Seguramente el elemento más característico en la imagen típica que casi todos los pescadores tienen de una mosca artificial es el jáquel.

El término “jáquel” (españolización fonética del término inglés hackle) conserva, en español, dos significados:

1. La parte de la mosca artificial que consiste en una pluma enrollada sobre el anzuelo.

2. La pluma que habitualmente se utiliza para formar esa parte de la mosca.

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La longitud y finura de las plumas de las modernas colgaderas es espectacular. El problema es que la mayor parte de las plumas válidas en unas colgaderas tienen similar anchura, y por tanto sólo sirven para montar moscas de parecida talla.

En este artículo pretendo explicar algunas cosas, las que considero que más necesita saber el montador principiante o intermedio, sobre la primera acepción del término; pero antes me detendré durante algunos párrafos hablando de las plumas de jáquel.

Las plumas de jáquel

El jáquel por excelencia es el procedente de las plumas estrechas y de barbas rígidas y limpias de barbillas que los gallos tienen en el cuello y en la parte posterior de la espalda (las colgaderas, a las que los ingleses denominan saddles).

Aunque reconozco que es una decisión discutible, no considero (al menos en este artículo) que el collar de barbas sueltas, idealmente de plumas de riñonada de gallo leonés, que forma parte indispensable de una mosca ahogada montada al estilo español sea un jáquel, pues no se construye enrollando una pluma.

Cualidades de una buena pluma de jáquel

Entre las cualidades que debemos buscar en una pluma de cuello o de colgadera de gallo destinada a formar el jáquel de una mosca seca están:

§ Un color adecuado a la mosca que queramos construir.

§ Brillo.

§ Una suficiente porción de pluma limpia de barbillas.

§ Un ancho adecuado al tamaño del anzuelo.

§ Un raquis fino, flexible y resistente.

§ Barbas elásticas, rectas, de puntas finas y flexibles.

Además viene bien que sea larga, con muchos centímetros de longitud útil, y que tenga una buena densidad de barbillas; pero estos son aspectos que atañen a la “calidad económica” del jáquel, y un poco a la comodidad a la hora de montar las moscas, más que a sus cualidades a la hora de formar buenas (o al menos bonitas) imitaciones.

En la foto vemos el diverso tamaño de las plumas de un cuello de gallo. Las más cortas son más estrechas, y sirven para moscas pequeñas, las más largas son más anchas, y sirven para moscas grandes.

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¿Cuello o colgadera?

Una duda que se suele plantear entre los montadores es si comprar plumas de cuello o plumas de colgadera. En cuanto a la calidad relativa de cada tipo de plumas… pues a la postre es bastante parecida. En los cuellos el defecto más frecuentes es el raquis demasiado grueso en algunas plumas; y en las colgaderas un problema que no es raro en las plumas largas y estrechas es el arqueo de las barbas.

Las ventajas y desventajas son sobre todo de tipo cuantitativo: las colgaderas ofrecen mucha más longitud de pluma útil por el mismo dinero (además tienen, de media, más barbas por centímetro de raquis, por lo que podemos montar una mosca igualmente poblada con menos longitud de pluma).

El gran problema de las colgaderas es que, en un mismo gallo, la mayor parte de las colgaderas tienen similar ancho, y por tanto sólo sirven para montar una muy limitada gama de tamaños de anzuelo (dos o tres tallas). Los cuellos, por contra, tienen plumas grandes y pequeñas, en un completo rango de tamaños, de forma que en un cuello de buena marca podemos encontrar plumas adecuadas para todas las tallas de anzuelo que suelen utilizarse en el montaje de moscas para trucha.

Una buena opción, alternativa a los cuellos, para montadores no profesionales (que normalmente tardarían muchos años en agotar todas las plumas de unas colgaderas completas) son las plumas de colgadera que se comercializan sueltas y agrupadas por tamaños, especialmente son recomendables en los colores menos utilizados.

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Los tres colores básicos son el pardo (dun) el cebrado (grizzly) y el castaño (brown). Se podría añadir a la lista de colores primordiales el negro (suele ser mejor teñido) y el gris azulado.

Colores básicos

Aunque la cantidad de tonos de pluma de jáquel que los montadores aficionados solemos reunir a lo largo de los años es muy amplia, en la práctica son muy pocos los colores que podríamos definir como indispensables: castaño medio (comercializado como brown); pardo azulado (blue dun); pardo medio (dun); negro (el negro natural no suele ser bueno, es un color que yo prefiero utilizar teñido); y cebrado (comercializado como grizzly).

A los anteriores podemos añadir una decena más de colores y tonos, naturales y teñidos, tanto uniformes (amarillo vivo, oliva, crema, pardo claro, avellana…) como mezclados (badger, furnace, cree…).

Montando el jáquel

Una vez tengamos las plumas adecuadas queda elegir la pluma del tamaño idóneo para una mosca concreta, y montar esa mosca.

Sobre el tamaño, las proporciones “clásicas” indican que la longitud de las barbas del jáquel debe ser equivalente a una vez y media o dos veces la abertura del anzuelo.

Una herramienta para medir el tamaño del jáquel es útil si queremos preparar, antes de comenzar a montar, un buen número de plumas agrupadas por tallas.

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En mi opinión, la única norma inquebrantable en el montaje de moscas artificiales es que deben servir para capturar peces (y esto ni siquiera es cierto si son moscas de concurso). Sin embargo, si no tenemos motivos claros para hacer otra cosa, seguir las proporciones clásicas tiene la ventaja de que estaremos atando moscas del modo que se han atado anteriormente muchos miles que ya han demostrado su efectividad.

Preparación de la pluma

En la parte inferior de la pluma hay una serie, más o menos numerosa, de barbas blandas con abundantes barbillas. Esas barbas se eliminan habitualmente. No sirven, al menos para montar moscas secas, aquellas barbas que tienen barbillas en más de una quinta parte de su longitud; y mejor aún si sólo utilizamos la parte de la pluma totalmente limpia de barbillas.

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Hay que eliminar las barbas de la parte inferior de la pluma cuando tienen barbillas en más de 1/5 de su longitud.

Entre los pescadores diestros lo usual es enrollar el jáquel en el sentido de las agujas del reloj. Para evitar que las barbas de la primera vuelta queden descolocadas conviene eliminar algunas barbas más (las que ocupan alrededor de un milímetro de raquis) del lado derecho de la pluma, considerando como tal el que queda a nuestra derecha cuando la pluma está colocada con la punta hacia arriba y el haz hacia nosotros. Los zurdos deberían limpiar algunas barbas más del lado contrario.

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Montaje de un jáquel con dos plumas mezcladas.

Atando y enrollando el jáquel

Para fabricar un jáquel al modo estándar la pluma se ata (a un milímetro del punto donde comienzan las barbas que formarán el jáquel) sobre la tija del anzuelo, en el preciso lugar donde queremos enrollarla. Mientras se fija con el hilo de montaje se sujeta de manera que la punta se dirija hacia la parte posterior del anzuelo, al tiempo que el haz (el lado más brillante de la pluma) mira hacia arriba.

1 – Primer paso para formar el jáquel: atado de la pluma.

2 – El hilo de montaje se lleva hasta el lugar donde finalizará el enrollado del jáquel.

3 – El último paso es enrollar la pluma sobre la ligadura y atar la punta sobre la tija del anzuelo para que no se desenrolle.

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Una vez la pluma atada por el raquis la tomamos por la punta, con la ayuda de una pinza para jáquel o directamente con los dedos si la pluma es lo suficientemente larga, y comenzamos a enrollar en espiras más o menos unidas, dependiendo del resultado que queramos obtener. El jáquel “normal” en una imitación clásica de efémera ocupa una pequeña zona tras la cabeza de la mosca; pero en las llamadas moscas “pálmer” el jáquel se enrolla ocupando el cuerpo de la mosca en espiras más o menos separadas.

Para el jáquel normal en una mosca seca se precisan entre tres y ocho vueltas, dependiendo de la talla del anzuelo y de si se trata de moscas destinadas a flotar en aguas rápidas o de moscas con las que queremos pescar en aguas tranquilas.

Cuando el jáquel está formado atamos la punta de la pluma con el hilo de montaje y cortamos la pluma sobrante, con cuidado de no cortar las barbas que forman el jáquel.

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Debemos tratar de evitar que el jáquel tenga el aspecto desaliñado que se muestra en la fotografía. Tal vez no importe demasiado a la hora de pescar con él, pero cuidar la estética es también parte de la pesca con mosca.

Tengamos en cuenta que una mosca con un jáquel muy poblado ofrece mucha resistencia al aire y tiende a retorcer el bajo de línea. Para evitarlo en lo posible procuremos que el jáquel quede perfectamente perpendicular a la tija del anzuelo, sin torcerse a uno u otro lado.

Jáquel con dos o más plumas

Podemos montar un jáquel con varias plumas enrollándolas del modo habitual una a continuación de otra, como en la Tricolor, o bien mezclando las plumas en el mismo espacio.

Para hacer lo segundo (el ejemplo se hace con dos plumas, pero podría haberse hecho con más) comenzamos atando las plumas del mismo modo que para montar un jáquel normal. Enrollamos a continuación la pluma que hemos atado en segundo lugar (o la situada en la parte superior, si hemos atado las dos plumas a la vez). Y ahora viene lo aparentemente más complicado de esta técnica: enrollar la segunda pluma sobre el primer jáquel sin aplastar sus barbas.

La solución es mucho más simple de lo que pudiera parecer: sólo hay que mover la segunda pluma en zigzag al tiempo que la enrollamos sobre la primera. De esta forma ambas plumas quedarán perfectamente mezcladas en un mismo jáquel, sin que la segunda pluma aplaste las barbas de la primera.

Jáquel avanzado

Un sistema diferente para montar el jáquel, que permite obtener moscas que adoptan una posición muy estable sobre el agua, es el denominado “montaje avanzado”, ideado por el montador francés Aime Devaux.

En este caso la pluma se ata con la punta mirando hacia delante, y la ligadura se realiza hacia la curva del anzuelo, enrollando luego la pluma en ese mismo sentido, opuesto al habitual.

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Montaje de un jáquel avanzado.

Una vez enrollada la pluma, y tras atar la punta en la parte posterior del jáquel y cortar el sobrante, formamos una ligadura que empuja progresivamente las barbas del jáquel al frente. De este modo el jáquel adopta una característica posición avanzada, como de “embudo”. Las moscas Funneldun son una variante de este tipo de montajes.

Montajes tórax y pompón

Un curioso tipo de jáquel, que a primera vista no parece otra cosa que un jáquel mal puesto, es el montaje tórax, desarrollado por el montador americano Vince Marinaro.

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Jáquel tórax.

Jáquel pompón.

En este caso la pluma se enrolla como si fuera una ligadura en X rodeando un ala colocada verticalmente en un punto más retrasado de lo que sería usual en una imitación normal de efémera (aproximadamente en la mitad de la tija del anzuelo, o poco más adelante).

Una evolución de este montaje son las moscas pompón: un tipo de montaje que a veces utilizo para imitaciones genéricas de dípteros o escarabajos en el que el jáquel se enrolla alrededor de una esfera de dubin tal y como enrollaríamos un hilo en un ovillo.

Aunque el jáquel más típico se enrolla en el “cuello” de la mosca, igualmente es habitual el jáquel enrollado en espiras separadas a lo largo de todo el cuerpo. Este tipo de jáquel se denomina “pálmer”.

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Jáquel en palmer para grandes moscas

Cuando queremos montar moscas de gran tamaño con un jáquel sobre el cuerpo, como por ejemplo lleva el conocido estrímer Woolly Bugger, nos encontramos con el problema de que las plumas anchas y largas que es preciso utilizar en estos casos tienen una acusada forma de punta de flecha, de modo que si las montamos como es habitual las barbas de la parte trasera de la mosca serán claramente más largas que las barbas de la parte delantera. Esto no creo que tenga ninguna incidencia a la hora de pescar, pero a ojos del pescador no es bonito. Choca con nuestra idea de la “hidrodinámica” de las moscas nadadoras

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Montaje de un jáquel pálmer en un estrímer de tamaño relativamente grande.

Podemos montar entonces la pluma de delante atrás, y es una posible solución, o bien podemos montar de atrás hacia delante pero atando la pluma por la punta.

En este segundo caso comprobaremos que es difícil enrollar el jáquel correctamente: las barbas quedan torcidas y es difícil evitar que ocurra. La solución más rápida para soslayar este problema es arrancar las barbas de un lado de la pluma, de este modo nos será mucho más sencillo lograr que el jáquel quede perfectamente enrollado, con las barbas perpendiculares a la tija, y con aquellas de mayor longitud colocadas hacia la cabeza de la mosca.

Jáquel paracaídas

Un tipo de jáquel muy popular en la actualidad es el jáquel “paracaídas”. En este caso la pluma no se enrolla sobre la tija del anzuelo sino sobre un soporte colocado perpendicularmente a la tija. De esta forma las barbas del jáquel, al posarse la mosca, quedan en paralelo con la superficie del agua.

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Para atar un jáquel paracaídas se coloca primero el soporte, luego se ata la pluma en la tija al pie del soporte, y por último se enrolla la pluma de arriba abajo.

Sólo hay dos pasos con algo de complicación a la hora de formar este tipo de jáqueles: preparar un soporte adecuado, y atar la punta de la pluma a la tija del anzuelo una vez está enrollado el jáquel.

Como soporte se pueden utilizar multitud de elementos: el raquis de una pluma; un hilo tenso; un mechón de pelo; un trocito de gomaespuma… Personalmente creo que el pelo de ciervo y la gomaespuma son los materiales más adecuados. Además de ligeros, muy flotantes, y resistentes, nos dan la posibilidad de convertirlos en un punto de referencia, haciendo fácilmente visibles para el pescador las moscas con ellos montadas.

La gomaespuma también puede servirnos para atar la punta de la pluma sin pillar las fibras del jáquel. Para ellos utilizaremos una tira estrecha con la que, ayudándonos con una pinza de jáquel, mantendremos abatidas las barbas de la pluma mientras atamos la punta en la tija del anzuelo y formamos el nudo final. Hay otros sistemas de lograr lo mismo, pero en mi opinión este método es el más sencillo y rápido. En la serie de fotografías que ilustran este apartado se explica cómo realizar el proceso completo.

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Para fijar la punta de la pluma en un montaje paracaídas sin pillar las barbas del jáquel, se apartan primero las barbas con los dedos de la mano izquierda (si somos diestros) y se sujeta la punta con un par de vueltas de hilo de montaje cortando el sobrante. A continuación podemos utilizar una tira de gomaespuma sujeta con una pinza de jáquel para mantener las barbas apartadas mientras realizamos el nudo final. De ese modo, y una vez cortado el hilo de montaje y asegurado el nudo final con una pizca de pegamento instantáneo, el jáquel tendrá un perfecto acabado.

Jáquel blando

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En el montaje de moscas ahogadas o emergentes se utilizan jáqueles de plumas “blandas”. Son plumas con abundantes barbillas procedentes del cuello de gallinas, perdices, faisanes… Estas plumas pueden enrollarse de la misma forma que las de cuello o colgadera de gallo, y no dan ningún problema si tenemos la precaución de ir separando con la mano izquierda (si somos diestros) las barbas de la pluma al mismo tiempo que la enrollamos en su lugar con la mano derecha. De esa forma evitaremos que las barbillas que unen las barbas entre sí dificulten el correcto enrollado del jáquel.

Jáquel “blando”.

Alejandro Viñuales. -Villatresmil-

Escrito por Admin

    1 comentario

  1. Xavier Robinat 30/11/2015 at 23:26

    Cuanto sabes Alejandro!!!
    Mis primeros bajos anudados fueron a partir de tus tablas de composición.
    Un éxito.
    Gracias

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