Ahora que ya conocemos, más o menos, los materiales de que disponemos en el mercado para montar la caña, vamos a repasar las herramientas que nos harán falta para proceder al montaje. Además de los que enumero aquí, nos pueden venir bien otros muchos utensilios, pero con estos será suficiente para comenzar a montar la primera caña. A lo largo del artículo y a medida que nos vayan haciendo falta, ya iremos viendo como usarlos.

  • Soporte para el anillado.
  • Motor de secado para el barniz.
  • Cuchilla afilada (mejor un bisturí).
  • Limas redondas de varios diámetros.
  • Lima pequeña plana.
  • Pinzas.
  • Pinceles.
  • Alcohol o acetona.
  • Barniz de anillado.
  • Hilo de anillado.
  • Cinta de carrocero o cinta adhesiva transparente.
  • Pinza hemostática.
  • Pegamento epóxico.

 

Como se puede ver, con unas pocas herramientas será suficiente para montar una caña.

Bueno, vamos a ponernos manos a la obra. La primera tarea será encontrar la “espina” en el blank. La “espina” es una línea longitudinal a lo largo del blank en la que éste es un poco más rígido que en el resto. Se debe a que la pared del blank es algo más gruesa en esta línea. Para fabricar el blank, se enrolla la tela de grafito sobre un molde o mandril metálico, montando ligeramente un lado de la tela sobre el otro. De ahí que la pared quede un poco más gruesa en esa línea.

Para buscar la espina, el método más usual es colocar el tramo del blank con el extremo más fino apoyado sobre una superficie plana, mejor si ésta no es resbaladiza. El otro extremo, el más grueso, se apoya sobre la palma de la mano abierta. Con la mano libre, hacemos una moderada presión en el centro del tramo, de manera que éste se flexione, pero sin pasarnos, no vaya a ser que rompamos la caña antes de comenzar a montarla. Manteniendo la flexión, hacemos girar el tramo con la mano con la que aplicamos la presión. Notaremos que al girar hay un punto en el que el tramo salta de repente, y nos es difícil mantenerlo en ese punto sin que gire hacia un lado o hacia el otro. Cuando consigamos ese equilibrio, sin que gire hacia un lado ni hacia el otro, marcaremos este punto. Para marcar, yo utilizo un lapicero blanco especial llamado “China Marker” que es parecido a una pintura de cera. Se elimina fácilmente al acabar el montaje de la caña y no deja rastro. Pero también se puede usar parafina, cera, o cualquier otro método que podamos limpiar fácil y completamente.

Es conveniente repetir el proceso de búsqueda de la espina dos o tres veces para asegurarnos de que hemos marcado el punto correcto. Haremos lo mismo en el otro u otros tramos de la caña. A veces la espina no es muy aparente y nos costará encontrarla. Esto suele ocurrir en las cañas de mucha calidad, en las que el proceso de fabricación del blank es muy meticuloso, y también en los tramos más gruesos de las cañas de tres o más tramos. Pero con paciencia y tacto nos iremos acostumbrando a encontrarla.

Ahora que ya tenemos la espina localizada y marcada, decidiremos donde colocar las anillas. En principio, tenemos dos opciones: colocarlas en la línea en la que hemos hecho la marca, o por el contrario, colocarlas en el lado exactamente opuesto. Si la caña que vas a montar es de números de línea ligeros, para peces no muy grandes, colocaremos las anillas en el lado que hemos marcado. Tendremos menos potencia de la caña para trabajar al pez, pero tendremos un poco más de potencia para lanzar. Si la caña está destinada a grandes peces, montaremos las anillas en el lado opuesto al marcado, lo que nos dará la máxima potencia de la caña a la hora de pelear con la captura. He dicho antes que, en principio, teníamos estas dos opciones. Pero resulta que si buscamos la espina de algunas de las cañas que se venden ya montadas, nos daremos cuenta de que es posible que lleve las anillas a 90º de la espina. No se exactamente cual es la razón de que algunas marcas monten las anillas así, pero supongo que cuando lo hacen tendrán sus motivos. Si compramos un blank de una e estas marcas, suelen traer marcas de fábrica en la línea en la que hay colocar las anillas.

El siguiente paso es pegar el portacarretes. Como ya mencioné en el apartado de la descripción de componentes, lo más probable es que no coincidan exactamente el diámetro interior del portacarretes y el diámetro exterior del blank, por lo que habrá que suplementar este último con cinta de carrocero. Para este cometido, yo suelo colocar dos tiras de cinta, una colocada a 1´5 cm. Aproximadamente del final inferior del blank, y otra a 1´5 cm. Del final superior del portacarretes. Iremos añadiendo vueltas de cinta hasta conseguir que el ajuste sea el correcto.

El blank preparado para pegar el portacarretes. Se pueden ver los dos suplementos de cinta para el ajuste óptimo

Mezclamos un poco de epoxi, mejor si es del rápido, ya que fraguado se produce en escasos minutos y nos permitirá seguir trabajando con la caña en unos instantes, y lo aplicamos sobre el blank. Hay que extenderlo bien en el espacio entre las dos cintas y en el espacio que queda por debajo de la cinta inferior. Por encima de la cinta superior sólo extenderemos una pequeña cantidad, de manera que nos quede un poco de hueco que servirá para recoger el exceso de pegamento que pueda rebosar al pegar la empuñadura. Introducimos el portacarretes a la vez que lo vamos girando con el fin de que el pegamento se reparta uniformemente, habiendo tenido antes la precaución de sujetar con cinta todas las anillas o partes móviles de portacarretes para evitar que nos molesten o se muevan. Si el modelo de portacarretes que hemos elegido es del tipo de sujeción superior con rosca, posiblemente la tapa inferior del mismo sea una pieza suelta, por lo que deberemos pegarla también. Una vez introducido el portacarretes y pegada la tapa inferior, lo apoyaremos sobre la mesa y obligaremos al blank hacia abajo hasta hacer tope en la tapa. Y, muy importante, si el portacarretes es de los que llevan una acanaladura en el cuerpo central para los pies del carrete, habrá que alinearlo correctamente con la línea en la que posteriormente colocaremos las anillas. También hay que respetar está alineación en el caso de que el portacarretes sea de sujeción inferior. En este caso, lo que hay que alinear es la tapa inferior, donde está el hueco en el que se introduce el pie del carrete. Si el cuerpo del portacarretes elegido no lleva acanaladura para los pies del carrete, lo que habrá que alinear más tarde será la arandela que sujeta el carrete en la parte superior, que quedará embutida en la empuñadura, pero siempre podemos procurar colocar ahora el portacarretes de manera que la parte más vistosa de la madera quede a la vista. Una vez todo en su sitio, lo dejaremos secar con la caña en posición vertical antes de seguir con el montaje.

Quiero recalcar que es muy importante no olvidarse de alinear el portacarretes antes de que el pegamento fragüe, porque no es la primera vez que me ha pasado que, con las prisas, se me ha olvidado este punto y luego es un problema, ya que hay que calentar con una pistola decapante, desmontar, limpiar todo y volver a pegar correctamente. Parece un fallo muy simple como para cometerlo, pero precisamente por eso, por su simplicidad, es muy fácil caer en él.

Ya con el epoxi seco (si hemos usado del rápido, en diez minutos ya podremos manejar la caña), montaremos la empuñadura. Antes de pegarla, habrá que adaptarla al portacarretes y al blank, ya que casi con toda seguridad no tendremos la suerte de que ajuste bien desde el principio. Como el diámetro del orificio interior del corcho suele ser menor que el diámetro del blank, hay que agrandarlo con una lima redonda. Medimos el blank y buscamos la lima que mejor se adapte a este diámetro. Pero, ¡cuidado al limar! Es fácil que al hacer el movimiento adelante-atrás con la lima, también se nos vaya a un lado y a otro, con lo que el orificio quedaría ovalado. Cada poco tiempo comprobamos que el mango vaya entrando por el blank hasta que llegue al portacarretes, con lo que ya estará concluida la primera parte del trabajo.

Si hemos comprado el mango ya hecho, puede ser que venga con un rebaje en la parte inferior de mayor diámetro que el que lo atraviesa por completo, está destinado a alojar el extremo superior del portacarretes. Aunque puede ser que no lo traiga de fábrica, por lo que tendremos que hacerlo nosotros de forma que la anilla superior del portacarretes, o el embellecedor que suele montar si es de sujeción inferior o de anillos deslizantes, quede embutido en el interior de la empuñadura. Hay que tener precaución al hacer el orificio porque las paredes de corcho quedarán muy delgadas y podrían romperse, dando al traste con el mango.

Con el portacarretes ya pegado y seco, adaptaremos y pegaremos la empuñadura.

Una vez que el mango se adapta perfectamente, marcamos sobre el blank el final superior del mismo para delimitar la zona sobre la que extenderemos el pegamento. Lo retiramos y preparamos el epoxi. Lo aplicamos sobre toda la zona de contacto entre el blank y la empuñadura. Si el ajuste es muy preciso, con una capa fina bastará. Pero si nos excedimos con la lima y hay una pequeña holgura (permisible pero no deseable) entre ambos, aplicaremos una capa más gruesa de epoxi para evitar que queden puntos sin pegar. Introducimos el mango y lo vamos girando para que el pegamento se reparta uniformemente. El exceso de pegamento que se pueda producir se introducirá en el hueco que habíamos dejado con poco pegamento en la parte superior del portacarretes cuando lo montamos, aunque posiblemente también saldrá algo de pegamento al exterior, que limpiaremos lo antes posible con un trapito impregnado en alcohol o acetona. Atención al limpiar porque los acabados de algunos portacarretes, al igual que el de algunos blanks, pueden deteriorarse con el alcohol o la acetona.

En caso de usar un portacarretes de fijación superior, no hay que olvidarse de alinear el hueco donde ajustará el pie del carrete con la línea donde colocaremos las anillas. Como ya recalqué antes, es fácil descuidarse y no darse cuenta de que no está alineado hasta más tarde, y una empuñadura pegada con epoxi es inamovible. Habría que destrozarla para quitarla y volver a colocar otra nueva. También es importante limpiar con un palillo o un destornillador y un trapito con alcohol el pegamento que haya podido quedar en el interior del hueco de fijación del carrete. Insisto en que son pequeños detalles que se pueden pasar por alto y hacernos perder mucho tiempo. ¡Y lo digo por experiencia propia!

Para terminar con la fase de montaje de esta parte de la caña extenderemos con un palillo o una aguja un hilo fino de epoxi en la unión superior del blank con la empuñadura e introduciremos el “winding check” hasta fijarlo en su posición.

Con todo ya bien seco, el siguiente paso será proceder a anillar la caña. Pero antes de ponernos con el hilo hay que preparar las anillas y el blank. Al comprar las anillas procuraremos elegir una marca que nos venga con los pies de éstas ya preafilados. Así nos ahorraremos algo de trabajo, que por cierto es el menos agradecido de todo el proceso de montaje de la caña. Para poder montar las anillas en la caña, tanto la punta como los laterales de éstas tienen que estar afilados, de forma que cuando vayamos enrollando el hilo, la transición entre el blank y la anilla sea lo más suave posible. Si la punta, sobre todo, no está perfectamente afilada en su parte superior, quedarán espacios entre las vueltas del hilo que más tarde afearán mucho el acabado final después de aplicar el barniz.

Para limar las patas de las anillas las sujetaremos con una pinza hemostática, lo que nos permitirá trabajar con comodidad al no tener que preocuparnos de mantener la presión constantemente como ocurriría con una pinza normal. Con una lima fina, de las usadas en modalismo por ejemplo, eliminaremos las aristas de los laterales de las patas en toda la zona que será cubierta por el hilo. Y también daremos una suave pendiente a la punta para que el paso del hilo del blank a la anilla se note lo menos posible. Hay que procurar no dejar ninguna rebaba o viruta en la que pudiera engancharse el hilo. Si para efectuar la tarea del limado de las patas se emplea una herramienta eléctrica giratoria, tipo “Dremel”, hay tener cuidado de no calentar en exceso el acero, pues podría perder el temple y debilitarse.

Se puede ver la diferencia entre una pata ya limada (izq.) y otra sin preparar todavía.

Con las dos patas ya limadas, hay que comprobar que éstas apoyen sobre el blank completamente planas. Si forman un ángulo con el blank habrá que corregir el defecto con unas pinzas o un alicate de punta fina. Lo más importante es que la punta de las patas no quede levantada. Si la zona que levanta un poco es la parte posterior de las patas, es admisible, aunque no es lo óptimo.

La anilla del centro asienta correctamente. Las de los lados nos darán problemas a la hora de anillar.

Ahora prepararemos el blank. Lo único que hay que hacer es marcar la posición en la que colocaremos cada anilla. Para conocer esta posición con exactitud, que será en la que la caña nos dará las máximas prestaciones sin riesgo de sobreesfuerzo ni rotura, lo mejor es acudir al fabricante del blank que hemos comprado.

Muchas de las marcas de cañas y blanks disponen en sus páginas web del espaciado de anillas de todos sus modelos, por lo que no será complicado encontrarlo. Si no estuviera disponible, se puede enviar un email preguntando por el espaciado de anillas de nuestro modelo, y normalmente te responden sin ningún problema. Y si se da el caso de que, por ejemplo, la serie del blank que hemos elegido no se vende como caña montada, o incluso que esa marca solamente fabrica blanks, podemos acudir a una tabla general de espaciado de anillas que nos servirá para cualquier medida y número de línea. En estas tablas también se indica el tamaño de las anillas que debemos usar.

Enlace a la tabla de espaciado de anillas

Si recurrimos a una de estas tablas, lo que hay que hacer para comprobar que colocamos las anillas en el lugar adecuado es lo siguiente: marcamos la posición de cada anilla y las sujetamos provisionalmente con cinta de carrocero. Pasamos un cordel, o la propia cola de rata, por todas las anillas y flexionamos la caña tirando del extremo del cordel que sale por la anilla de punta, como si estuviéramos en acción de pesca. Con la caña flexionada, los ángulos de entrada y salida del cordel en cada anilla deben ser exactamente iguales, por lo que es posible que haya que desplazar ligeramente alguna de ellas.

Las medidas de espaciados de anillas que aparecen en las tablas generales y en las listas de los fabricantes comienzan desde la anilla de punta hacia el talón de la caña, con todos los tramos perfectamente ensamblados. Normalmente los encontraremos siempre en pulgadas (para pasarlos a centímetros, multiplicar x 2´54).

Ahora que tenemos marcada el en blank la posición de cada anilla, pasaremos al anillado propiamente dicho. El hilo a utilizar será de nylon. El grosor adecuado para la mayoría de las cañas de mosca es el que se comercializa como “A”. La escala del grosor de los hilos que normalmente se utilizan para montar todo tipo de cañas va desde el “00”, el más fino y que se suele utilizar en las cañas de bambú, pasando por el “A”, “B”, “C”, hasta el “Elephant”. En principio, lo más conveniente es comprar hilo de nylon del que se vende específicamente para el montaje de cañas. Se pueden usar otros hilos, es cuestión de experimentar con diversas marcas y composiciones, pero por lo que cuesta una bobina de 100 metros del apropiado, casi no merece la pena buscar otras alternativas, teniendo en cuenta además que con una bobina de 100 metros se pueden montar varias cañas. La marca más conocida y de las que más variedad de tipos y colores poseen es “Gudebrod”.

Dentro de los hilos de grosor “A” podemos elegir dos opciones: el hilo de nylon normal y el hilo de nylon NCP (No Color Preserver). La diferencia entre ambos es que el primero absorbe el barniz de anillar, y el segundo no lo hace, por lo que no cambia de color. Esto hay que tenerlo en cuenta en el momento de elegir el color del hilo. El nylon normal se oscurece mucho al barnizarlo, y se hace ligeramente transparente, dejando ver las patas de las anillas a través de él. Si lo que queremos es mantener el color original del hilo, deberemos aplicar preservador de color, que es un tipo de barniz que impermeabiliza el hilo e impide que éste absorba más tarde el barniz de anillar. O bien podemos usar nylon NCP sin preservador de color (aunque por experiencia propia recomiendo dar una mano de preservador de color al nylon NCP para asegurarnos totalmente de que mantiene el color). Cuidado al aplicar el preservador de color: es necesario dar tres o cuatro manos y asegurarse de hacerlo bien, pues si queda el más mínimo resquicio por donde pueda penetrar el barniz, lo hará, dando al traste con el anillado al quedar zonas entremezcladas de dos colores.

También disponemos de hilos metálicos de grosor “A” en varios colores que nos servirán para intercalarlos con el hilo principal de anillado y crear algunos adornos que darán un poco más de atractivo a la caña. Aquí ya entra en juego la imaginación y la creatividad de cada uno, pero si buscamos en Internet podremos encontrar multitud de modelos de anillado a nuestro gusto, algunos de ellos verdaderas obras de arte y con muchas horas de trabajo. Aunque por ahora haremos un anillado sencillo para ir cogiendo práctica.

El método de anillado y barnizado que describo es el que yo utilizo habitualmente. A mi me parece correcto, aunque seguro que se puede mejorar y habrá personas que lo hagan de otra manera igualmente válida, o incluso mejor.

Comenzamos con la anilla de punta. Para fijarla en su posición se puede utilizar pegamento termofusible en barra (el más recomendable), epoxi, o cualquier otro pegamento, pero teniendo siempre en cuenta que es posible que algún día tengamos que cambiar la anilla, bien por desgaste, bien por rotura de la misma. Así que conviene que sea un pegamento que se pueda eliminar fácilmente, por ejemplo, con calor, como el pegamento en barra que he indicado. Dejaremos la anilla perfectamente alineada con la marca que hicimos para señalar la línea en la que irán las anillas.

Pasamos a la siguiente anilla. La colocamos en la marca correspondiente, lo más alineada posible con la de punta y fijamos una de sus patas con una vuelta de cinta de carrocero. Para verificar la correcta alineación, giramos la caña para dejar las anillas en la parte inferior y, mirando desde arriba, comprobamos que sobresalga la misma cantidad de anilla por ambos lados del blank, y que en la anilla de punta también ocurra lo mismo. Hay que revisar concienzudamente el alineado hasta que creas que está perfecto, desplazando la anilla a un lado o al otro si fuera necesario. Una ligerísima desviación es admisible, ya que más tarde, con el hilo ya colocado, aun podremos, con muchísimo cuidado, mover un poco la anilla.

Bien, ya tenemos la anilla perfectamente alineada. Para comenzar a anillar necesitaremos un soporte en el que colocar la caña para poder hacerla girar. Viene a ser lo mismo que enrollar el hilo de montaje sobre el anzuelo cuando comenzamos una mosca, solo que aquí en lugar de girar el portabobinas, lo que hay que hacer es girar la caña para que el hilo se vaya enrollando alrededor de ella. En el mercado se pueden encontrar cantidad de soportes especialmente diseñados para el montaje de cañas. Algunos de ellos son verdaderamente sofisticados, con motores, interruptores por pedal, variadores de velocidad, etc., pero si no tienes pretensiones de convertirte en un profesional del montaje de cañas, con unas tablas y unos tirafondos se pueden preparar un par de soportes sencillos que cumplirán con su cometido a la perfección. Una tabla como base, y otra tabla vertical con un corte en forma de “V” servirán. Conviene recubrir el canto superior de la tabla y de la “V” con una tira de espuma o de algún otro material que evite que la caña se pueda rozar o estropear. Se puede colocar un tensor para el hilo, del tipo de los que llevan las máquinas de coser, aunque sino nos queremos molestar, pasando el hilo entre las páginas de un libro tumbado tendremos la suficiente tensión. Y si todavía nos queremos molestar menos, una caja de cartón con el frente abierto y dos cortes en “V” en los laterales nos hará el trabajo. Para tensar el hilo podemos introducir la punta de un portabobinas de montar moscas por un agujero practicado en la pared de la caja. Este último método de la caja es un poco rudimentario, pero si sólo pensamos montar una caña, es una buena opción. Aunque mi opinión es que una vez que montemos una caña, seguro que detrás vendrá alguna más.

Unos soportes sencillos, hechos con un par de tablas, serán suficientes.

Para comenzar a anillar, colocamos la caña en los soportes de forma que la anilla por la que vamos a empezar quede más o menos frente al tensor del hilo. Ahora tendremos que decidir cual va a ser la longitud del anillado, para lo cual utilizaremos un compás para medir la distancia que hay entre la curva del pie de la anilla y el punto donde comenzará el anillado, ya sobre el blank, fuera del pie de la anilla. Lo normal es que haya unos dos o tres milímetros de vueltas de hilo sobre el blanck. Hacemos una pequeña marca con el compás para saber donde comenzaremos a dar las vueltas de hilo. No hace falta que sea una marca muy grande, solamente lo justo para que la podamos ver. Guardamos el compás con la medida, ya que nos servirá como referencia para anillar el otro pie de la anilla.

Enrollamos una vuelta de hilo alrededor de la caña sobre la marca que hemos hecho, con el extremo libre del hilo apuntando hacia la punta del pie de la anilla. Variamos el ángulo del hilo de manera que monte por encima del extremo y comience a aproximarse hacia el pie de la anilla. Como dije antes, es igual que cuando comenzamos a montar una mosca. Cuando hayamos enrollado cinco o seis vueltas de hilo sobre el extremo libre, lo cortamos a ras del blank con una cuchilla bien afilada, evitando el que puedan quedar fibras o pelillos del hilo sueltos. La herramienta que yo utilizo para cortar el hilo es un bisturí quirúrgico, ya que he comprobado que es el que mejor corta sin dejar fibras, además de que podemos reemplazar las hojas por muy poco precio.

La primera vuelta de hilo monta por encima del cabo suelto, dejándolo sujeto.

Después de cinco o seis vueltas de hilo, ya tenemos el cabo libre lo suficientemente sujeto como para poder cortar el sobrante.

Con el cabo libre ya cortado, seguiremos enrollando vueltas de hilo.

Hay que mantener el hilo tenso en todo momento, ya que si se afloja aunque sólo sea un instante, veremos como las vueltas que hemos dado se desenrollan y se abren. Vamos avanzando con el hilo hasta llegar al pie de la anilla, donde habrá que tener precaución de que el hilo suba con suavidad, sin que se monte una vuelta sobre otra. Si ocurriera esto, desenrollamos unas vueltas, pero manteniendo siempre la tensión del hilo, y volvemos a enrollar de nuevo.

El hilo comienza a montar sobre la pata de la anilla. Si la afilamos bien anteriormente, no debería haber problemas.

Cada pocas vueltas hay que compactar el anillado, cerrando todos los posibles huecos que puedan quedar entre vuelta y vuelta de hilo. Este es el secreto para obtener luego un barnizado de lujo: cerrar perfectamente el enrollamiento del hilo. Si dejamos algún hueco, se hará mucho más visible al aplicar el barniz, dejándonos con un anillado lleno de rayas de diferentes colores. Para compactar las vueltas se puede usar cualquier objeto liso que tenga una arista viva. Yo suelo utilizar la parte sin filo de la hoja de una navaja En otros pasos del montaje de cañas quizá se pueda ser más permisible, pero aquí, no, el hilo tiene que quedar perfecto, impecable, ya que sino, el trabajo final no tendrá la calidad necesaria.

Vamos avanzando con el hilo hacia la curva de la anilla.

Cada pocas vueltas de hilo es conveniente compactar el anillado para no dejar espacios.

Cuando falten ocho o diez vueltas para llegar a la curva del pie de la anilla, hay que hacer un bucle con u trozo de hilo suelto de unos 15 ó 20 centímetros y sujetarlo con las últimas vueltas. Es conveniente que el bucle sea de hilo de otro color para facilitarnos la labor, sobre todo si nuestra vista no es demasiado buena. Al llegar a l final de enrollamiento, aprisionamos el hilo contra el blank con los dedos y lo cortamos. Pasamos el extremo libre por el bucle que hemos sujetado antes y tiramos de los extremos de éste. Así conseguiremos que el extremo del hilo pase por debajo de esas ocho o diez vueltas y quede fijado. Cortamos el sobrante todo lo a ras que podamos, evitando de nuevo dejar fibras sueltas. Un truco: el hilo es ligeramente elástico, por lo que si lo tensamos un poco, cuando cortemos, la punta tenderá a retraerse e introducirse bajo las vueltas, desapareciendo así todo rastro del corte.

Fijamos el bucle de hilo que nos servirá para rematar el anillado.

Seguimos enrollando el hilo hasta llegar a la curva de la anilla.

Sujetando el hilo con un dedo para que no se desenrolle, lo cortamos y pasamos el extremo por el interior del bucle.

Vamos estirando del bucle hasta que el extremo del hilo va a comenzar a pasar por debajo de las vueltas.

El extremo ya está pasando por debajo de las vueltas. De esta forma quedará oculto.

El extremo del hilo ha terminado de pasar.

Este anillado ya está terminado. Pasaremos a anillar ahora la otra pata de la anilla.

Ahora ya podemos retirar el trozo de cinta de carrocero que nos mantenía la anilla en su posición. Ya no se moverá. Anillamos el otro pie de la misma forma que el primero, pero claro, en sentido contrario.

El sistema de anillado es igual para todas las anillas, variando solamente la longitud, adaptándola al tamaño de los pies de las anillas de diferentes medidas que hayamos podido usar.

Cuando todas las anillas estén listas, hay que envolver con hilo la parte hembra de los enchufes de la caña al menos dos centímetros, para reforzar la zona y evitar astillamientos en la pared del blank. También hay que cubrir con hilo una pequeña parte del blank a continuación de la anilla de punta.

Ya solamente queda dar un repaso a todas las anillas en busca de posibles defectos en el anillado que se nos hayan podido pasar por alto. Si detectamos alguna fibrilla en el hilo, se puede eliminar acercando, con mucho cuidado, la llama de un mechero de gas. Y si notamos un abultamiento en la zona del hilo por encima de los extremos que han quedado escondidos debajo, procuraremos aplanarlo presionando ligeramente con un objeto liso y redondeado, como el mango del bisturí.

La siguiente tarea será el barnizado y acabado final de la caña.

Felix Losantos.-Najerilla-

Escrito por Admin

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