Esta vez Guy Roques ha decidido editar su libro. Se puede obtener a través de la web:
http://www.guyroques.moonfruit.com/

Presentamos, con la publicación de uno de sus capítulos, el nuevo libro de nuestro colaborador Guy Roques “Tertulias de pescadores”, una obra que quiere transmitir al lector, más allá de todas las vivencias dentro y fuera de la pesca, una herencia, un bagaje, la música del río y sus silencios, de la mano de uno de los mejores exponentes de la pesca a látigo en el continente europeo.

He comido calafate

Cuando hablo de calafate (1) no me refiero al que se dedica a calafatear embarcaciones. Es muy divertido ver que en botánica es también el nombre que se da en la Patagonia a un arbusto espinoso parecido al agracejo y produce bayas comestibles que tienen fama de atraer de nuevo al que las come. Por extensión se dice, en Argentina, de una persona que vuelve siempre al mismo sitio que “comió calafate”. Me lo dicen a mí cada año y con razón.

Intenté varias veces en mi fuero interno encontrar explicaciones a ese poder atractivo que dura desde hace más de 20 años. Lo cierto es que en un principio el encanto del hemisferio sur influyó mucho al cambiarme, como a toda la gente del hemisferio norte, los meses de invierno por meses de verano con sus correspondientes actividades turísticas y deportivas. Creo que todos entenderán que para mí hablar de deporte es hablar de pesca a mosca. Es largo y cansado el viaje pero lo que ofrecen los ríos de la Cordillera de los Andes merece la pena: días largos, aguas estivales, eclosiones de insectos acuáticos. Lo que es imposible de prever es el tiempo que puede ser de lo peor o de lo mejor. Por eso ir una sola semana es algo arriesgado.

El embrujo del Futaleufú

He leído un libro de un científico francés, Théodore Monod que relata su pasión, su necesidad existencial de ir con frecuencia al Sahara donde sus investigaciones le llevaron a penetrar el sentido de la vida. Me pasa lo mismo con el Futaleufú (río grande en lenguaje Mapuche) que discurre lenta y potentemente a unos 30 km de Esquel el que descubrí en el año 1988. Nunca podré prescindir de sus horizontes de cordillera nevada, de sus prístinas aguas en los primeros kilómetros río abajo de la presa del gigante Futalaufken (Lago Grande en Mapuche). Para mí el Futaleufú es mítico y místico. Es una fuente que me rejuvenece y me fortalece. Disfruto, desde mi embarcación, escuchando el silencio apenas interrumpido por pájaros y aves, teros, chimangos, bandurrias de grito seco y pico largo. De manera inexplicable y puramente intuitiva he tenido, navegando o meditando, varias revelaciones que salen luego en mis escritos. Al Futaleufú le debo muchas reflexiones sobre la pesca como la que voy a relatar.

Por una tarde del mes de enero 2008 anormalmente apacible y caluroso bajé con mi bote hasta una curva del río donde oscurece más temprano por ocultar el sol unos picachos de la Cordillera. Empecé a seca con mi moscardón en pelo de ciervo de dos colores. Enseguida saqué una trucha plateada (variedad de arco iris de cabeza corta parecida al reo, muy combativa y saltarina). No cambié nada. Todo el sereno a seca. Hay pocos pescadores en esta zona porque molestan los botes de motor que bajan o suben. No molestan tanto como las piraguas en Europa. En la cordillera hubo truenos y relámpagos. Las truchas estaban eléctricas y comían locamente. El río ancho de unos 100 metros hervía de cebas y saltos. Me destrozaron el artificial que vino a parecerse al “adefesio” (ninfa mortífera) de mi amigo Eduardo. No sé cuántas truchas pesqué porque no las contabilizo nunca, tengo otras prioridades. Eso sí que no eran grandes aunque de cada tres o cuatro de tamaño medio (35 cm) aparecía una más consecuente (40-45). A muchos pescadores les obsesiona la cantidad y el tamaño de los peces. Siempre salen las mismas preguntas :

– ¿Cuál es el pez más grande que pescó en su vida?

– ¿Cuántas truchas pesca Ud. en un día en la Patagonia?

El número de truchas pescadas en un día no tiene significación porque depende de la intensidad y de las horas que dedica cada uno a su afición. Tampoco le veo gran significado al pez más grande. Dije y repito que un reo de un kilo pescado con un 0,10 y una hormiga en un anzuelo del 20 es un pez más grande que un salmón de 19 libras pescado con un anzuelo doble, una caña de 2 manos y un terminal del 0,30. No, la esencia de la pesca no radica en las nociones de cantidad y tamaño. El Futaleufú me enseñó que la esencia de la pesca está en una simbiosis entre 4 protagonistas, el pescador, el río, los peces y la naturaleza. La búsqueda de esta simbiosis no tiene nada que ver con el número de capturas o la talla de un pez trofeo.

Por esa misma razón la pesca de grupo y la pesca de competición tampoco tienen que ver con la esencia de la pesca. Si no he descartado la competición, después de conocerla bien, fue por otras razones que expuse en su tiempo. Aún así siempre consideré la competición como una rama aparte, segundaria y no principal. Es un árbol de la selva pesca y nada más. Este árbol por más atractivo que tenga no debe ocultar el resto de la selva. El que incurre en esta equivocación se aparta de la esencia de la pesca.

Invisible Competencia

Después de tantos años de prospecciones y experimentos tengo en el curso superior del Futaleufú varios tramos medio secretos donde nunca me encontré con pescadores turistas. Sé donde conviene mejor pescar a seca, a ninfa o con estrímer. Conozco los remolinos obsesionantes por la actividad de los peces y el magro resultado diario. Sin embargo una mañana tuve una gran sorpresa. Me fui con mi bote a una ensenada que suele regalarme curiosas truchas arco iris y marrones. Cuando llegué vi mucha huella de caballos y pies ligeros que no consiguieron disimularse en el barro. Entendí enseguida que venía tarde que los indios ya habían pasado por ahí. Desgraciadamente otros lugares apartados del cauce del río estaban secos y como consecuencia la presión de pesca es más fuerte en los tramos pescables. Habrían sacado todas las marrones atrapadas por la merma súbita del río en los brazos de arriba donde no quedan más que pozones sin salida. Pobres truchas pienso yo sin inmutarme demasiado porque total los indios sólo pescan para comer con la cucharilla y el nailon enrollado en una lata. Son de una habilidad increíble. Finalmente no son furtivos.

Pescando entre flores

A veces tengo el sentimiento confuso de que me están observando detrás de las grandes matas de hierbas, de los sauces, maitenes o cipreses. Hace años que me conocen estos descendientes indomables de los nobles araucanos, que conocen mi “gomón” amarillo y saben que mi indeseable presencia sólo dura algunos días de verano. Nunca me manifestarán si quieren que me escabulla para siempre o si no les importa. Creo que, tomando mate, piensan que es sólo un ínfimo problema de tiempo, que de todas formas, algún día, el gomón amarillo no volverá. Los Indios suelen ser muy callados y pacientes.

(1) El Calafate es también el nombre de la ciudad más cerca del famoso glaciar : Perito Moreno.

Nota del autor: Este texto ha sido escrito 3 meses antes de la erupción del volcán Chaitén (mayo 2008) cuando el Futaleufú era todavía un paraíso de la pesca.

-gR-

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