Si me diesen a elegir una sola mosca para pescar en cualquier río del mundo, elegiría sin duda la Adams. En cualquiera de sus variedades y cambiando su tamaño podemos hacer frente ante la mayoría de las eclosiones. Es la primera mosca que pongo cuando voy a un río en el que nunca he pescado y no veo ninguna eclosión, pesca muy bien al agua y la podemos usar tanto en corrientes como en zonas lentas. He llegado a coger truchas incluso en parados pero con el collar en paraloop, a este montaje, que también me gusta mucho, no suelo ponerle los cercos de faisán dorado, no sabría deciros el porqué, pero siempre me ha funcionado mejor sin ellos.

Ficha de Montaje:

  • Anzuelo: TMC 100sp #14
  • Hilo de Montaje: Negro
  • Cercos: Tippet de faisán dorado
  • Cuerpo: Dubbing Adam´s Gray
  • Alas: 2 puntas de pluma grizzly
  • Hackle: Grizzly y marrón

A pesar del paso del tiempo, esta mosca, desde que se empezó a montar, ha ido cambiando muy poco del patrón original. Apenas se cambiaron los cercos por fibras de pluma marrón y grizzly mezclada y las alas se levantaron un poco, ya que inicialmente estaban montadas en spent. Pero personalmente sigo poniendo los cercos en tippet de faisán dorado solo por una sola razón, porque creo que funciona mejor la mosca, y le da más estabilidad.

Cada vez que nombro esta mosca me viene a la cabeza aquellas jornadas que pasé en los ríos castellano manchegos usando únicamente este patrón. Fue la primera mosca seca que aprendí a montar (ya hace más de 25 años, por entonces estaba iniciándome en la pesca con mosca ahogada). Todo comenzó al ver a un pescador “de látigo” mover de esa forma la línea en el aire, quede boquiabierto, mi curiosidad hizo que preguntara al pescador por esa forma de pescar tan rara y bonita a la vez. Muy amablemente estuvo respondiendo a todas mis dudas y preguntas, al terminar nuestra larga conversación, el siguió pescando la tabla en la que habíamos estado charlando y yo siguiéndole para poder tomar nota de esos movimientos de su caña. Al cabo de poco tiempo me dice que delante de aquella roca que hay en el centro del río se está cebando una trucha y que estuviera atento, posó la mosca un poco por delante de la piedra y al llegar a su altura una trucha saco lentamente la cabeza y se tragó la mosca. Después de algunas carreras y saltos la trucha llegó a su mano, la desanzueló y la soltó, guiñándome un ojo me dijo:

– dejaré que crezca y la temporada que viene sea más grande y más lista.

Yo no cabía en mi asombro por el lance que había presenciado. Para rematar el día, cortó la mosca que tenía puesta y me la regaló diciéndome:

– esta mosca me la trajo un familiar de un viaje a Estados Unidos,

ya si que no podía articular palabra alguna, solo fui capaz de sacar de mi garganta la palabra “gracias”.

Regresé las semanas siguientes al mismo lugar para ver si podía ver a mi amigo pescar, pero no volví a verlo más. Llevé la mosca a una de las pocas tiendas que había en Madrid que tenían material de montaje para que me diera todo lo necesario para poder montarla, el dependiente muy amable me dijo que esa mosca que tenía en la mano era una Adams. Con el paso del  tiempo aprendí a hacerme mis propias moscas y desde entonces las Adams no faltan en mi caja de moscas.

Francisco Muela. Pakito-

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