”. En esta última y excelente revista un “mindundis” escribió a Monsieur Paul Boyer, un gran director (también los hay pequeños), acusándome de no conocer las moscas leonesas cuando explicaba en un artículo que un “pardo” no es un “indio” y éste no suele estar moteado. Quise morirme de risa. Las únicas críticas que me hirieron fueron las que sentí como injustas y agresivas. Ahora me las tomo con más calma recordando a Don Quijote cuando, para templar el miedo de Sancho Panza oyendo ladridos de perros, le dijo : “Ladran los perros, señal que caminamos” Finalmente podría hacer de esta reflexión mi filosofía, si me ladran los perros, habéis entendido que los confundo con algunos críticos, es buena señal, es señal que yo sigo caminando.

Sin embargo, a pesar de la coraza antipolémica adquirida a lo largo de los años, no quedo insensible a los ataques rastreros y no consigo borrarme algunos de mi cabeza. Cuando empecé a escribir en Trofeo un pescador famoso, un referente en la pesca a mosca, me mandó una carta abierta donde me echaba a parir como se dice ahora. Hoy por hoy, con documentos que tengo archivados, estoy convencido de que no pudo aceptar que ese Don Nadie, ese franchute, ese defensor de la mosca de conjunto y de la presentación, le quitara protagonismo.

Para mi hay una deontología del crítico que debería ser la misma que la del periodista. Cualesquiera que sean sus opiniones, o el grado de amistad con un autor, su primer deber es el de analizar objetivamente el escrito que ha decidido comentar. Que no esté de acuerdo con todo y que lo diga me parece muy bien, pero que critique a partir de una ideología personal, o simplemente desde su propio y ambiguo punto de vista, que tome partido relegando todo lo que no es de su devoción me parece ruin y sórdido. Recordando un dicho popular opino que un crítico que siempre arrima el ascua a su sardina es un personaje despreciable, un “parlapuñaos”, sin más.

La mayoría de los críticos, por no decir criticones, no son autores, no son creadores, no tienen esa capacidad intelectual que hay que tener ni la valentía necesaria como para meterse ante el ordenador o la máquina de escribir con una hoja en blanco y crear una obra por su cuenta. Es comodísimo no hacer nada, quedar en acecho, como una garza inmóvil esperando su presa para plantarle el pico en el cuerpo. El que no crea nunca nada, jamás se equivoca. Espera que los otros actúen y entonces, con la soberbia del que sabe, empieza a picar sin pensar ni un minuto que el que actúa, incluso si comete errores, sólo por el hecho de actuar, se merece el respeto. La técnica del crítico no varía mucho del uno al otro, primero echa un poco de pomada y luego te da leña. Lo insoportable es que sólo va a buscar en tu obra lo que sirve sus planes. No hay nada más deshonesto como sacar una frase de su contexto para cambiarle el sentido, no sólo el sentido de la frase sino, a veces, de todo un párrafo. En un mundo donde impera la imagen siempre me sorprendió que no se criticaran las fotos, tema de reflexión de mi próximo libro, con tres ejemplares de muestra en este artículo. ¡Espero reacciones!

Lo que me “jode”, con perdón, es que el crítico, casi siempre, no explica sus críticas, sólo las suelta como la víbora su veneno. Una idea, aparentemente criticable cuando se la saca de su contexto, puede tener otra explicación. Nunca se deben olvidar las circunstancias que dieron luz a un escrito. Además, el que domina las palabras y sabe ajustarlas, tiene un poder enorme porque con la palabra se puede demostrar una cosa o, con un poco de habilidad, su contrario. Por eso es imprescindible atenerse a una ética como también lo explico en “Tertulias de Pescadores” (Capítulo nº1)

Creo que las críticas más agresivas que he tenido surgieron cada vez que toqué el tema de las competiciones, especialmente en “Mosquero Andante” (Tutor Madrid 2001) y sobre todo en “Competiciones y Competidores” (Sekotia, Madrid 2010) que me costó un trabajo enorme, entre otras cosas, para recoger entrevistas primero en España, luego en Francia, traducirlas, ordenarlas con total desinterés y objetividad aunque a veces me dolía transcribir opiniones que en el libro cito, pero me hice un deber de respetarlas todas.

Un amigo mío es partidario de tratar a algunos críticos (¡Ojo! me consta que también existen buenos críticos y buenos periodistas) sin misericordia, aplicándoles el efecto bumerang para que se enteren de los golpes que dan. Sólo parte de razón tiene porque el crítico, así y todo, es un ser humano pero como, a menudo, no puede ascender se queda en la parte baja de la escala. Es cierto que no todos los seres pueden llegar arriba ya que pocos son capaces de tomar el riesgo de una posible caída. De donde está, abajo, si el crítico se cae, no le pasa nada y si por casualidad alguno quisiera hacerme caso, le daría este consejo inspirado otra vez en la sabiduría popular : “Es mejor estar callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas”

Personalmente, como los pescadores árticos admirados por Pablo Neruda, intentaré seguir perforando el hielo contra el frío, contra la soledad del escritor y ….”contra el crítico hasta recoger una pieza mayor” !!!!

–gR—junio 2012

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