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Llegué a disfrutar de las delicias de la pesca con emergentes superando mis recelos iniciales. Es cierto que en mis primeros intentos de convencer a las pintonas con este tipo de montajes no conseguí precisamente los éxitos que hacen falta para quedar prendado de la verdadera efectividad de los mismos y es que… ya se sabe: “Si no lo veo no lo creo”.Muy al contrario, topé con varios problemas que me hicieron abandonar en las primeras tentativas.

Entre los inconvenientes debo destacar dos: la dificultad de conseguir una imitación que se mantuviera entre “el cielo y el suelo” de las truchas sin hundirse al cabo de cuatro lances, y la reducción, a mi modo de ver significativa, del grado de aceptación frente a otras imitaciones tradicionales. Y es que a mí, personalmente, me gusta más ver subir al pez que rompe la superficie del agua que buscarlo bajo ella. Aunque todo hay que decirlo, si las condiciones aconsejan pescar con ninfa, cambio de aparejo sin perder tiempo. Pero los gustos de cada uno son particulares.

No me considero ningún maestro de la pesca con mosca y dispongo de pocas oportunidades a lo largo de la temporada para practicar este sano arte, por lo que me resulta fácil quebrantar el firme propósito de dedicar el mejor rato a probar montajes nuevos, de dudosa reputación, mientras observas como tus cofrades van sacando truchas con las moscas de siempre. Para mí, una imitación es de “dudosa reputación” hasta que no consigue engañar con cierta continuidad, a unas cuantas pintonas.

Normalmente empiezas preguntándote: “¿A qué estarán entrando?”. Llegas a una conclusión, cierta o equivocada dependiendo de la experiencia de cada cual, y a partir de aquí todo se reduce a buscar lo más parecido que tengas en tus mil cajas y botecillos o, simplemente a pedirle a tu compañero que te pase una de las suyas. Habitualmente aquella a la que le han subido ya.

En esto creo que no me distingo demasiado de la mayoría de los aficionados a cualquier estilo de pesca. De hecho y si no estoy equivocado, el sagaz lector ya habrá encontrado entre sus recuerdos multitud de escenas como la descrita.

Pues bien, esto es razonablemente una equivocación importante. A medio plazo, si perseveramos en nuestro empeño, conseguiremos resultados nunca sospechados y en un terreno que antes se nos antojaba incómodo. Este es mi caso con las emergentes.

Primera sangre

Mis recuerdos me llevan a una jornada de pesca, en principio como otras tantas. Ese día en cuestión a mí no me fue demasiado bien con los montajes tradicionales de mosca seca, a saber: cercos en gallo de León y collera enrollada cerca de la cabeza. Pero en uno de tantos lances pude ver a no demasiados metros de distancia, cómo Jesús, uno de mis habituales compañeros de correrías, engañaba en un pequeño y somero remolino junto a la orilla a una de nuestras amigas. ¡Y de considerables dimensiones!. De hecho sus “hirientes” palabras creo que fueron algo así como: “Yo ya he hecho el día. Cuando queráis, nos vamos”. Su cara de satisfacción lo decía todo.

Como es fácil de imaginar, después de contemplar tan bello ejemplar mi pregunta fue el consabido y manido… ¿A qué te ha entrado?”. Mi sorpresa fue grande al comprobar que al extremo del nailon tenía atada una mosca con un aspecto tosco y pesado. Y con un patrón de montaje que difería sustancialmente de lo que yo consideraba hasta ese momento como realmente efectivo.

Se trataba de una ,mosca más bien peluda, brincada con tinsel de color cobrizo, una cola esponjosa y las alas formadas a base de mechones de fibras de “cul de canard”. Evidentemente, se trataba de una de “esas”. Una emergente.

En aquél momento no le presté mucha atención al hecho, de modo que seguí pescando con mis moscas tradicionales sin obtener buenos resultados hasta ya pasadas las cinco de la tarde, hora en la que el día dio un vuelco (pero eso pertenece a otra historia que algún día contaré…)

Al año siguiente, tras unos intentos infructuosos por pescar en un coto que no debería recibir mayor mención ni merecer esa calificación, decidimos trasladamos al mismo río en el que había sucedido el incidente descrito la temporada anterior. Mis compañeros Jesús y Ginés comenzaron a pescar “al alimón” en una rasera que prometía. Como la anchura del cauce no permitía que me uniese a ellos decidí pescar unos metros aguas abajo, en una posición que me permitía observar con claridad todas sus evoluciones.

Resultado del día: Jesús nos “mojó la oreja” sin ningún asomo de vergüenza y empleando para ello el mismo montaje que me había enseñado el año anterior. A partir de este momento empecé a pensar que las emergentes eran realmente eficaces. Desde ese día ya no podía dejar de lado una imitación que había pasado a formar parte del grupo de “las moscas que pescan”.

El patrón

Ya en casa y siguiendo las indicaciones de Jesús, empecé a buscar los materiales con los que confeccionar algo similar. Como suele ocurrir en todas las mesas de montaje, nunca tienes exactamente los materiales que te han indicado, de modo que intentando ceñirme lo más posible al patrón original, finalmente la ficha de montaje quedó del siguiente modo:

La monstruo original
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  • Anzuelo: Con la tija curvada, típico para pupas de tricóptero y gambitas. Nº 12, 14 y 16
  • Hilo de montaje: Tostado, UNI-Thread 8/0
  • Alas: Mechones de CDC, color Dun muy claro.
  • Torax: Antrón marrón caramelo.
  • Abdomen: Dubbing Ultrafine Dun muy claro.
  • Brinca: Oropel plano color cobre.
  • Exuvia: Antrón marrón rojizo oscuro.

Después de montadas la verdad es que tenían un bonito aspecto pero en mi fuero interno pensaba: “El que a mí me gusten no supone que las truchas sean de la misma opinión”. Me prometí a mí mismo que en la próxima salida de pesca tendrían su prueba de fuego.

La alternativa

Ya en el río, puse en manos de mis compañeros un par de imitaciones y les pedí que me hicieran el favor de utilizarlas en cuanto tuvieran ocasión. No es por nada, por qué vamos a negarlo, ellos son mas “finos” que yo pescando y no quería echar al traste el examen por incompetencia del “piloto de pruebas”.

El resultado fue excelente, aunque más por la calidad que por la cantidad de capturas que conseguimos. Los peces apenas se movieron, pero los que se sintieron atraídos por el engaño fueron seducidos por la emergente de nueva factura basada en el patrón de Jesús. Ginés terminó perdiendo los dos prototipos que le di por la mañana y cuando me preguntó si tenía alguna más, me faltó tiempo para darle la que aún me quedaba en la caja. Parecía que la mosca era efectiva.

La siguiente prueba la pasó en un coto del río Tormes. Por suerte para mí Ginés no había tenido tiempo de montar nada, de modo que nuevamente se pusieron a prueba las facultades de la imitación. La mañana transcurrió con más pena que gloria (mucho viento y poco movimiento) pero después de comer, “la mosca” resulto ser de nuevo la única que querían los peces.

Mi compañero empezó a repetir el nombre con que bautizaríamos al patrón… “Oye, qué monstruo de mosca” .Pues eso, que se quedó con “La Monstruo”.

La confirmación

En el mismo Tormes, pero esta vez en un tramo superior, el 31 de julio del mismo año se produjo la revelación. Había tenido la precaución de montar varias moscas con el mismo patrón variando los colores y atendiendo a las fechas en las que tendría lugar el nuevo encuentro. Los tonos variaban entre los verdes, amarillos y cremas.

Sin pensarlo dos veces, afronté la orilla del río y tras hacer dos falsos lances, posé la mosca con apenas medio metro de línea fuera de la caña. Como quién dice… para estirar el brazo. Un recorrido de apenas un metro entre las ovas y una diminuta cebada la hizo desaparecer. Pensé: “Vaya, hoy estoy de suerte. Ya empiezan las pequeñas a alegrarrne el día”. Levanté la caña con suavidad para no dañar los dientes de leche de la “pezqueñina” y súbitamente noté como mi brazo cedía hasta la horizontal arrastrado por el arranque de una atlética trucha. Tras una lucha en la que inicialmente la ventaja fue del animal (me pilló dormido), conseguí tomar las riendas de la situación y toqué las escamas de sus más de cuarenta centímetros.

Mil gracias le di por alegrarme el día bien temprano y tras los consabidos ejercicios de recuperación, recobró la libertad. La responsable del lance había sido la variante en color verde de “La Monstruo”.

Lo que vino a continuación se resume con un calificativo pocas veces por desgracia utilizado: glorioso.

Salvo algún éxito puntual con tricópteros rubios e imitaciones de “La Potente”, patrón en paracaídas con mechón de cola de ternero y cercos con brillo metálico muy indicado para zonas de corriente y rabiones, la jornada por entero estuvo dedicado por parte de las truchas a “La Monstruo” y yo, claro, me dediqué a darles lo que pedían.

A tal punto que a las cuatro de la tarde, totalmente relajado y satisfecho, decidí recoger los bártulos no sin antes agradecer a la ligera brisa ascendente, al río, a las truchas y al sol, la gozosa plenitud con que me habían obsequiado ese día.

Tres conclusiones y una excepción

En primer lugar y aún arriesgándome a que me tachen de descubrir la pólvora, la primera conclusión evidente es afirmar tajantemente que la pesca con emergente es tan efectiva o más que la pesca con seca, si bien hay que respetar ciertas premisas en cuanto a la presentación y al clavado. La posada debe ser delicada y bastante mas arriba del lugar de las cebadas. Se supone que es algo que emerge del cauce y no algo que cae del cielo. En cuanto al clavado, este debe retardarse un poco, ya que suelen comer con delicadeza, pero no en exceso ya que de otro modo y en aguas tranquilas se dan cuenta rápidamente del engaño.

La segunda conclusión es confirmar la efectividad del patrón en sí tras muchas y variadas jornadas de pesca. Son muy escasos los días en que “La Monstruo” no mueve alguna trucha. Hay que tener presente que se deben variar los tonos del montaje para adaptarlos a las fechas de pesca. Así, al principio de temporada los mejores resultados los he obtenido con la variante en tonos marrones, más oscuros que la original, sustituyendo la seda de montaje por otra de un color marrón óxido; ha funcionado incluso en esos días en que todo el que te encuentras asegura que sólo entran a ninfa. Según avanza la temporada hay que ir aclarando los colores, hasta ya entrado el verano, momento en que los tonos verdes, olivas y amarillos-crema funcionan excelentemente, procurando sustituir el anillado con tínsel color cobre por colores más claros y sin brillos. Para estas fechas las truchas ya han visto muchas botas recorriendo el río y los animalitos están doblemente escamados. El brillo de la exhuvia en antrón es más que suficiente para despertar su atención. En cualquier caso, siempre llevo encima el modelo original de tonos tostados suaves, como comodín de efectividad promedio.

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Todas las variedades probadas.

Y Finalmente, aunque no hay evidentemente ningún estudio riguroso que avale esta conclusión, creo firmemente que la efectividad de la mosca se debe fundamentalmente a tres factores:

a) La forma del anzuelo, que obliga al cuerpo a ir sumergido, sujeto en la película superficial del agua por las alas de fibras de CDC.

b) A la trasparencia que da el antrón

c) Al volumen que da el antrón.

Al lector dejo la tarea de contrastar y rebatir estos puntos.

En cualquier caso debo hacer notar que este tipo de montaje, si bien era nuevo para mi, no es en absoluto desconocido para los pescadores salmantinos (aunque no recuerdo el nombre que le dan por esas tierras). De hecho el amigo Fernando Gil (conocido en el entorno de Internet como El Charro), ya me lo hizo saber en una ocasión en la que coincidimos en el coto de Alba de Tormes. La mosca que me enseño y me obsequió con un ejemplar, era una mosca seca con la tija del anzuelo recta y bastante más ligera de cuerpo y alas. Navegaba perfectamente equilibrada y cumplió su cometido con precisión hasta que la perdí entre unas ovas. Probablemente esta variante, a los ojos de los peces, suponga un estadío más avanzado de la emergencia del insecto y con seguridad es una estrategia acertada la alternancia entre los dos patrones en un mismo tramo de pesca.

Finalmente hacer sólo una salvedad. Estos modelos han mostrado su efectividad siempre en ríos de llanura, con corrientes moderadas y más o menos constantes. No he conseguido que funcionara tan bien en cursos de montaña. En cualquier caso este dato no es demasiado fiable y muy bien podría estar viciado por las carencias del pescador.

Manuel Niella. -Mangar-

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