Introducción

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Un portacarretes en este estado obliga a una reparación en toda regla.

Reparar una caña de pescar que se ha tronchado es una operación que puede o no tener éxito, pero en la que nos jugamos poca cosa. Reparar una empuñadura dañada, por contra, suele suponer actuar en una caña cuya estructura básica no tiene ningún daño; e implica utilizar unos métodos para eliminar la empuñadura antigua que pueden afectar a la integridad de la caña si no los aplicamos correctamente.

Es por ello que los pescadores pocas veces acometemos este tipo de reparación, y si el portacarretes o el corcho sufren algún daño preferimos cualquier solución chapucera, pero que nos permita seguir pescando, antes que acometer una restauración completa.

En mi vida de pescador he visto utilizar cinta adhesiva (que debía cambiarse en cada salida de pesca) para sustituir una abrazadera rota del portacarretes; cubrir el corcho con cinta de enmangar las raquetas de tenis para igualar un trozo partido; fijar el carrete en su lugar con unos trozos de alambre… Todos esos arreglos permiten seguir pescando; pero creo que, cuando los daños son serios, la mejor solución es la más drástica: eliminar las piezas dañas y colocar una nueva empuñadura o un nuevo portacarretes.

Como ya advierto en el título, este artículo únicamente se puede aplicar a las cañas de pesca con mosca, aunque algunas de las operaciones que describe se pueden trasladar a cañas de otras modalidades.

Primer paso: eliminación de la empuñadura vieja

Como se muestra en la fotografía n.º 1, el principal problema de la caña cuya reparación sirve para ilustrar este escrito es el mal estado del portacarretes. El corcho de la empuñadura no está en muy buenas condiciones (y además es de una calidad ínfima), pero no está tan estropeado que sea inutilizable. En cualquier caso, lo mejor es quitarlo para cambiar el portacarretes, así que la reparación será completa.

Si lo que estuviera roto fuera el corcho de la empuñadura, y el portacarretes se hallara en buenas condiciones, sólo tendríamos que eliminar el corcho viejo para poder poner el nuevo, sin tocar el portacarretes; aunque habría que remover todas las anillas del tramo para poder colocar el nuevo puño en su lugar (sin duda es mucho más sencillo, y sobre todo barato, desanillar y anillar la caña que quitar un portacarretes y poner otro).

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Golpeando con un pequeño martillo el borde superior del portacarretes se logra desprender el portacarretes de la caña.
Las flechas azules muestran el sentido de corte más conveniente cuando cortamos el corcho de la empuñadura. La flecha roja refleja otra alternativa válida. Lo que nunca debemos hacer es cortar hacia el cuerpo de la caña, como señala la flecha negra (es un consejo obvio, pero no está de más recordarlo).
La fotografía de la derecha muestra el puño a medio cortar.

Con un cuchillo, navaja, o cuchilla de hoja fuerte y bien afilada (personalmente utilizo una cuchilla de zapatero), cortamos el corcho de la vieja empuñadura, procurando siempre que los cortes vayan paralelos a la caña, o de dentro afuera

Los restos de corcho pegados al cuerpo de la caña se eliminan raspando con el cuchillo (de la misma forma que quitamos el barniz en el capítulo 1.º de esta serie). En las zonas donde esto no es posible por ser la capa de resina epóxida demasiado gruesa y dura la lijamos, con una lija para madera de grano medio, sin eliminarla completamente (no debemos llegar a lijar la fibra base). (Ver imagen)

Una vez cortado el corcho viene el paso más complicado de toda la reparación: quitar el antiguo portacarretes.

Para hacerlo sin romper la caña ponemos a calentar una cacerola con agua y, cuando el agua comience a hervir, introducimos la empuñadura y la “cocemos” durante 10 o 15 minutos. En este paso hay que tener el cuidado de mantener la caña alejada de los bordes de la cacerola, o al menos asegurarnos de que donde la ponemos no hay riesgos de que el calor que sube de la cocina pueda quemarla.

Tras este proceso mantenemos la caña en el aire con una mano y con la otra golpeamos la parte superior del portacarretes con la ayuda de un pequeño martillo de canto fino (en la fotografía n.º 2 un martillo de cristalero). Obviamente los golpes, que deben ser firmes pero no violentos, van de arriba abajo, paralelos al cuerpo de la caña. A menudo de esta forma conseguimos sacar, poco a poco, el portacarretes.

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Se ve como quedó el talón de la caña tras eliminar el portacarretes y los restos de papel impregnados de resinas que formaban el relleno. Esa última capa de resinas endurecidas se lija hasta dejarla como se muestra a la derecha, ya lista para colocar los nuevos elementos.

Si la unión fuera muy firme y con los golpes no consiguiéramos nada, hay dos soluciones posibles:

  1. Calentar con un soplete de fontanero, lentamente, el portacarretes viejo hasta que comience a despegarse.
  2. Utilizar una herramienta eléctrica con un pequeño disco de cortar metales para, con mucho cuidado y con la pieza firmemente sujeta en un tornillo de carpintero, cortar el portacarretes.

Las dos operaciones anteriores tienen sus riesgos, aunque en mi opinión son bastante menores los de la segunda si tenemos un mínimo de habilidad y contamos con las herramientas adecuadas.

Tras sacar el portacarretes eliminamos los restos que quedan adheridos a la caña de la misma forma que cuando quitamos el corcho

Colocando la nueva empuñadura

Ya tenemos el cuerpo de la caña preparado para colocar los nuevos elementos, empuñadura y portacarretes, que previamente hemos comprobado que ajustan correctamente entre sí (si adquirimos las piezas cada una por su lado puede ser preciso horadar la parte inferior del corcho, o modificar el hueco pre-existente, para asentar perfectamente el portacarretes).

Lo primero es introducir la empuñadura (y antes que ella el anillo tapajuntas si tenemos intención de ponerlo) para comprobar que entra y se ajusta sin problemas al diámetro del talón de la caña. Hay que tener en cuenta que estamos pasándola de abajo arriba, al revés de lo usual cuando se monta una caña; por suerte la elasticidad del corcho suele permitir que realicemos este paso sin mayores problemas. En algún caso es preciso aumentar ligeramente, sin que quede holgado, el diámetro del hueco de la empuñadura utilizando una lima cilíndrica (que podemos sustituir por un trozo de una caña rota sobre el que enrollamos papel de lija); y en ocasiones (especialmente con cañas potentes preparadas para acomodar una empuñadura auxiliar debajo del portacarretes) la caña se engrosa demasiado en su extremo y debemos desanillar el tramo e introducir la empuñadura desde arriba. En las cañas de cuatro o más tramos el inferior no lleva anillas, excepto en ocasiones la del porta-moscas que en cualquier caso suele ser preciso quitar al ir junto a la empuñadura, por lo que podemos introducir la empuñadura desde arriba sin ningún problema.

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La clásica cinta aislante puede servir para aumentar el diámetro de la caña y que el portacarretes encaje sin holguras.

En este esquema se muestran los tres pasos principales del proceso de montaje del nuevo puño y el nuevo portacarretes.
Primero, izquierda, comprobamos que todos los elementos necesarios están preparados y ajustan entre sí. Después, centro, introducimos la anilla tapajuntas y la empuñadura, que dejamos sujetas donde no nos estorben para colocar y pegar el portacarretes. Por último, derecha, pegamos en su lugar el puño y la anilla tapajuntas.

Si estamos trabajando sin quitar las anillas llevamos el puño de corcho hasta la primera anilla y allí lo sujetamos temporalmente con un poco de cinta adhesiva (ver esquema de montaje).

En primer lugar vamos a pegar el portacarretes. Lo normal es que el diámetro de la caña sea bastante menor que el hueco interior del portacarretes, por lo que debemos aumentarlo con algún tipo de suplemento: papel, cinta adhesiva, hilo… (foto n.º 4).

Cuando el portacarretes se ajusta sin holguras preparamos suficiente cantidad de resina epóxida (mejor de fraguado lento) y la mezclamos siguiendo las instrucciones del fabricante. Cubrimos con ella la zona en la que irá el portacarretes y lo colocamos en su lugar, asegurándonos de que su postura es la adecuada para que el carrete quede perfectamente alineado con las anillas. Mientras se seca la resina (podemos acelerar el tiempo de secado si colocamos la caña sobre un lugar cálido, por ejemplo sobre un radiador de calefacción) hay que comprobar de tanto en tanto que la alineación sigue siendo la correcta, por si acaso.

Cuando el portacarretes está bien fijado en su lugar cubrimos con resina epóxida el tramo en el que debemos colocar la empuñadura y la acoplamos al portacarretes, podemos verlo en esta serie de fotografías.

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1 – El portacarretes ya está pegado a la caña, el siguiente paso es extender la resina epóxida en la zona que ocupará la empuñadura.

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2 – Vamos bajando la empuñadura hacia su lugar, lentamente y girando para que se impregne bien de resina. En la foto se aprecia el hueco en el que encaja la parte superior del portacarretes.

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3 – La empuñadura en su posición definitiva.

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4 – La resina sobrante se elimina fácilmente con un trapo empapado con alcohol.

Una vez la resina ha fraguado la caña puede utilizarse, aunque aún faltan los últimos detalles, puramente cosméticos: colocar un tapajuntas (en este caso un anillo de goma), y atar el prendedor de moscas con una ligadura ornamental.

Poner el tapajuntas no tiene más dificultad que conseguirlo del diámetro adecuado y pegarlo en su lugar con un poco de resina. Y en cuanto al modo de colocar el prendedor y formar la ligadura ornamental…, será asunto del último artículo de esta serie, dedicado al anillado y barnizado de añas.

El resultado final de la reparación se muestra en las fotos 5 y 6.

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Foto 5

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Foto 6

Alejandro Viñuales. -Ordiales-

Escrito por Admin

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