Con la palabra “negacionistas” no quiero hablar de los que niegan la existencia de las cámaras de gas durante la 2ª guerra mundial sino, en un asunto mucho menos trágico, de los que se empeñan en negar que las truchas capturadas puedan sobrevivir después de devolverlas a su elemento y se declaran abierta o calladamente enemigos de la pesca sin muerte. Y si vuelvo a ese tema es porque unos viajes recientes me llevaron a observar que este tipo de pescador existe mucho más de lo que yo creía hasta ahora.

Tres razones de mortandad

No cabe duda de que entre las truchas soltadas algunas pueden morir por tres razones esenciales. La primera bien visible es porque se les ha hecho algún daño, no en la boca que por su dureza córnea es muy difícil de lastimar, sino en las agallas cuando la trucha ha tragado la mosca. Si verdaderamente el anzuelo ha lastimado la agalla ésta empieza a sangrar y como los peces son hemofílicos es imposible que sobrevivan.

La segunda razón desconocida o mal conocida por muchos pescadores que practican en conciencia el “Captura y Suelta” también se refiere a las agallas. Unas investigaciones serias y bien documentadas en los Estados Unidos han demostrado que cuando un pez es mantenido más de 1 minuto fuera de su elemento, se le secan y deterioran las agallas de forma que al devolverlo demasiado tarde puede morirse igual que un humano a quien se le hubiera mantenido excesivamente con la cabeza hundida en el agua. La asfixia de los peces ocurre, desgraciadamente, cuando el pescador quiere hacer una o varias fotos de su captura para el recuerdo. Entre el hecho de que el pez resbala entre las manos y hay que volver a empezar o porque se quiere cambiar de enfoque, o por cualquier otro motivo que retrasa su devolución, pasa más del minuto aconsejado con las consecuencias que ya dijimos. No creo necesario hacer tantas fotos cuya finalidad es muchas veces satisfacer la “negra” honrilla del pescador pero si la foto se justifica, una solución es dejar el pez en la sacadera hundida en el agua, sacarle una foto, volver a sumergirlo, esperar, y si es necesario hacer otra foto cuando se recuperó. Personalmente todas las fotos de peces que tengo me las hizo mi mujer o un acompañante.

En Francia, en los concursos de pesca en lagos, se prohíbe sacar la trucha a lo seco para medirla. La medida se hace dentro de la sacadera de forma que la captura se quede lo menos posible fuera del agua. También cualquiera puede observar que una trucha liberada sin tocarla, usando una pinza especial para desprenderla del anzuelo, sale nadando con mucha más agilidad y naturalidad que cuando se la manosea.

Existe una última razón de la muerte de los peces grandes, que son los que más pelean y más se agotan en la pelea. Al devolverlos hay que oxigenarlos un rato manteniéndolos en posición natatoria. De lo contrario se quedan con la panza arriba y son incapaces muchas veces de enderezarse y volver a su equilibrio. En esta posición mueren ahogados. Eso suele pasar más en los lagos de grandes truchas, con muerte y factura final, donde los pescadores poco escrupulosos tiran sin cuidarlas algunas capturas al agua para no pagar su precio.

Una Perogrullada

Todos estos argumentos son válidos pero no pueden dar pie al negacionismo por una razón tan sencilla como indiscutible y es que si es cierto que entre los peces que se sueltan algunos se morirán, en cambio es requetecierto que, de los que se matan, ninguno sobrevive.

Dos Ejemplos

Por si fuera poco están los ejemplos de los Escenarios Deportivos y de los Reservorios en No Kill absoluto. Puedo citar varios casos significativos, con dos basta. Conocí hace algunos años el Escenario Deportivo del río Carrión en Villalba cerca de Saldaña lleno de truchas a pesar de la presión pesquera y del inevitable furtivismo. Abundaban truchas muy selectivas y difíciles porque todas habían conocido la traición del anzuelo y habían aprendido a comer. Es el caso de todos los Escenarios Deportivos.
En mi ciudad (Albi /Francia) tenemos 2 espléndidos reservorios donde sembramos truchas arco iris de calidad. Empieza a venir gente de lejos y hasta de otros países para disfrutar de este escenario único en invierno. Cuando las truchas quieren comer, porque también hay días malos, se saca una cantidad de peces que el guarda controla regularmente, así como la muerte de los anzuelos y la forma de devolver los peces. Cuando hay un concurso se anotan todas las capturas cuyo número suele ser impresionante, entre 150 y 250 según el tipo de concurso y el número de competidores. Al día siguiente aparecen algunas truchas muertas, a veces por las prisas de los controladores, pero nada comparado con lo que se pescó. Además se puede considerar que en enero todas las arco iris sembradas en septiembre han sido capturadas muchas veces. En varias ocasiones hemos pescado una trucha que tenía un estrímer en la boca.

Finalmente pienso y muchos compañeros míos piensan que los que niegan que una trucha pueda sobrevivir después de su captura son, o unos ignorantes que hablan sin experiencia, o unos pescadores que no quieren, o no saben, pescar sin matar y buscan argumentos para justificar una actitud de otros tiempos.

Notas

1)En la época de la siembra de peces algunos mueren por incapacidad de adaptarse al nuevo elemento, de pasar de la piscifactoría al reservorio.

2)La temperatura del agua influye en la rapidez de recuperación de un pez, siendo las aguas frías de invierno más oxigenadas que las de septiembre.

–gR—mayo 2009

Escrito por Admin

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