Cuando me propusieron hablar de mi mosca favorita lo primero que hice fue decir que no, que no me gustaba mentir descaradamente en público. Mi mosca favorita me la enseñó mi maestro como uno de sus secretos y aún a sabiendas de que no se llegaría a enterar de mi indiscreción no traicionaré su confianza.

Pero a esta mosca que os pongo le tengo un especial cariño y está entre mis favoritas, quizá porque es un secreto robado, el secreto de otro.

Un tercer domingo de marzo de hace al menos 15 años llegó por fin, el día de la apertura, ansioso de empezar después de 7 meses velando armas, las moscas listas y con la firme determinación de no hacer experimentos el primer día decidí ir a un tramo poco conocido y muy castigado por las mini-centrales.

Llegué pronto, hacia las 11 y media de la mañana, me asomé al puente, 50 metros por debajo de donde se vuelve a unir dos brazos del río y allí estaban, no colocadas, pero estaban, como todos los años, en los mismos sitios.

-¡Tranquilo Alberto joder!! No hay prisa, llevas muchos años pescando para no haber aprendido nada…vete para abajo, te queda al menos una hora hasta que se coloquen, haz unos lances y vete cogiendo el tino, las distancias, suelta hilo del carrete y recoge en acción de pesca que luego se te llenará de líos y nudos en el momento menos oportuno…

Pues nada, armado de paciencia tiro río abajo a darles tiempo, voy pescando, afinando, tocando alguna  y cuando llegué al sitio deseado se me cayó el alma a los pies, allí estaba Othar oculto tras el pilar del puente, en  mi Valhalla. Tremendamente frustrado espero que se vaya, veo que me quita una, decido pasarle ya que parece que le van a salir raíces, le saludo y le pregunto a ver que tal, me enseña su macuto, lleva 3, y todas a la del medio me dice, miro pero no me enseña, la esconde, pero un rayito de sol y un trasluz traicionero me muestran  una mosca de un color marrón rojizo.

 

Esa mosca yo no la tengo, no la llevo, la leche de años montando y no monto esa mosca, así que nada más llegar a casa me lío al registro de los hilos y doy con uno, el 221 de Gutermann, lo monto y al sábado siguiente al río con ella.

Y pescó, ya lo creo que pescó, ese día y unos cuantos más, desde entonces siempre va conmigo el primer mes de pesca.

Con los años y las enseñanzas de buenos maestros hacen que cuando ves un hilo y no conoces el montaje hay que inventarlo, si te hablan de una referencia de seda y no te dicen cómo montarla hay que improvisar, pero hay que hacerlo con cierto criterio.

Dos partes de la mosca nos quedan por “inventar”, la pluma y la brinca. Indio siempre pesca y pardo hay que acertarlo o no pescas y la brinca siempre un componente del color  del cuerpo o una variación en su intensidad.(Marrón=azul+amarillo+rojo brincas posibles marrones aclarando hasta el hueso, azules, amarillas y rojas)

Gasté aquella bobina, me generaba cierta ansiedad no tener más, usaba un poliéster del mismo número…hasta que un día, creo que en 2006, en La Vecilla, durante la comida, cierto fabricante de adefesios asturiano enseñó una bobina del  221 que había comprado.¡ Y yo me había pateado la feria sin verla!

Aquel día hice el cambio que más ilusión me ha hecho desde que cambio hilos, me llevé en mano un 221 a cambio de un 977 salmón que le mandaría al llegar a casa. Debí dar un poco de pena ya que compañeros de mesa y gentes a los que les llegó la noticia de tan “ruinoso” canje me inundaron de 221 y similares, pero volví feliz.

Con el tiempo uno va descubriendo que sus secretos no lo son tanto, que uno cree haber descubierto la pólvora y resulta que mucha gente sabe de “tu” mosca, que fulano de no sé donde la monta, o que está en el libro de no sé quién.

¿Ésta es mi mosca favorita? Es una de ellas y espero que sea una de las vuestras.

Un abrazo a todos y ya queda menos aunque ya no sea el tercer domingo de marzo

Alberto Barcaiztegui – ABE777

 

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