Debo a la pesca en reservorios un conocimiento bastante completo de las líneas a utilizar. En teoría: flotante arriba, intermedia a medias aguas y de hundimiento en los fondos. Sin embargo los competidores de reservorio suelen desfilar por la orilla con dos o tres cañas más, equipadas todas de líneas cuyas diferencias, por más justificadas que sean, a mí me aburren francamente.
Cuando cambian de puesto según las rotaciones previstas parecen viajantes con gran surtido en la mano de lo que van a vender. Así y todo tengo que reconocer que en los reservorios la elección de la altura de pesca es muy importante, y creo que lo es más todavía en los grandes ríos. Tengo al respecto dos anécdotas edificantes.

Líneas de hundimiento

 Hace algunos años mi amigo Luis Brunt guía de pesca en Argentina me  llevó con dos compañeros españoles al río Corcovado donde nada más llegar vi una cebada en un remolino manso. Sin perder más tiempo pongo un tricóptero en el terminal de mi línea flotante WF 7 y casi de inmediato saco una hermosa arco iris. Decido pescar aguas arriba, continuando con la misma técnica, mientras los demás van hacia abajo. En ese momento Luis me pregunta :

-¿Tienes una línea sinking tipo S5?

-Sí en otro carrete medio roto pero ¿Pa qué la quiero si entran a seca?

-Tienes allí dos pozones con fontinalis (=salvelinos) que están fondeando y si no bajas no te entrarán.

J.Lamberto cobrando una fontinalis

Me encojo de hombros y sigo pescando con algunas buenas capturas a seca. Al llegar al primer pozón pongo un estrímer, mi “maléfico” negro de cabeza plomeada pensando que así bajará lo suficiente para pescar alguna pieza. Insisto. Dicen que soy algo tozudo. Nada. Finalmente me siento en la orilla y cambio de carrete, pongo la línea de hundimiento conservando el mismo estrímer. Lanzo de vuelta, me arreglo para que todo el aparejo baje al máximo haciendo con la puntera rarezas que he visto en un vídeo de pesca. Dejo derivar, tenso, y de sopetón me llevan la caña de la mano. Es una hermosa fontinalis de unos 2 kilos que, después de tironear como burro, acepta finalmente que le acaricie la linda librea antes de devolverla a su elemento. Me siento incapaz de matar una fontinalis, sería para mí matar la belleza. Salgo cabizbajo y bien aleccionado, convencido de la necesidad de rastrear el fondo en algunos casos.

Efecto de la línea intermedia

La segunda experiencia determinante la tuve en el mítico Futaleufú. Salí con mi bote por la mañana y como el río estaba muy sereno sin viento, situación bastante excepcional, empecé pescando a seca unas cebadas que no se entregaban con facilidad pero cuando entendí que comían pequeños “espents” tuve buenos resultados. Lo que pasa muchas veces en estas tierras que sufren la influencia del polo sur, es que el viento viene a romper la tranquilidad de la mañana y seguir  pescando en superficie no es razonable aunque la razón en las cosas de la pesca, y en otros casos, puede ser muy inferior a lo que sugiere el  instinto. Lo que hice muchos años atrás y también aquella mañana fue quitar la seca ya contraproducente y poner dos ninfas, una con cabeza dorada en punta, la “prince” que funciona bien en estas latitudes y otra a más de un metro, una ahogada por ejemplo. Anclé el bote en un sitio relativamente abrigado y seguí lanzando.

Marrón Futaleufú

Noto en dos ocasiones unas tensiones sin resultado. Luego clavo una trucha que se suelta. Recordando mi experiencia de los reservorios se me ocurre que la línea flotante produce una resistencia en la picada, amplificada por el viento. Cambio la línea flotante por una intermedia que por suerte he traído en el bolso de la parafernalia. Es una línea incolora que desaparece debajo de la superficie después de lanzar. El resultado es inmediato, casi todas las truchas que pican quedan clavadas.

Lo que pasó es fácil de comprender, la resistencia a la tracción de la línea intermedia, es muy inferior a la resistencia de la línea flotante, el pez guarda en la boca el engaño un segundo más, lo suficiente para engancharlo.

El pez y la mosca

Tardé mucho en mi vida de mosquero para enterarme de que hay peces que guardan más o menos la mosca en boca, sobre todo si de ninfa se trata. Está claro para todos que en los cotos intensivos, en los tramos sin muerte, en los reservorios de Captura y Suelta, las truchas, muy escarmentadas por repetidas desventuras, suelen “probar” de manera casi imperceptible. El pescador necesita experiencia, técnica y mucha concentración para clavar en el momento oportuno.

Es también  curioso observar que el comportamiento de las truchas autóctonas o semi autóctonas, las que se soltaron siendo alevines y crecieron en el río, puede variar según los escenarios o las zonas de pesca. La trucha asturiana, según mis observaciones que no presumen de ser definitivas, guarda un poco menos en boca que la trucha leonesa.

Cobrando una plateada

A veces clavamos  sin querer un pez al levantar el artificial. La explicación habitual es que el pez viendo la ninfa subir la cogió por agresividad. Buena explicación desde luego pero hay otra. Es posible que hayamos tenido una picada sin sentirla pero, por suerte, hemos levantado la caña en el mismo momento. Según Jan Astier, especialista de la pesca a ninfa, numerosas picadas pasan desapercibidas sobre todo si no mantenemos la línea en el punto de tensión necesario. Otra vez volvemos a lo mismo, con  una línea adaptada a la modalidad que practicamos nuestros  resultados serán mejores. –gR-

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