« A useful thing, beautifully made». Quizá sea esta la mas concisa y a la vez completa definición de una caña de bambú para pescar a mosca, quien la enunció fue Hiram Howes, yerno, sobrino y aprendiz de Hiram Leonard, que en 1871 hizo su primera caña de bambú.

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Darryl Whitehead, uno de los maestros de la actual generación de rodmakers, herederos de una tradición casi bicentenaria, se expresaba así sobre la necesaria acumulación de conocimientos y experiencias para, partiendo de la fabricación de la primera caña, llegar a alcanzar la excelencia: «Construir una caña de bambú no es tan duro como uno podría anticipar inicialmente. Sin embargo, hacer una caña excepcionalmente buena es mucho mas difícil. Pero antes que una persona pueda hacer grandes cañas, tiene que hacer su primera caña.»

Cómo pasar, desde la lucha en la resolución de las dificultades iniciales en la construcción de la primera caña, a alcanzar la excepcionalidad, es un viaje lleno de compromisos y aprendizaje, en el cual, la experiencia acumulada de todos los viajeros que transitan este camino, tiene un valor inestimable.

Por eso, esta serie de artículos va dirigida a aquellos que ya han construido sus primeras cañas, y también para los que están considerando empezar este camino, con él se pretende compartir estas experiencias, intentando alcanzar el siguiente escalón en el interminable camino de la Perfección.

No sin antes recordarnos a nosotros mismos, que ninguna caña de mosca de calidad, puede hacerse sin contar con un excelente bambú de Tonkin, con la mayor densidad de fibras, empezaremos esta serie de artículos, por uno de los aspectos cualitativos fundamentales en la estética, funcionalidad y calidad de una caña de bambú.

Como conseguir «Blanks» rectos

No se trata aquí de aprender cómo enderezar los «blanks» que nos hayan salido torcidos; sino cómo tratar de conseguir que nos salgan rectos desde el principio, y mantenerlos así, dejando las rectificaciones, sólo como medida de emergencia, si algún otro factor que no podemos controlar durante el proceso nos conduce a la aparición de una curva o retorcimiento.

Por eso el primer paso es conocer las causas por las que un «blank» puede torcerse, y tratar de solucionarlo en la fase del proceso correspondiente.

Podemos clasificar estas causas por su origen en tres grupos principales, pudiendo en cada grupo originarse en una fase diferente.

1. Torceduras originadas por la naturaleza del bambú y los nudos.

2. Torceduras originadas durante el proceso de fabricación del «blank».

• En el cepillado.

• En el encolado.

• En el curado de la cola.

• En la colocación de las virolas.

• En el anillado.

3. Torceduras originadas por la manipulación después de la fabricación del «blank».

Corrigiendo la naturaleza del bambú

Como sabemos, el bambú es un material parecido a la madera, de fibras extremadamente largas que se entrecruzan en los nudos, este entrecruzado, junto con la diferencia de comportamiento de cada cara sometida a tracción o compresión por los vientos dominantes, originan que cada una de las varillas tenga tendencias diferentes en cuanto a curvatura, y que sea necesario relajar las tensiones en los nudos. Estamos suponiendo que no hemos decido fabricar una caña sin nudos, en ese caso lo referente a ellos no sería de aplicación.

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Varillas y molde de perfilado inicial. Pueden verse ligeras torceduras en las zonas de los nudos.

Para ello, el procedimiento a seguir es el explicado en otros excelentes artículos ya publicados, consiste en la aplicación combinada de calor y presión, mediante la pistola de aire u otra fuente de calor, no vamos a insistir pues en ello, solo señalar que todos los nudos, incluso los que parezcan menos conflictivos, deben someterse a este enderezado previo con calor y presión, con el fin de relajar las tensiones que podrían reaparecer en la fase del cepillado.

De las torceduras entre los nudos solo se deberían tratar las mas severas, aquellas que originasen un verdadero problema en la fase de cepillado inicial, ya que el calentamiento puntual en una sola zona y la presión aplicada, si no se hace correctamente puede dañar las fibras, por ello es mejor dejar que estas torceduras se corrijan mediante un calentamiento mucho más controlado durante el tratamiento térmico.

El tratamiento térmico

El propósito principal del tratamiento térmico es el de mejorar el comportamiento, en cuanto a resistencia y elasticidad para el lanzado de las fibras del bambú, mediante la eliminación de agua y el cambio de la estructura interna de las fibras, produciéndose en mayor o menor grado un proceso de grafitización en ellas. Pero colateralmente a este efecto, ocurre durante el proceso una relajación de tensiones y una readaptación de la forma que, inteligentemente dirigida, nos ayudará en nuestro propósito de conseguir los «blanks» más rectos posibles.

Para obtener el máximo rendimiento a este efecto debemos cuidar especialmente dos aspectos:

1.-Poner la máxima tensión posible en la máquina de atar para el atado previo al tratamiento térmico, esto ayudará a mantener muy juntas y prietas las varillas, y conseguirá que se enderecen con más facilidad y firmeza.

Aunque autores muy solventes, como Garrison, recomiendan usar el mismo peso en el atado para el tratamiento térmico y para el encolado, he encontrado que en lo referente a conseguir blanks rectos, y evitar torceduras, funciona mejor el poner mucha carga en el primero y la mínima posible en el segundo.

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Si usamos la máquina de atar desarrollada por Garrison, basada en la transferencia alhilo de atado, que luego mantendrá las secciones juntas, de la tensión transmitida a la correa por el peso colgado en ella, deberemos asegurarnos, para conseguir su eficacia, que la tensión de la correa y la tensión de hilo están equilibrados. Para calibrar dicha tensión procederemos a colgar el peso directamente del hilo de atado, dejando que la gravedad haga descender el peso, y regulando los muelles de los tensores, pararemos en el punto justo antes que se produzca el bloqueo.

En las fotografías podemos ver que estamos usando los dos tensores, para conseguir la máxima fuerza de apriete final.

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Detalle de la utilización de los dos tensores.

2.- El otro punto importante a considerar, es la colocación de las varillas durante el tratamiento térmico, deben colocarse en una disposición distinta a la que llevarán cuando finalmente encolemos las secciones.

Por eso, en el caso de seguir el espaciado de nudos en espiral de Garrison, el orden final sería: 1,2,3,4,5 y 6, pero para el tratamiento térmico deberá ser 1,5,3,6,2 y 4, que aleja lo más posible las varillas que finalmente estarán juntas. Usando cualquier otro sistema de espaciado de nudos, bien 3 x 3, bien 2 x 2 x 2, el principio será similar.

La razón para ello es que, si durante el tratamiento térmico se producen deformaciones debido al movimiento de dilatación y relajación, pueden aparecer pequeñas torceduras, que al volver a poner las varillas juntas para su pegado en la misma disposición, se reproducirían. Así al separar las varillas, las deformaciones que hayan podido aparecer en cada varilla, tienen la posibilidad de anularse unas con otras.

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Las tres secciones de una caña en el horno donde se hace el tratamiento térmico.

Es bastante usual en el cepillado inicial, dar diferentes diámetros al talón que a los puntales. A pesar que pueda significar un mayor trabajo en el cepillado final, por ser las fibras tratadas de mayor dureza, es más recomendable, dar a todas las secciones la misma medida transversal, con ello conseguiremos un tratamiento térmico mas seguro y completo que teniendo que sacar las varillas del horno de forma escalonada, dependiendo de su grosor. Esto también ayudará, desde el punto de vista estético, a igualar el color de las secciones.

A vueltas con el Proceso

Una vez que hemos conseguido obtener varillas lo mas rectas posibles, trataremos de evitar que durante las siguientes fases del proceso perdamos lo conseguido.

Cepillar sin calentar

Durante el cepillado final, damos por supuesto el uso de un cepillo con la cuchilla perfectamente afilada, el proceso de corte provoca un inevitable calentamiento de las fibras del bambú, por lo que deberemos de alternar frecuentemente las caras que cepillamos. Una buena regla es no dar más de tres pasadas seguidas en cada cara. Esto, por otra parte, también ayudará en la precisión de la sección. Para el tema que nos ocupa ahora, baste decir que de no hacerlo así, como la cuchilla genera mayor rozamiento en las fibras de los nudos, este calentamiento tenderá a provocar de nuevo una torcedura en los mismos. Pasadas lo más finas posibles, en valores de centésimas de milímetro, sobre todo cuando nos aproximamos al perfil final, también nos ayudarán a alcanzar el objetivo.

Encolar sin retorcer

Después que nuestras varillas han sido dispuestas como un libro abierto y hemos aplicado el adhesivo adecuado y en la cantidad suficiente, deben volver de nuevo a la máquina de atar para aplicarles el atado que las mantendrá juntas mientras el adhesivo fragua y endurece.

El principal peligro al que nos enfrentamos aquí es que, debido a la naturaleza inherente del proceso, en espiral y cruzado, el atado es muy susceptible de generar torsiones, que se incorporarían al “blank” en forma de retorcimientos. Para evitarlo podemos actuar de la siguiente manera:

Calibrar la máquina de atar con el mínimo peso necesario, para los puntales unos 350 gramos, dependiendo de la sección, y en ningún caso más de 500 gramos, y lo mismo haremos para atar el talón.

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Calibrado para el encolado de la sección media. Notar la posición de la tuerca del tensor.

Con este calibrado realizaremos la primera vuelta en la máquina de atar, las posibles torsiones inducidas, es fácil que se corrijan por si mismas, ajustándose entre sí las varillas, al estar lubricadas las caras en contacto por el adhesivo. Sin embargo, al realizar la segunda pasada cruzada, como la hacemos sobre varillas fijadas por la vuelta anterior, es improbable que por sí solas se puedan reacomodar, una posibilidad es realizar esta segunda pasada con menos tensión que la primera. Esto se puede conseguir reduciendo el peso en la correa de transmisión, o disminuyendo la tensión del hilo en el tensor, esta última opción es la más cómoda.

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Segunda pasada cruzada. Notar la menor presión ejercida por la tuerca en el muelle.

Un buen indicador de cómo de rectas estamos consiguiendo las secciones, es el comportamiento de las mismas en la máquina de atar, si en la segunda vuelta el “blank” pasa suavemente por el sistema, es indicativo de un buen resultado final y que se necesitará poco trabajo en la mesa de enderezado. Si por el contrario se producen saltos y vibraciones, se nos anuncia un largo trabajo con el rodillo. Hay ocasiones en que la realización de un tercer bobinado, e incluso un cuarto, con diferentes tensiones, puede contrarrestar las torsiones incorporadas por el anterior.

Eliminando giros y curvas. Pasando el rodillo

A pesar de todo el cuidado que hayamos tenido en el proceso anterior, es fácil que en mayor o menor medida algún giro y/o torcedura hayan sido incorporados al blank.

Para deshacernos de ellos existen diferentes soluciones, la que he encontrado como más eficaz ha sido pasar un rodillo de goma dura, de los que se emplean para entintar las placas de los grabados de arte, repetidamente sobre las seis caras del blank, manteniéndolo apoyado en una superficie perfectamente lisa.

Un cristal puede hacer un buen trabajo, también lo hará una superficie de madera laminada y rematada con «formica».

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Pasando el rodillo a uno de los tramos de la caña.

Finalizado el tratamiento, comprobaremos su resultado colocando el blank sobre la superficie lisa que estemos empleando, y apoyando en el centro los dedos índice de cada mano, y presionando ligeramente contra la mesa, separar hacia ambos extremos los dedos, si existe cualquier retorcimiento lo notaremos mediante un saltito en la sección. Identificado el punto lo trabajaremos de nuevo con el rodillo.

Como has supuesto, es necesario el uso de un adhesivo de curado lento, puesto que solo uno de este tipo nos concede el tiempo necesario para realizar estas manipulaciones. Adhesivos de fraguado rápido nos obligan a corregir las torceduras después del curado, utilizando calor y presión.

Amarrando el resultado. Bloquear en defensa

Debido a las tensiones que se inducen durante el fraguado del adhesivo, puesto que este no es uniforme en el tiempo, a lo largo de las secciones, nos podemos encontrar con que una sección que habíamos dejado perfectamente recta, presenta torceduras cuando retiramos el hilo de atado al día siguiente.

Es importante tratar de evitar esto, mediante cualquier sistema que garantice el bloqueo de la posición de la sección durante el fraguado. Un sistema que puede proporcionar un buen resultado, consiste en colgar de las secciones de la caña un peso que las mantenga en tensión al colgarlas perpendicularmente de un gancho. Sin embargo, el éxito de este sistema, dependerá en gran manera del acierto en producir la tensión en un plano completamente axial a la sección de la caña, lo que en muchos casos es difícil de conseguir mediante el sobrante del hilo de atado, sobre todo en las finas secciones de punta. Por otra parte la rigidez de las secciones del talón, precisaría, para garantizar el resultado, un peso que sería difícilmente soportable por el lazo construido con el sobrante del hilo de atado.

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Vista general del cabezal de amarre.

Para solucionar este problema con la máxima eficiencia, se ha desarrollado un aparato que se basa en el uso de la tracción por alargamiento, mediante la operación de tornillos fijados a cabezales de taladros mecánicos, que amarran, con eficacia y en posición axial, los extremos del blank. Estos cabezales van fijados a una estructura de aluminio, que hace posible la transferencia de tensión al blank. La utilización de tal aparato, garantiza la adecuada cantidad de tracción como para bloquear cualquier movimiento durante el fraguado, e incluso ayudan en un enderezado final de las pequeñas torceduras que se nos hubiesen escapado del rodillo.

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Detalle del cabezal de amarre.

En las fotos se puede observar la configuración y el principio de funcionamiento del equipo. Es posible que uno pueda desarrollar, bajo el mismo principio, su propia solución y configuración. A modo de ejemplo, se podrían usar solo los cabezales para colgar verticalmente la sección, y colgar del inferior tanto peso como se considere necesario. Protegeremos los extremos del blank con cinta de carrocero para no estropearlo al apretar con los cabezales.

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Mantener fijo el cabezal durante el tensado para evitar torsionar el blank.

Un aspecto es fundamental, sea cual sea la solución particular por la que te inclines, asegúrate que los centros de los amarres están perfectamente alineados, y que no se producen giros, en caso contrario provocarás una doble deformación al usarlo. Justo lo contrario de lo que se desea.

Las virolas. A alinearse tocan

La siguiente fase del proceso, desde el punto de vista de conseguir una perfecta alineación, está en la colocación de las virolas.

Aunque se puede preparar la zona de bambú en la que irá montada la virola mediante un aparejo y un taladro eléctrico manual, sería mucho mejor, siempre que fuese posible, la utilización de un torno.

Lo que nos preocupa en esta fase es conseguir que el blank esté perfectamente derecho en esta zona, para que el torneado sea absolutamente concéntrico con el eje del blank. Para ello dejaremos algunos centímetros sobrantes antes de cortarlo, por si fuese necesario enderezar esta zona.

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Tomamos el cero en la primera cara.

Para centrar el “blank” en el torno, podemos usar el reloj comparador que hemos utilizado para fijar la profundidad de los moldes metálicos durante el cepillado de las varillas. La mayoría son de punto de contacto intercambiable y basta sustituir el punto de 60º por uno semiesférico.

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Giramos 60º hasta la siguiente cara. La nueva medida es 0,04 mm, es aceptable.

Si al girar manualmente el cabezal del torno, las medidas en cada cara del “blank” no difieren en ± 0,05 mm, lo que nos daría 0,1 mm en el peor de los casos, podemos proceder a tornear la estación de la virola. Si la diferencia es mayor, debemos tratar de corregirlo enderezando el “blank”. En ocasiones, la falta de concentricidad no es debida a una torcedura del “blank”, sino a las garras del torno, al no ser habitualmente los usados para este menester de precisión máxima. Asegúrate de ello antes de proceder a enderezar lo que puede estar ya derecho. Si es así, trata de corregir la excentricidad de las garras colocando una vuelta de más de cinta de carrocero bajo aquella garra que te parece que queda más baja.

Si algo falla.

Siguiendo con cuidado todos los puntos anteriormente señalados, tenemos altas probabilidades de haber prevenido la aparición de torceduras y conseguir un “blank” perfectamente recto a la primera.

Sin embargo, si finalmente volvemos a encontrar, al realizar la comprobación pertinente antes de comenzar el anillado, que tenemos alguna curvatura o desalineación, tendremos que recurrir a los métodos correctivos mediante la aplicación de calor y presión o fuerza, en la cantidad y dirección adecuadas. La utilización de estos métodos ha sido ilustrada en otros artículos y poco más diremos aquí de ellos.

Pero sea cual sea el método que utilicemos, mechero de alcohol, pistola decapante, placa vitrocerámica o plancha de la ropa, lo importante es no someter nunca nuestra sección a altas temperaturas, para evitar dañar irremediablemente su estructura. Como regla básica a seguir, la temperatura no deberá ser mayor que la que se pueda soportar al manipular la sección con las manos desnudas. Esto implica un trabajo más lento, pero la paciencia se verá recompensada al no arruinar con prisas de último momento, horas de esfuerzo.

Ligaduras. La oposición da el equilibrio

El ultimo punto donde las curvas, tan atractivas situadas en algunos sitios y tan indeseadas en nuestros “blanks”, pueden intentar un nuevo asalto, es en la fase de realización de las ligaduras de las anillas.

Es un hecho físicamente cierto, que al enrollar un hilo tenso sobre una barra, esta tensión se transmite a la misma por rozamiento, entre la superficie de la barra y el hilo. Esto ocurre en nuestra caña de mosca y esta tensión circular a lo largo del perímetro hexagonal del “blank”, se transforma en una torsión, que debe ser resistida por la rigidez de la sección. En las partes mas finas del puntal, puede darse el caso de que esta torsión no pueda ser soportada por la pequeña sección que la sufre.

Por esto ha sido ampliamente recomendado por los maestros fabricantes, el realizar las dos ligaduras de las anillas de manera que ambos efectos de torsión se contrarresten. Debemos pues seguir esta regla y no terminar la ligadura de las dos partes de la anilla, sin girar el “blank”, aunque nuestra habilidad en el anillado nos permitiera hacerlo sin cambiarlo de posición.

Conservando el resultado

Finalmente unos últimos consejos a seguir durante la manipulación y conservación de nuestras cañas.

Una de las características del bambú, como de todos los materiales cuyo componente principal es la celulosa, es la avidez que los enlaces de las moléculas de esta última tienen por el agua. Esto hace que nuestro “blank”, antes de ser protegido por el barniz, sea propenso a absorber agua de la humedad ambiente, y con ella, de nuevo vuelven las torceduras.

Para evitar esto y otros efectos indeseados de la absorción de humedad, es una buena práctica, sobre todo si vivís en zonas húmedas, o en los meses de mayor humedad ambiental, el mantener el “blank”, o las varillas que lo componen en su caso, el mayor tiempo posible protegidos dentro de un tubo estanco con silicagel, volviendo a él después de cada manipulación, hasta que procedamos a efectuar el barnizado final.

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El silicagel nos garantiza la protección de las secciones que aún no se han barnizado.

Cuando el barnizado final se ha realizado en la forma adecuada, la protección sobre el “blank” es suficiente contra la humedad ambiente, pero siempre deberemos recordar no guardar una caña húmeda sin secarla después de la acción de pesca, y no mantenerla en el tubo durante largos periodos, siendo preferible colgarla dentro de su bolsa en un lugar templado y seco.

Hasta aquí esta recopilación sobre cuidados para obtener los “blanks” mas rectos, que espero que os hayan resultado útiles.

En una próxima ocasión, si se propicia, buscaremos las bases de otros aspectos que harán que nuestras cañas lleguen a ser excepcionales.

José Antonio Matínez Jiménez. –Ximenez-

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