“Dani, ¿con que las estás sacando?”
“Con un negro”
“¿Con un qué?”
“Con un trico neeeegro”
“Pero, ¿negro como?”
“¡Y yo que se!… negro como el sobaco de un grillo, negro como Darth Vader…”

Os presento de nuevo otra sencilla y conocida mosca basada en el patrón “tricóptero con pluma de gallo y cuerpo de avestruz”, sin materiales alternativos o detalles excesivos, ni colores exactos, ni siquiera morfologías calcadas del insecto real; tan solo otro simple tricóptero, esta vez negro; pero eso si, como buena gallina vieja, un trico que destila más sustancia de la que a priori pudiera tener.

“Negro” con riñonada de León Indio Negrisco

  • Anzuelo: Tiemco 100 o similar nº 18 o 16. Tamaño ideal un 16. Tamaño de la imitación 16.
  • Seda montaje: Negra.
  • Cercos: No lleva.
  • Cuerpo: Avestruz natural
  • Tejadillo: Fibras de riñonada de Gallo de León Indio Negrisco.
  • Hackle: Negro

Los modelos naturales iniciales para esta mosca, fueron varias especies de tricópteros “muy oscuros” de tamaño medio y pequeño (Mystacides, Brachycentridae, etc), fruto de mis primeras observaciones de campo como pescador novel, hurgando entre la vegetación de las orillas y la mayoría de las veces, utilizando la sacadera a modo de cazamariposas.

El patrón, por su sencillez y efectividad, fue “el gris”, intentando tiznarlo al máximo con los materiales que tenía más a mano. Pluma de avestruz y cuello de gallo negro en un anzuelo recto del 16.

“Negro” con fibras de pluma de cuello de gallo

  • Anzuelo: Tiemco 100 o similar nº 18 o 16. Tamaño ideal un 16. Tamaño de la imitación 16.
  • Seda montaje: Negra.
  • Cercos: No lleva.
  • Cuerpo: Avestruz natural
  • Tejadillo: Pluma de Gallo negro (Black de cuellos chinos o cuellos baratos).
  • Hackle: Negro

Los escenarios donde empecé a probar al “negro” fueron los ríos Gallo, Dulce y Júcar. El Júcar en concreto, fue el que más alegrías me dio inicialmente con esta imitación y más en concreto, Huélamo sin muerte en el Alto Júcar, era uno de los habituales cada temporada. Buscando las abundantes eclosiones de ignitas, lo pescábamos siempre la primera quincena de Julio, más en concreto y dado que no elegíamos recorrido de pesca, estábamos obligados a hacerlo un sábado.


Río Júcar, Coto de Huélamo SM

El viernes pescábamos el sereno en lo libre por debajo del acotado, un tramo muy bonito y algo cerrado; pasábamos la noche en el refugio del coto (situado en el límite superior) y a la mañana siguiente, unos elegían pesca y otros el Embalse de la Toba para hacer el dominguero.
Pescar a seca por las mañanas en Huélamo era bastante impredecible y sinceramente, tras pasar gran parte de la noche en la ciudad de Cuenca, la opción del embalse era la más popular. Ya pondríamos toda la carne en el asador a partir de las 5 de la tarde relajándonos durante toda la mañana con unos baños y descansando a orillas del embalse.


Pasando la mañana en el Embalse de La Toba.

Las truchas del alto Júcar siempre han sido bajo mi punto de vista de las más potentes y listas que he conocido, la mayoría plateadas, con pequeños puntos naranjas y negros y unos dientes “de sierra” que muchos lucios quisieran para ellos. Cualquier truchilla que llegase a los 25 cm era susceptible de sacar algo de línea de nuestros dedos en la primera carrera, eso si, también eran capaces de rechazar una tras otras todas y cada una de nuestras moscas si no dábamos con la adecuada.
Ignitas en varios estadios y sobre todo “el negro” eran los comodines. La pesca la realizábamos a ceba vista y sobre todo al agua, como en cualquier río de montaña, escudriñando todos los rincones donde pudiera haber una trucha apostada.

Hasta bien entrada la noche, tanto en aguas turbulentas como corrientes laminares, se sucedían las picadas al “negro”, casi siempre de manera agresiva y con mucho ruido, como cuando lo hacen habitualmente sobre tricópteros en estado emergente o adulto, no obstante, existían algunas picadas, casi impredecibles, que raras veces percibíamos y que si estábamos atentos y ágiles, también clavaban peces.

Lo normal y evidente con estas sutiles cebas, era pensar que comían nuestros negros como si se tratara de animales muertos, tal vez por equivocación, por el frenesí alimenticio o quizás porque finalmente las truchas pensaran que estando atrapado el insecto en la película superficial, este no tenía escapatoria y podían tomárselo con más calma. Como siempre, teníamos varias hipótesis para una misma situación y ciertas inquietudes.

Como primera conclusión y echando la vista atrás en el tiempo, creo que en los atardeceres y serenos donde he podido ver que las truchas se cebaban sobre los enjambres de tricópteros oscuros, esta mosca me ha fallado pocas veces.

Con la prórroga de la temporada a mediados de octubre en muchos tramos regulados de Castilla y León, pudimos observar como se repetían ciertas apariciones de determinados insectos de febrero y marzo, haciendo acto de presencia, entre otros los nemuridos o también llamados por muchos pescadores los “pitillines”. Con la temperatura ambiental y la del agua más altas, la actividad de los peces con estos insectos era importante, poco que ver con la escasez de principios de temporada y aquí “el negro” cumplía sin problemas la misión de imitación de este pequeño plecóptero.


“Negro” con riñonada de León Indio Negrisco y cuerpo de cóndor

  • Anzuelo: Tiemco 100 o similar nº 18 o 16. Tamaño ideal un 16. Tamaño de la imitación 16.
  • Seda montaje: Negra.
  • Cercos: No lleva.
  • Cuerpo: Sustituto de cóndor negro o fibras de pluma de buitre natural.
  • Tejadillo: Fibras de riñonada de Gallo de León Indio Negrisco.
  • Hackle: Negro

Las buenas imitaciones, a mi juicio, son las que consideramos como más polivalentes y recurrentes en nuestro bajo de línea; patrones o conceptos depurados y perfeccionados que surgen de muchas pruebas en diferentes situaciones, la mayoría de las veces fruto de la desesperación y las menos, fruto de deducciones a pie de río.
Encasillar al negro únicamente en ese contexto de plecóptero o de tricóptero de atardecer – sereno, sobre todo habiendo observado que había situaciones extrañas en cuanto a la manera que la tomaban las truchas, me parecía intelectualmente poco ambicioso.


Trucha pescada con un negro.

En el libro de Vincent Marinaro traducido al Castellano como “En el anillo de la subida”, se comentan varios aspectos fundamentales que creo que debemos tener en cuenta con nuestras imitaciones a la hora de disponernos a intentar pescar. Las moscas artificiales se presentan ante las truchas con una forma, tamaño y color determinados, dependiendo de la intensidad y ángulo de incidencia de la luz, como se refracta la imagen de dichos insectos artificiales a ojos de las truchas y por supuesto, la distancia de la mosca respecto al pez, pero también con una huella más o menos característica de la imitación en la película superficial. Estamos acostumbrado a ver nuestras imitaciones desde la parte visible al pescador, sin caer muchas veces en el trozo de mosca que ven las truchas. Los insectos atrapados por la tensión superficial pueden derivar de mil maneras por la superficie del agua, si somos capaces de poder deducir como asientan dichos insectos en la superficie, cual es su posición y por tanto cual es la “huella” del insecto en el agua más atractiva para las truchas (cuestión cuanto menos muy subjetiva); tendremos resuelta una de las variables de la ecuación para pescar peces difíciles en aguas no turbulentas.

La idea de la huella en ciertas imitaciones, surge muchas veces a posteriori, porque pocos pescadores en el momento de la confección de artificiales dedican tiempo a estas cosas y pocos patrones nuevos quedan por inventar. Si somos capaces de analizar porque una de muestras moscas pesca tanto en aguas tranquilas, sacaremos la conclusión de que la huella puede ser un elemento esencial.

Fue en el río Carrión, pescando los amaneceres de verano, cuando pude experimentar este concepto de huella. Las truchas se cebaban muy sutilmente, como si de emergentes se estuvieran alimentando; pero la cadencia entre cebas era caótica y arrítmica. No había regularidad, algunas truchas se cebaban y no volvían a repetir, otras lo hacían a intervalos primero de minutos, luego de segundos, otra vez minutos…saque la conclusión de que se estaban alimentando de manera oportunista y sobre algo que no venía de abajo.

Desde muy temprano y debido a las altas temperaturas, la presencia de dípteros oscuros “comeojos” (esos bichos odiosos que tienen tendencia a posarse en las partes más húmedas de nuestra cara) era constante y las nubes de estos insectos, se iban desplazando de un lado a otro muy cerca de la superficie del río. La deducción lógica, dado que nada eclosionaba, era la de pensar en estos microinsectos que caían al agua y pescar poniendo una imitación pequeña en un tamaño 24 o 26. Ninguna trucha quiso saber nada de mis micromoscas.

Pensé en la posibilidad de que pudieran estar comiendo aquellos bichos que con el frenesí de la cópula, cuando perdían el equilibrio de vuelo y se precipitaban al agua con violencia, quedando atrapados irremediablemente por efecto de la tensión superficial.

La imitación que funcionó fue la única renegade en un 20 con cercos claros en “v” que tenía, fruto de una sorprendente “donación” de mi compañero de pesca Gabi (poco dado a estas cosas) y la cual perdí con un truchón que comía en un hueco sin corriente entre las salgueras. De nuevo la situación hizo que “la máquina” se pusiera a funcionar y recordara las fotografías de Marinaro en su libro.

“Negro” renegade

  • Anzuelo: Tiemco 100 o similar nº 20 o 22. Tamaño ideal un 20. Tamaño de la imitación 20.
  • Seda montaje: Negra.
  • Cercos: Dos plumitas de gallo Light dun en “v”.
  • Cuerpo: Seda de montaje
  • Hackle: Dos de color negro y en “diábolo”

Los insectos caídos al agua con violencia, quedaban atrapados por la tensión superficial, visto desde abajo, había un cuerpo principal placado en el agua a modo de burbuja, una silueta negra algo caótica sobre la superficie del agua y varios puntitos o pequeñas huellas repartidos alrededor del mismo; la renegade placada con cercos se asemejaba bastante a esta situación. Probando otras imitaciones y por temas de color, pensé en “el negro”, pero este tenía una huella más regular, menos caótica. Algunos “negros” con el tejadillo sin igualar, hecho de plumas del cuello de gallo de mala calidad y no de riñonada, tenían un aspecto más desaliñado y “despeluchado”, ayudado por el plumón de las fibras y la huella se asemejaba algo más a la del renegade. La mosca funcionó, pero solo en su aspecto menos perfecto, se trataba de una mosca fea, como los primeros “negros” que monté cuando no conocía el Indio Negrisco, como cuando varias truchas han destrozado la imitación y pesca mejor.


Negros sobre la superficie del agua.

Esta versión del “negro” me resulta efectiva en zonas de poca corriente o corriente laminar, cuando las truchas se ceban de manera casi imperceptible y arrítmica, funcionado bien a lo largo de todo el día, incluso en los serenos y sobre todo en los meses de septiembre y octubre pescando los grandes ríos regulados de León y Palencia.

Corolario reincidente; de nuevo me encuentro con otro tricóptero que pierde todo el “glamour” y degenera en un puñetero díptero, aunque nunca terminarás de entender al 100% porque te funciona una mosca en determinadas situaciones. Esta versión desaliñada y con materiales de mala calidad del negro para la situación expuesta anteriormente, va bien sobre todo en tamaños del 16 y puntualmente un 18 ¿por qué tan grande? El tamaño de los dípteros copulando es inferior ¿tal vez erré con la deducción? ¿quizás estos dípteros peleaban entre si para la copula y caían varios de ellos juntos a modo de “pelotita” o masa de ellos?…Quien sabe, habrá que perder vista mirando al infinito en cualquier tablón, observando a contraluz una de esas nubes de “comeojos” que aparecen cada vez más en nuestros ríos o al menos, seguir confiando en que la imitación funcione de nuevo en cualquiera de esas situaciones de cebas inexplicables.


Trucha del Porma pescada con un negro del 16 al sereno.

Daniel Agut. -Larubia-

Escrito por Admin

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