Delirios de un Pescador a Mosca

1ª Parte Diálogos con mi Sombrero Diálogo nº 21

• Guy, cuéntame tu aventura con el cuélebre

• Déjame en paz Sombreruco y calla cuando me concentro

• No ves que no se mueve ni un gobio, siéntate a descansar que ya no tienes 30 años

• Es la edad misma que tenía cuando la increíble aventura del Cuélebre. A que te la he contado ya

• Que no, Gurí, que no. A mi no me cuentas nada, sólo me pides sombra

• Para eso son los sombreros, la misma palabra lo dice. Sólo que tú eres un poco más avispado que los demás. Hay que reconocerlo. Bueno, te dedico 10 minutos sentaditos en ese palo

• Ya empezamos a regatear el tiempo. Los pescadores dais una cara de tranquilidad cuando sois todos una pandilla de impacientes

• ¡Jo!¡Jo! qué cínife eres! Calla esa boca negra por favor. Bueno… En aquella época empezaba a pescar el Cares. No me perdía la Semana Santa calculando salir de pesca cuando los demás iban a misa o a procesiones

• Eres un renegado e irás al infierno

• Aquel día sí vi el infierno…Estaba pescando truchas (entonces las había a manta) en el pozo el Suer que era mucho más profundo que ahora

• Aquel pozo grande que hay aguas arriba de La Molinuca

• Exactamente, intentaba peinar el borde del enorme acantilado donde chocan las aguas al bajar pero como estaban muy altas pasó lo que tenía que pasar, al dar un paso más patiné en los guijos y me llevó la corriente pozo adentro

• Eso te pasó mil veces porque siempre has sido un kamikaze del río

• Más vale ser kamikaze del río que de un Dios hipotético pero es otra historia.

• ¿Cómo saliste?

• No salí enseguida, un remolino me llevó para abajo y me impelió hacia una como gatera cavada en la piedra por donde se metía el agua impetuosamente. Al no poder respirar sentí que me iba a ahogar cuando….

• No me hagas eso, no te me mueras porque no te lo voy a creer

• …cuando de sopetón me siento arrastrado a la orilla y echado al suelo mientras seguía oyendo el ruido de la chorrera a mi lado

• ¿Qué hiciste? ¿Qué pasó?

• Primero coger el resuello, luego intenté ver donde estaba prendiendo mi linternita del sereno que siempre traía envuelta en un plástico en previsión de los baños forzados y milagrosamente estaba intacta

• ¡Coño! No me hagas esperar, cuéntame donde estabas, lo que veías..

• Estaba en una cueva grande con estalactitas de cristal colgando del techo y debajo de las cuales parecía dormir un animal extraño, enorme, parecido a una boa africana

• ¡Ja!¡Ja! yera el cuélebre asturianu…¡no me tomes más el pelo Guy!

• El que toma el pelo eres tú, en sentido propio desde luego. Si no me quieres creer te llevo a dar un paseo por allá mas te aviso que el sombrero mudo que tenía entonces se lo tragó la corriente

• Olvídate, no he dicho nada…..

• Era el cuélebre en efecto, rodeado de un montón de espinas de truchas , kilera la más chica, parecido a una culebra gigante con anchas aletas laterales y descomedidas patas de lagarto, con unos ojos fascinantes que me traspasaban como agujas aunque no me infundían ninguna sensación de miedo

• Y ¿No se movía nada? ¿Sólo te miraba?

• No dejaba de mirarme y yo igual. No sé como explicarte pero al cabo de un rato largo sentí que empezaba a comunicarme con él en silencio aunque lo suyo era un vable cerrado, tipo montes de Infiesto, que entendía muy bien entonces pero ahora soy incapaz de reproducir

• ¿Qué decía aquel aparato?

• Que me podía sacar de la gruta si le sellaba un pacto. Imagínate que yo para salir al aire libre le hubiera sellado un pacto hasta al demonio.

• ¿Qué pedía el monstru ése?

• “Que cada temporada por venir la primera trucha del Cares que pescare la devolviera a las aguas y no dejare de hacerlo una sola vez porque me caería encima la cuélebra maldición”

• Mira Cuele, le dije yo, llamándole Cuele ahora en confianza y casi cariño ¿qué va a pasar si algún día no me dejan pescar libremente pues bien sabes cómo son los hombres cuando su codicia es más grande que su respeto a los demás y a la naturaleza?

• “Pues que el día que la pesca libre te quitaren, esos mismos que te la quitaren reciban la cuélebra maldición, en veneno se les cambie la sidra y pasen malas muertes con todas sus familias”

• A ti te gusta este tipo trato. Seguro que se lo sellaste

• Cuando me vio asentir con decisión, desplegó su enorme cuerpo haciendo entre patas y aletas como un nido en el que me envolvió y en un decir amén sin que me faltase nada el aire me encontré en una orilla del Cares tan pensativo como aturdido.

• Ahora entiendo por qué cada año que ando contigo te veo devolver tu primera captura al Cares, rezongando si es un buen reo, eso sí

• La pena Sombrerín es que lo que imaginaba hace 40 años está sucediendo ahora y no sólo en el Cares, también en el Sella y en el Narcea

• ¿Crees que la maldición se va a cumplir?

• ¡Claro que sí! No se puede actuar con tanto desprecio e irresponsabilidad. En los periódicos van a faltar páginas para las esquelas de defunción.

Guy Roques. –mosqueroandante-

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