Me despedí del Cares a finales de julio con un reo y a mediados de Agosto cuando volví no me convencieron las aguas bajísimas. Donde el año anterior sacaba reos curiosos, mi curiosidad este año no consiguió sacar más que truchitas de 20 cm y además exigiendo el mosquito exacto, una miniatura de culín de pato.

Decidí ir al Sella donde tuve más suerte. Un buen nivel de agua. Complicado pero, bien. Un día sin saber por qué me paré a la mitad de una corriente que hay aguas abajo de la pasarela de Triongo, y vi una cebada a dos metros. Mosquito pallá. Resultado una trucha de 40 cm. ¿Intuición o suerte? Alguien sabrá contestar, yo no. Al sacar la trucha me tropiezo con restos de comida botellas y bolsas de plástico en el pedregal. ¿No hay multas para esa gentuza?

Llovio

Hay un tramo en Llovio que pesqué en junio pero me tuve que apartar por una presión increíble, piraguas y pescadores, todo junto, insoportable. Se acaba la temporada, el domingo. El sábado en aquel tramo no hay nadie. Prospecto quinientos metros de río cojeando y saco una buena trucha que me entra a un díptero claro.

El domingo por la mañana monto nuevas miniaturas, anzuelo del 22, tres cercos rojos, cuerpo seda de montaje amarilla collar amarillo, cuatro o cinco vueltas. A las ocho vuelvo al mismo sitio y no veo a nadie dentro del río. Con el estiaje los pescadores se desanimaron. En una tabla hay un tío que se esconde detrás de un tronco y pesca a la vista, supongo que con saltamontes. ¿Qué estará viendo este hombre que yo no veo? Tengo idea de lanzar cerca de su escondrijo pero no le quiero molestar. Voy a bajar a una corriente, antes rápida y ahora muy suave, donde puede salir algún pez. Al oscurecer no suelo andar con pijadas del 22. Tengo que sacar la linterna para atar a duras penas un tricóptero becada clásico en un TMC # 20. El cielo es una tapa plomiza sin estrellas que me sofoca un poco. Lo de siempre en Asturias. Disfruto de una sensación rara, la de ser el único pescador en estos lares. Por eso me encantan los últimos días de la temporada. Hay unas cebadas apenas visibles del otro lado.

Fotografía: Viriato

Lanzo a ciegas veo algo raro, clavo y fiesta… para mí; el otro no lo entiende con la misma alegría. No para de saltar. Reo es o saeta plateada entre las blanquinegras sombras. ¿Se va a romper el hilo del 0,10?. Ya no veo nada. Prendo la linterna que siempre da luz donde no se necesita y entre ver y no ver acerco el bicho al salabre. Hasta de noche ven bien estos condenados. La luz le espanta y arranca otra vez. Tengo que soltar de vuelta el carrete. Tira hacia un tronco sumergido pero ya le veo cansado y en efecto consigo sacarle la boca del agua y encestarlo. Me sorprende su tamaño, unos 40 cm. pero no lo mido por no agotarlo y lo devuelvo …con ternura. Es largo, lo creía más chico. La noche engaña. Noche oscura. Noche encantadora de Asturias. Última noche de la temporada. ¡Lo que aprendí de la noche y de estos ríos de sueño, del Cares y del Sella! No sé en cual de los dos mandaré echar mis cenizas, para que el olor interrogue a los reos, mis queridos reos.

Celorio Agosto 2008

Guy Roques

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