Advertencia previa: este no es un texto de fácil lectura. No es ningún ejemplo de buen artículo didáctico, incluso dudo que pueda resultar “práctico” para nadie. Es un muy muy largo escrito, sin una estructura clara, sobre una modalidad de interés minoritario; y da por supuestos una serie de conocimientos sobre lanzado que tal vez algunos lectores no tengan. Por ello, a quien aún siga interesado en leerlo, aconsejo la lectura previa de los escritos “The Biomechanics of Fly Casting”, de Al Kyte y Gary Moran (sobre los puntos básicos que marcan la diferencia en el lanzado a larga distancia) y “Fly Distance instraction” (supongo que querrían escribir instruction), de Thomas Maire (sobre diversos estilos, y algunas claves, en el lanzado a larga distancia, de competición, con pesadas cabezas de lanzado). Ambos podemos encontrarlos en Internet con la ayuda de cualquier buscador.

Debo reconocer que no supe lo que de verdad significaba el lanzado hasta que llevaba más de quince años pescando con mosca, y que pasaron algunos años más hasta que pude comenzar a disfrutar con la particular modalidad que es el lanzado a larga distancia con líneas WF ligeras (# 4 al # 6). No quiero indicar con esto que sea una disciplina muy difícil, pero sí advertir que no podemos pretender alcanzar la cumbre del lanzado en tres días, lo que por otra parte añade valor al sólo hecho de escalar tratando de llegar a ella.

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Me gustaría poder trasmitir de algún modo el placer que produce un buen lanzado largo, cuando la línea se despliega ante nosotros y vuela con tal facilidad que, por un instante, pensamos que se impulsa a sí misma y que nunca volverá a tocar el suelo… A partir de ese momento el único reto posible es hacerla volar aún más lejos.

Para aquellos que estén interesados en esta particular modalidad voy a tratar de explicar, sin guión previo y según me vaya saliendo, lo que en los últimos tiempos he aprendido (sigo aprendiendo) sobre esta tan poco practicada faceta del lanzado. Espero que a algún lector le interese el tema, y que las siguientes páginas electrónicas le ayuden de algún modo a llevar su mosca, con un equipo que no tiene nada de especial, hasta la misma raya del horizonte.

Hay que decir que, independientemente de la distancia que podamos alcanzar, el mero hecho de intentar lanzar un poco más lejos implica tratar de conseguir un mejor control de la línea, y esto, a la larga, nos ayudará en cualquier ocasión y para todo tipo de lanzados, aunque pescando jamás tengamos necesidad de posar nuestra mosca a más de 15 metros.

Todos los principios físicos básicos aplicables a los lanzados largos son válidos con cualquier equipo; pero hay unos pocos detalles que varían dependiendo de la línea, por lo que prefiero aclarar que lo que aquí escriba se refiere siempre al lanzado con líneas WF de peso ligero-medio, y no necesariamente funciona cuando lanzamos líneas ST, líneas DT, o líneas WF muy pesadas o ultraligeras.

Aclaremos qué entiendo por lanzar a muy larga distancia en este caso. La experiencia me dice que muchos mosqueros (y no necesariamente noveles) comienzan a tener dificultades a partir de los 20 metros, y que más del 50 % a duras penas pueden, si es que pueden, llevar con facilidad y buenas formas una mosca hasta los 25 metros con una línea WF 5 F. Bastantes menos lanzadores, dudo que lleguen al 10 %, son capaces, con esa misma línea, de sobrepasar regularmente la marca de los 27 metros, que es justamente lo que suele medir una línea normal. Es por ello que considero que a partir de 27 metros entramos en el lanzado de muy larga distancia: la tierra de los lanzadores audaces :))

Un inciso: convertirse de verdad en un lanzador de más de 27 metros no es lanzar a tal distancia de allá para cuando: es superar con la mosca esa barrera con cierta comodidad, de forma que lo podamos conseguir la mayor parte de las veces que lo intentemos.

Otra cosa: esa tierra comienza en los 27 metros, pero nunca termina. Mi sueño es alcanzar los 40 metros con una línea WF 6 F (aunque sólo sea de allá para cuando :) No sé si lograré cumplirlo, reconozco que no es un sueño fácil (tampoco es un sueño imposible, o eso creo); pero si algún día lo consigo comenzaré a soñar con ir aún más allá. Como saben todos los que hace tiempo practican el lanzado a larga distancia, 27 metros es una distancia más bien “corta”, no demasiado exigente con el lanzador; pero yo no escribo esto para quienes se conforman con unos “miserables” 27 metros, lo escribo para quienes desean sobrepasarlos ampliamente.

Es curioso cómo casi todos sobreestimamos nuestra distancia máxima de lanzado hasta que nos enfrentamos a la cinta métrica. Creo que en parte se debe a que solemos considerar que la longitud de la línea que lanzamos (incluyendo la que permanece en la caña), más la longitud del bajo, es igual a la distancia que alcanzamos. Según esto, con un bajo de línea de 3 metros, nos bastaría con lanzar 24 metros de línea para entrar en el mundo de los lanzados de muy larga distancia (24 metros de la línea, más tres del bajo, más algo más de medio metro del brazo que estiramos al final del lanzado delantero, nos vamos, en teoría, por encima de 27,5 metros).

La realidad es que no es nada fácil sacar del carrete exactamente 24 metros del línea y, con un bajo de 3 metros, llevar la mosca más allá de los 27 metros. Eso exigiría que tanto la línea como el bajo formaran una recta impecable, algo difícil de lograr. La práctica me ha demostrado que para superar con plenas garantías los 27 metros, con una cinta métrica como referencia, hay que sacar del carrete los 27 metros de línea, y además lograr que tanto la línea como el bajo se extiendan decentemente al final del lanzado (reconozco que un lanzado perfecto con 27 metros de línea y un bajo de 3 metros puede llevar la mosca más allá de los 29 metros, pero no siempre logramos un lanzado perfecto).

Conseguir sacar del carrete toda la línea (suponiendo que mida 27 metros, pues en el mercado hay algunas líneas WF para cañas de una mano que sólo miden 24 metros, y también las hay que miden 32 metros) y extenderla no es demasiado complicado, si tenemos en cuenta todos los puntos que luego comentaré (más algunos otros que no voy a comentar porque supongo que son por todos conocidos)… y logramos aplicarlos al efectuar nuestros lanzados (esto último es, claro, lo más difícil, aunque realmente lo único que exige es dedicar tiempo a su práctica).

Como es lógico, antes de lanzar más allá de los 27 metros hay que poder lanzar a 20 metros, a 23 metros, a 25 metros… Una vez superamos la barrera de los 27 metros podemos seguir escalando hasta donde buenamente podamos. Con un poco de constancia no hace falta ser un superhombre para romper la barrera de los 30 metros; pero tampoco quiero que nadie se haga falsas ilusiones: conforme la distancia aumenta, la dificultad para superarla crece exponencialmente, y tengo que reconocer que llegar a lanzar la mosca de un modo habitual por encima de 30 metros con este tipo de equipos exige bastantes horas de dedicación, o tener unas cualidades innatas excepcionales.

Para mí, que no tengo la envergadura de Steve Rajeff, el gran atractivo de esta modalidad del lanzado a larga distancia es que no requiere tener una gran fuerza física, lo que desgraciadamente sí es imprescindible para lanzar una cabeza de lanzado de 40 gramos a 60 metros (una distancia que superan de vez en cuando todos los grandes campeones de la especialidad). No es que la fuerza física no tenga ninguna importancia, pero si en el lanzado con pesadas líneas ST la fuerza supone un 20 % de la distancia y la técnica el otro 80 %, en el lanzado con líneas WF ligeras la técnica supone, como mínimo, un 95 %.

El equipo, y muy especialmente la línea, puede facilitar o dificultar mucho eso de lanzar muy lejos. Algunas líneas WF se lanzan mejor que otras, pero en cualquier caso su cuidado es fundamental. Una línea sucia, que ha permanecido enrollada en un carrete de pequeño diámetro durante meses y sale en forma de apretado muelle, es prácticamente imposible de lanzar entera, por muy buena que sea la caña y muy bueno que sea el lanzador. Y al contrario, una línea limpia y resbaladiza, y que no forme esas espiras que impiden su fácil paso por las anillas, puede lanzarse a 27 metros con cualquier caña normal, de la potencia adecuada, a poco que conozcamos la mecánica del lanzado a larga distancia.

Es por tanto la línea la primera clave del lanzado a muy larga distancia. Fuera de aspectos de sentido común -como que tenga un recubrimiento que disminuya al máximo la fricción (además de una limpieza con agua jabonosa, cuando la línea comienza a envejecer viene bien aplicar cualquier producto acondicionador de los muchos que podemos encontrar en el mercado); o eliminar, estirando la línea antes de comenzar a lanzar, la “memoria”- me resulta imposible decir cuál es la mejor línea para todos los casos, porque en parte depende de la habilidad del lanzador y en parte de su estilo de lanzado. De cualquier modo, creo que no debería tener una cabeza demasiado corta: menos de 10 metros de cabeza nos exige disparar demasiados metros de línea, lo que aumenta el rozamiento y las posibilidades de enredo. Las líneas de cabeza muy larga (en algún caso rondan los 18 metros) son magníficas cuando se tiene un excelente (excelentísimo, diría yo) dominio del lanzado, pero si no podemos manejar tantos metros durante los falsos lanzados no sirven de nada (pensemos que hay que sacar la cabeza de la línea y al menos un metro de sobrevuelo antes de efectuar el disparo final, y los lanzadores que conozco que pueden controlar con solvencia 19 metros de línea WF volada son pocos más que ombligos tiene un pollo).

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Cuando hablamos del lanzado con líneas WF empleamos unos términos que tal vez no todos entiendan. Por si así fuera, aquí se ilustra el significado de algunos.

Un comentario a propósito de las líneas empleadas en la competición ISE (lanzado con líneas WF 5 F). Estas líneas miden reglamentariamente 32 metros. No se permite emplear líneas de otra longitud para, en teoría, no dar ventajas a unos lanzadores sobre otros. Yo soy bastante crítico con esta teoría: dependiendo del estilo y características de cada lanzador éste se sentirá más o menos cómodo con una longitud determinada de línea, por lo que siendo tan estrictos en este punto se está primando a unos estilos sobre otros. Pero lo que menos me gusta es que se haya elegido una longitud de línea que no es nada frecuente (lo que no deja de ser una forma de primar estilos que pueden no ser los mejores con equipos estándar). De este modo la competición ISE se ha alejado de lo que creo que era su esencia (competir con equipos como los que solemos montar para pescar truchas en un río mediano), y no sé muy bien qué se ha ganado con ello… En cualquier caso, la competición no es el objetivo del lanzado a larga distancia, al menos no lo es para mí; aunque reconozco que no veo nada malo en utilizar la competición para motivarnos en nuestro personal progreso. Al contrario de lo que pienso de la pesca (nunca he comprendido cómo puede convertirse en competición sin perder su esencia), sí creo que el puro lanzado es un magnífico deporte, en el más completo sentido del término, y no entiendo porqué la Federación Española de Pesca y Casting (o sea: pesca y lanzado) lo tiene del todo marginado, cuando en mi opinión debería ser la base de su actividad.

El bajo de línea no tiene la misma importancia que cuando pretendemos pescar truchas desconfiadas, pero debe de ser capaz de transmitir suficiente energía para extenderse al final del lanzado (cuando se pasa de los 25 metros no es tan sencillo extender el bajo como cuando se lanza a 10 metros), y al tiempo absorber la suficiente como para que la línea no rebote durante los falsos lanzados.

Yo empleo únicamente monofilamentos Maxima Chamaleon y Sunset ?Amnesia? transparente. Para una línea # 6 utilizo un bajo de 9′ (longitud que es la máxima admitida en campeonatos y pruebas de lanzado de la CNL o la EFFF), formado por tres tramos: una trasera de 120 cm de Maxima del 0,60; un medianil de 80 cm de ?Amnesia? de 20 libras; y un terminal de 70 cm de ?Amnesia? de 15 libras. Para entrenar, empleo como “mosca” un poco de lana, o similar, de color vivo.

La línea de reserva no tiene importancia cuando se trata de lanzar a 27 o 28 metros; pero comienza a tenerla cuando queremos ir unos cuantos metros más allá de lo que mide la línea. Mi preferida es el monofilamento Sunset ?Amnesia? de 20 libras. Más importante incluso que la línea de reserva es el empalme entre ésta y la línea principal: conviene emplear un sistema ligero y que pase sin problemas por las anillas. A mí me gusta utilizar un pequeño nudo de aguja introduciendo (si es posible) la línea de reserva por el interior del extremo de la línea principal.

La caña es un elemento secundario (supongo que esto resultará chocante para muchos, teniendo en cuenta la caña-manía habitual entre los mosqueros). Desde luego hay cañas que nos permitirán lanzar más lejos que otras (una caña rápida y ligera sin duda puede realizar lanzados más largos que una caña lenta y pesada); pero casi cualquier caña moderna (y muchas buenas cañas antiguas) nos permitirá lanzar a más de 27 metros con la línea y la técnica adecuada, así que la caña sólo debería comenzar a preocuparnos cuando pretendamos llegar a nuestro límite.

No dudo que una caña diseñada para lanzar muy lejos con líneas ligeras (como la Sage TCR o la nueva G. Loomis GLX Max Línea Speed) puede permitir a un especialista añadir medio metro más a sus mejores marcas, pero eso es rizar el rizo, y no creo que a quien pretenda sobre todo mejorar su lanzado tal cosa deba preocuparle.

Sí es importante cuidar el equilibrio línea/caña. Aunque se podría pensar que, puesto que vamos a manejar muchos metros de línea, una caña adecuada para líneas de mayor peso de la que vamos a lanzar sería la ideal (como ocurriría si lanzáramos con una línea DT o con una ST de 15 metros pesada y de alta densidad), lo cierto es que con la mayor parte de los estilos de lanzado no resulta conveniente lanzar con una caña demasiado rígida. Puesto que generalmente los fabricantes numeran las cañas de modo que una # 5 suele ser perfecta para una línea # 6, para lanzar lejos con líneas WF F ligeras viene bien, normalmente, emparejar línea y caña de igual numeración. En algunos casos, especialmente si empleamos líneas de cabeza muy larga, puede ser conveniente utilizar una caña ligeramente más potente (un número superior al de la línea); pero sólo en algunos casos.

La longitud es un tema aparte. Un lanzador muy fuerte tendría ventajas empleando una caña muy larga, y por ello en los campeonatos no se permite una caña de más de 9′. Salvo que vayamos a participar en algún acontecimiento reglado podemos emplear la caña que más nos guste, pero en mi opinión serán pocos los que puedan exprimir el teórico mayor potencial de una caña de más de 9′ (una caña más larga es más pesada y ofrece mayor resistencia al aire; y tengamos en cuenta que ambas cosas se notan más, a la hora de moverla con rapidez, conforme la palanca se alarga).

La técnica es, claro, la otra clave en el lanzado a muy larga distancia. No voy a decir que sea más importante que la línea, porque si la línea no corre por las anillas la única forma de lanzar lejos será prescindiendo de la caña y lanzando sólo con las manos, pero al menos es igual de importante. Supongo que todos tenemos claro que, sin la técnica adecuada, ni con el mejor equipo del mundo (es decir: el que mejor se adapte a nuestras características) lograremos gran cosa.

El mayor problema de lanzar lejos no es que tengamos que hacer cosas muy diferentes a las que hacemos en un lanzado corto, es sobre todo que tenemos que hacerlas mejor.

Vayamos por partes:

Suele decirse que el golpe de lanzado es el movimiento que efectúa la mano lanzadora durante el lanzado. Bien, es una definición válida, pero en este caso no olvidemos nunca que ese movimiento de la mano debe ir acompañado siempre por el movimiento del cuerpo del lanzador. En el lanzado de larga distancia el sólo impulso del brazo no es suficiente. Pensemos en un lanzador de jabalina, o de peso, y comprenderemos la necesidad de emplear todo el cuerpo cuando queremos lanzar algo con fuerza. El golpe de lanzado se convierte en una combinación de balanceo (de todo el cuerpo, pasando el peso de una a otra pierna), giro (del torso), y extensión del brazo que finaliza con un controlado golpe de muñeca.

No voy a pararme gran cosa en describir esos movimientos porque dudo que con palabras pueda explicarlos. Para eso están las imágenes.

Por otra parte, hay que distinguir claramente lo que es esencia y lo que es estilo en esto del lanzado. Hay muchos estilos de lanzado (que a menudo divergen en el énfasis que dan a uno u otro de los movimientos comentados) que pueden permitirnos sobrepasar ampliamente esos 27 metros, pero en todos ellos la esencia es la misma.

La velocidad que lleva la línea en el momento de parar la caña (o mejor dicho: en el momento en que la caña se endereza tras la parada) es la que permite su extensión posterior. Por tanto, si queremos desplegar una gran cantidad de línea, esa velocidad deberá ser más alta que si queremos extender poca línea (en un buen lanzado se logra una velocidad superior a 125 km/h con una línea WF 6 F).

Buena parte de la técnica del lanzado a larga distancia se dirige a eso, a lograr que la línea se mueva lo más rápido posible… y además que lo haga en la dirección correcta (lo segundo es aún más importante, y por desgracia bastante más difícil).

Aunque no siempre es así, podemos considerar que en los inicios del último lanzado delantero la línea está inmóvil, y a partir de ahí comienza una aceleración que debe mantenerse o incrementarse hasta el final del lanzado. Como todos sabemos, podemos alcanzar la misma velocidad con distinta aceleración si el tiempo durante el que la aceleración actúa también es diferente. Por ejemplo: puedo arrancar mi coche y alcanzar los 100 km/h en 20 segundos, o puedo arrancar un F1 y alcanzar los 100 km/h en menos de 4 segundos. En el lanzado también puedo acelerar lentamente a lo largo de mucho tiempo, optando por un amplio golpe de lanzado, o acelerar rápidamente si elijo un corto golpe de lanzado. Hay algunos magníficos lanzadores que emplean golpes de lanzado relativamente cortos para lanzar a larga distancia, pero es preciso disponer de mucha potencia para poder acelerar con rapidez.

Un amplio golpe de lanzado, combinado con un igualmente amplio arco de lanzado, permite lograr una buena velocidad de línea sin necesidad de tener un brazo de hierro, por lo que llevar la mano lanzadora bien atrás en el lanzado trasero y bien adelante en el lanzado delantero, moviendo la caña al tiempo en un arco de entre 130º y 180º, es un buen sistema para conseguir lanzados bastante largos sin demasiado esfuerzo.

Tal vez nos preguntemos qué ventajas tiene entonces un golpe de lanzado corto, y la respuesta es que una gran aceleración consigue que la caña se doble más (se “cargue”), almacenando una energía elástica que se libera en el momento de parar la caña. La velocidad no carga la caña (dejando a un lado la escasa flexión debida a la resistencia del aire), sólo la aceleración lo hace (la inercia de la línea y de la misma caña es la responsable de esa flexión).

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Mantener la aceleración, y por tanto la “carga” de la caña, hasta el final del movimiento es una de las claves del lanzado a larga distancia.

Los fotogramas, sacados de un vídeo rodado a 25 fps, muestran cuadros consecutivos (por tanto hay menos de una vigésima de segundo entre ambos). Arriba se muestra el momento de la parada trasera, y la flexión de la caña un momento antes; y abajo instantes similares del movimiento delantero.

Para aprovechar las ventajas de uno y otro tipo de golpe de lanzado, muchos grandes lanzadores de larguísima distancia con líneas WF ligeras realizan algo que podría considerarse un golpe mixto. En realidad se trata de lanzar con un golpe amplio, pero separándolo con bastante claridad en dos fases: la primera sirve sobre todo para tensar la línea y alcanzar una velocidad de partida para la segunda fase, que se realiza en la parte final del lanzado y consiste en una fuerte aceleración (que se consigue estirando completamente el brazo y girando la caña en un amplio arco, con la ayuda de un potente golpe de muñeca final) que termina en una parada firme. Digamos que es llevar al límite lo que Joan Wulff denomina movimiento de carga y golpe de energía, aunque no me gusta mucho esa terminología, pues lo cierto es que es el “golpe de energía” el que carga más la caña; expresiones más acordes con la realidad podrían ser fase de tensión (de la línea) y fase de flexión (de la caña).

Uno de los más frecuentes errores a la hora de realizar lanzados de larga distancia es comenzar la fase de flexión demasiado pronto. El problema es que no podemos mantener una fuerte aceleración durante mucho tiempo (es decir: no podemos combinar un largo golpe de lanzado y una fuerte aceleración). Una vez que hemos alcanzado la velocidad máxima a la que podemos mover la caña no hay forma de seguir acelerando, y por tanto la caña se descarga. Si esto sucede a mitad del lanzado, cuando la caña está aún bastante elevada, el resultado será un desastroso bucle negativo. La casi totalidad de los bucles cruzados que se producen cuando comenzamos a intentar lanzar muy lejos (y se producen muchísimos) tienen esta causa (otros se deben a la pérdida de tensión por efecto de la frecuencia natural secundaria de la caña, que empuja la punta de la caña hacia detrás cuando movemos la empuñadura con mucha brusquedad hacia delante). Si queremos emplear un largo golpe de lanzado y evitarnos problemas la solución es obvia: mantener la fase de tensión todo lo posible, y dar el golpe de energía (o sea, acelerar a fondo) sólo cuando ya la mano está por delante del cuerpo. Si procuramos que la mano no sobrepase la vertical del codo durante la primera mitad del lanzado (es decir: llevamos el codo por delante de la mano hasta el final de esa fase) esto suele resultar más sencillo (hay estilos de lanzado que no lo hacen, pero no son aptos para manos débiles).

Al principio resulta difícil encontrar el punto en el que la aceleración es suficiente como para que no se caiga la línea, y al tiempo lo bastante lenta como para poder mantenerla sin problemas a lo largo de toda la fase de tensión. Como tantas cosas, es una simple cuestión de práctica.

Quiero destacar la importancia de la muñeca para acelerar todo lo posible a lo largo del golpe de energía. Los instructores de lanzado solemos advertir a nuestros alumnos del riesgo de lanzar con la muñeca, y a menudo explicamos las ventajas de una muñeca rígida. Tenemos razones para hacerlo, pero eso no significa que la muñeca no sirva para nada: sólo que hay que tener mucho cuidado en cómo y cuando la empleamos. En el caso de los lanzados largos un golpe de muñeca amplio al final de los lanzados permite ampliar la fase de flexión de la caña todo lo posible, y ayuda a lograr la máxima velocidad en el movimiento de la empuñadura justo antes de parar la caña (solemos hablar de la velocidad de la punta de la caña, pero esa velocidad es un reflejo, amplificado y retardado en el tiempo, de la velocidad, lineal y angular, a la que hemos movido la empuñadura).

Tengamos presente que la muñeca puede moverse en múltiples ejes, y que sólo nos interesa aquel que se dirige en la misma dirección que el lanzado. A menudo, al realizar un movimiento de abducción rápido añadimos también, sin quererlo, un pequeño giro, lo que origina que la línea se desvíe de la trayectoria ideal.

La doble tracción es prácticamente imprescindible para alcanzar los 27 metros con facilidad, así que si aún no la dominamos bueno será que empecemos a practicarla. Hay un antiguo debate sobre si es mejor que los tirones sean cortos o largos… pero eso es puro estilo. Lo más importante es que las tracciones sean rápidas (su principal función es añadir velocidad a la línea), pero no bruscas (deben ser progresivas, al igual que el golpe de lanzado), que se hagan en la dirección correcta (en la imaginaria recta que pasa a través de las dos últimas anillas de la caña), y que se realicen al final del lanzado. Si logramos que el final del tirón coincida con la parada de la caña mejor que mejor, aunque si continúa después de parar la caña no hay grandes problemas; los problemas se producen si el tirón se realiza demasiado pronto, exactamente los mismos problemas que cuando la fase de flexión comienza demasiado pronto (aunque reconozco que es teóricamente posible dar un tirón eficaz en los inicios del lanzado, durante la fase de tensión, si somos capaces de coordinar perfectamente el inicio de la fase de flexión con el final de la tracción, para evitar que la caña se descargue).

La gran ventaja de aunar tracción y golpes de lanzado (comenzar y terminar ambas cosas al mismo tiempo, teniendo en cuenta la conocida frase “golpe de lanzado largo, tracción larga; golpe de lanzado corto, tracción corta”) es que eso nos ayuda a mantener un perfecto equilibrio: la masa del brazo que va hacia delante se balancea con la masa del brazo que va hacia detrás.

Llevar la línea tensa desde el inicio de cada una de las fases del lanzado (delantera y trasera) es una buena forma de aprovechar el impulso.

Independientemente del estilo empleado, es básico un buen control del lanzado trasero. Steve Rajeff (del que Mel Krieger afirma que es el lanzador con un lanzado trasero técnicamente más perfecto) suele llevar unos 25 metros (83 pies) de línea WF 5 tipo XXD (con cabeza muy larga) en el último lanzado trasero (hablo de línea manejada, no sólo de línea volada), y estira perfectamente esos 25 metros cuando comienza el lanzado final. Si somos capaces de hacer lo mismo con 17 metros de línea (repito que me refiero a línea manejada, lo que equivaldría a unos 14 metros de línea volada) podremos alcanzar con facilidad, con una línea cuya cabeza no mida más de esos 14 metros, los 27 metros disparando los 10 metros restantes al final del lanzado.

Si las condiciones son buenas (línea perfectamente lubricada, sin memoria, viento en calma…) es posible lanzar los 27 metros de una línea # 6 que tenga una cabeza de 10 metros con tan sólo 11 metros de línea volada (o sea, con sólo un metro de sobrevuelo); posible, pero no siempre sencillo. Cuanta más línea podamos manejar en los falsos lanzados, más lejos podremos llegar de forma regular (me refiero, claro, a cuando se lanza con la misma línea; es obvio que una línea con una cola muy fina, ligera y resbaladiza, puede lanzarse más allá que otra que no cumpla tales condiciones; aunque la cabeza de la primera sea más corta y no nos permita volar tantos metros como la segunda).

El lanzado trasero es clave en todo tipo de lanzados (incluso los rodados exigen una buena colocación de la línea antes de realizarlos). En la pura distancia con líneas WF ligeras, el límite lo pone en gran medida el lanzado trasero. Como se desprende de lo dicho en el apartado anterior, si somos capaces de estirar a nuestras espaldas 20 metros de línea (lo que no es nada fácil de conseguir con una línea WF) alcanzaremos más distancia que si somos capaces de estirar únicamente 15 metros, suponiendo que el lanzado delantero y la línea sean similares en ambos casos (eso sí: si no somos capaces de extender perfectamente esos 15 metros y sí somos capaces de hacerlo, por ejemplo, con 13 metros, lograremos mejores resultados con un lanzado trasero de 13 metros).

Hablando en general: si tenemos más línea tensa al final del último lanzado trasero dispondremos de más masa de línea que podremos aprovechar en el disparo final; por otra parte tendremos menos cola de línea que arrastrar, y por tanto la resistencia que encontraremos para lanzar la línea completa será menor.

Lograr un buen lanzado trasero no es sencillo, hace falta mucha práctica, pero la teoría para poder hacerlo es muy simple: tratemos de que el lanzado trasero sea el reflejo del lanzado delantero (hasta donde tal cosa es posible).

El seguir con la vista la evolución de la línea en nuestros lanzados traseros es casi imprescindible para mejorar este golpe. No es obligado hacerlo siempre que lancemos, pero sólo si previamente sabemos que un determinado movimiento de la mano se traduce en un determinado movimiento de la línea (esto es más complicado de lo que parece, incluso Steve Rajeff mira la línea en su lanzado trasero para asegurarse de que todo va bien), lo que únicamente podemos saber si antes hemos estudiado a fondo, observándolo, nuestro lanzado trasero.

Por otra parte, mirar el lanzado trasero es la mejor manera de comenzar el siguiente lanzado delantero en el mejor momento (cierto, se puede lanzar sin mirar la línea, tan sólo sintiendo en la mano la presión que ejerce sobre la caña; yo he hecho esto durante muchos años y puedo lanzar, más o menos bien, con los ojos cerrados, pero desde que he comenzado a seguir la línea con la vista en el lanzado trasero soy más regular, y puedo lanzar mucho mejor los días de viento).

Tengamos en cuenta que cuantos más metros de la cola de la línea tengamos en el aire (lo que en inglés se denomina “overhang”, y en español solemos llamar “sobrevuelo” o “distancia de vuelo”), más difícil nos será controlar la línea (a causa del desplazamiento que se produce del centro de masas hacia el exterior, que ocasiona lo que los lanzadores llamamos “efecto bisagra”). Es por esto que las líneas WF de cabeza larga permiten manejar más línea aérea; y es por esto que las líneas WF presentan problemas de lanzado diferentes a los de una línea DT cuando queremos aprovechar todas sus posibilidades. También es éste el motivo de que la mayoría de los lanzadores no logren ninguna mejoría realizando más de dos falsos lanzados, sino que más bien les ocurre lo contrario.

Una gran táctica para tener suficiente cantidad de línea volada al inicio del último lanzado delantero es disparar una buena cantidad de línea en el último lanzado trasero (recordemos la táctica de Joan Wulff: levantar la cabeza de la línea, primer falso lanzado trasero sin disparar línea; falso lanzado delantero disparando línea; segundo falso lanzado trasero disparando línea; y lanzado delantero final). De esa forma es posible realizar el disparo final con más línea de que la que la mayoría de los lanzadores podrían manejar en una serie de falsos lanzados; el único problema es que no es fácil disparar línea de forma controlada, sin perder tensión, en el lanzado trasero: de nuevo la práctica se hace imprescindible.

Una cuestión que puede generar discrepancias entre los lanzadores es cuándo comenzar el lanzado delantero, si antes de que la línea se estire completamente (a veces se dice que cuando aún tiene la forma de un garrote de caramelo), o justo cuando termina de estirarse. En el primer caso estamos “sacrificando” parte del recorrido del siguiente golpe de lanzado; en el segundo caso corremos un mayor riesgo de que la línea se caiga en exceso.

En mi opinión esto no es un asunto básico, y en buena parte depende del estilo de cada lanzador. Si comenzamos el lanzado delantero cuando la línea aún no se ha estirado, la fase de tensión debe ser lo suficientemente larga como para que la línea termine de estirarse antes de la fase de flexión, lo que significa que estamos prácticamente obligados a utilizar un golpe de lanzado muy largo. Por ello, si empleamos un golpe de lanzado relativamente corto es mejor comenzar el lanzado delantero cuando la línea ya está totalmente estirada, y en este caso deberemos utilizar un lanzado trasero lo suficientemente rápido y elevado como para evitar que la línea se caiga.

Personalmente reconozco que ahora espero a que la línea se estire completamente antes de comenzar el lanzado delantero, y que a mí eso parece ayudarme a lanzar más lejos; pero hay grandes lanzadores que no hacen tal cosa.

La parada es otra clave del lanzado, que en el caso del lanzado a larga distancia se convierte en básica. No hace falta demasiada fuerza para impulsar una línea que pesa unos pocos gramos: acelerar un poco en el momento oportuno y ya está; pero sí hace falta emplear toda nuestra fuerza para parar la caña con firmeza. Hacerlo cuando se lanza una línea WF ligera no exige tener el brazo de Hércules, pero es preciso educar a unos músculos que suelen estar poco acostumbrados a frenazos tan firmes. Si hacemos la prueba de lanzar parando la caña con decisión, y a continuación lanzar la misma cantidad de línea con la misma fuerza pero amortiguando la parada de la caña, comprobaremos la gran importancia de este punto.

Cuestión aparte es cuándo parar la caña. En esto hay diversidad de estilos, pero cuando se trata de este tipo de lanzado a larga distancia muchos lanzadores detienen la caña muy cerca de la horizontal, incluso totalmente paralela al suelo. No pensemos que parando la caña horizontalmente es inevitable que la línea se estrelle contra el agua, o contra la hierba: lo que marca la dirección que seguirá la línea no es cuándo la caña se para, sino la trayectoria que ha seguido la punta de la caña hasta pararse (reconozco que esto es una simplificación burda: en realidad es el resultado de la interacción de múltiples vectores de fuerza, que generan vectores velocidad y vectores aceleración, y que actúan sobre toda o parte de la línea a lo largo del lanzado).

En relación con lo anterior, hay que decir que, aunque suele afirmarse que para lanzar lejos conviene realizar un lanzado delantero algo elevado (a veces muy elevado), en el caso de las líneas ligeras los mejores resultados se logran con lanzados bastante cercanos a la horizontal. Las posibles ventajas de una trayectoria balística se anulan por la gran importancia que tiene la resistencia del aire cuando se lanza una línea ligera.

Por esto mismo el viento es el gran enemigo de este tipo de lanzado. Podemos pensar que si viene de cola nos ayudará a realizar un largo lanzado delantero, pero en este caso dificultará el previo lanzado trasero. No podremos entonces sacar mucha línea a nuestra espalda (a veces no podremos disparar prácticamente nada), nos dificultará realizar normalmente la doble tracción, no podremos realizar una buena deriva, y tendremos que confiar en disparar muchísima más línea que con un viento en calma en el disparo final (esto puede lograrse si lo que sopla es de galerna para arriba, pero en tal caso el que lanza es el viento, no el lanzador). Si lanzamos con viento de espaldas, no olvidemos nunca realizar con más rapidez el lanzado delantero de lo que hacemos habitualmente (podremos hacerlo precisamente porque el viento empuja con nosotros), de lo contrario es muy posible que la línea se caiga demasiado y nos “acaricie” la espalda (si estamos pescando, este consejo se convierte en doblemente indicado, aunque en tal caso conviene además inclinar la caña para alejar la mosca de nosotros).

Algo en lo que coinciden prácticamente todos los grandes lanzadores de distancia es en la importancia de llevar la caña en un mismo plano durante todo el lanzado. Es bastante habitual que a lo largo del golpe de lanzado la mano gire alrededor del cuerpo, lo que provoca que el lanzado trasero no se realice en la misma dirección y opuesto sentido que el delantero, y a menudo hace que se forme una curvatura más o menos acentuada en la línea. Lo primero no es excesivamente grave (sobre todo con estilos en los que el golpe de lanzado sea muy largo), aunque nos impedirá aprovechar al máximo nuestra fuerza, pero lo segundo puede arruinar totalmente lo que podría ser un buen lanzado.

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Muchas veces, cuando movemos la caña trazamos con su punta un movimiento que, visto desde arriba, sería más o menos como muestra la línea punteada negra. Si queremos lanzar muy lejos es importante procurar seguir la línea roja.

En lo que no hay tanta coincidencia es si en ese plano debe ser totalmente vertical o no. Me resulta difícil pronunciarme en este punto. La verticalidad tiene sus ventajas y sus inconvenientes, y esto es otra de esas cuestiones de estilo que hoy prefiero dejar a un lado: lancemos con la caña más o menos inclinada y comprobemos cómo logramos los mejores resultados; es posible que os ocurra como a mí: que depende del día.

El entrenamiento

Tanto para alcanzar más distancia como para cualquier otra faceta del lanzado en la que queramos mejorar, el entrenamiento es fundamental. No es necesario dedicar dos horas diarias, pero si en septiembre soltamos la caña y no volvemos a cogerla hasta marzo no lanzaremos mejor al inicio de una temporada que al final de la anterior, sin duda lanzaremos peor.

Entrenar para lanzar más lejos no consiste en machacarse el brazo, a ver si siendo algo más bestias conseguimos algunos centímetros más. De ese modo lo único que podemos sacar es una grave lesión. Entrenar para lanzar más lejos es practicar, con método y sin prisas, los elementos básicos en este tipo de lanzados:

· La aceleración: debemos conseguir que no decaiga a lo largo del golpe de lanzado, y que llegue a su nivel más alto poco antes de para la caña.

· El lanzado trasero: hay que procurar tensar lo mejor posible la línea al final del lanzado trasero, y al tiempo sacar cuanta más cantidad de línea mejor. Ambas cosas acaban estando reñidas, por lo que debemos encontrar nuestro particular punto de equilibrio entre longitud y tensión.

· La parada: es asombroso lo fácil que resulta olvidar la importancia de una parada firme a la hora de lanzar lejos si no tenemos esa parada interiorizada en nuestro lanzado habitual. Mel Krieger comenta que nunca deberíamos manejar una caña sin “cargarla” y “descargarla” adecuadamente; pero en muchos casos a la hora de pescar nos limitamos a emplear la caña como si fuera una palanca rígida, y ese hábito es difícil de desarraigar sin una práctica específica: lancemos intentando reproducir el movimiento que tendría la caña si chocara con la parte superior de la empuñadura contra un colchón más bien duro al final del lanzado.

· La trayectoria de la punta de la caña: recordemos que la punta de la caña debe seguir una línea lo más recta posible a lo largo de casi todo el lanzado. Yo empleo un muy simple método para tratar de conseguir esa buscada línea recta: observo la punta de la caña mientras practico y trato de acomodarla en la trayectoria correcta.

· El plano de lanzado: en los movimientos delantero y trasero la caña debe moverse en un solo plano, sin giros laterales durante el golpe de lanzado (no son tan importantes los desplazamientos laterales en la fase de deriva, aunque siempre es mejor evitarlos). Los mayores problemas suelen tenerse en el lanzado trasero, que a menudo es, sin quererlo, un lanzado curvo. Un sistema para conseguir un buen plano de lanzado es lanzar hacia detrás, posando la mosca a nuestra espalda, y tratando de conseguir la misma distancia y precisión que en lanzado delantero. Las primeras experiencias en este tipo de práctica suelen ser bastante esclarecedoras.

· La doble tracción: debemos conseguir velocidad, coordinación y buena trayectoria de la mano acompañante (bien enfilada con las anillas, para disminuir el rozamiento). Obviamente, primero tenemos que comenzar a realizar la doble tracción si no sabemos hacerla. Los ejercicios mímicos de repetición de los movimientos básicos, sin caña, son una gran ayuda.

· El golpe de lanzado: sea cual sea nuestro estilo, es básico lograr un golpe de lanzado progresivo, y lo más recto posible, para poder aumentar la velocidad de la línea sin caer en los habituales bucles negativos y lanzados curvos. Para lograr lo primero tratemos de lanzar lejos con el menor esfuerzo posible, y para lo segundo podemos tomar la referencia de una línea recta marcada provisionalmente en el suelo (por ejemplo, con la cinta métrica que empleamos para conocer la distancia de los lanzados, de ese modo matamos dos pájaros de un tiro).

A propósito del entrenamiento: conviene saber que tendremos días mejores y peores, independientemente de las circunstancias externas.

Al igual que en el río hay jornadas en las que la mosca parece tener vida propia (y un endemoniado deseo de engancharse en todas partes excepto en las bocas de los peces), y otras en las que sigue dócilmente nuestros deseos; en el campo de prácticas también hay momentos en los que, por mucho que nos esforzamos, no logramos alcanzar ni de lejos nuestras mejores marcas. En estos casos hay quien dice que lo mejor es irse a casa para no adquirir malos hábitos. Por mi parte, no lo hago sin intentar antes, al menos durante diez o quince minutos, averiguar dónde está el problema; en algunas ocasiones no tardamos en encontrarlo cuando analizamos nuestro lanzado paso por paso… pero en otros casos sólo queda rendirse a la evidencia de que ese día nuestro brazo lo que quiere es jugar a la petanca (aunque no suele ser tanto un problema del brazo como de la cabeza: la concentración es básica para conseguir buenos resultados).

Sobre los estilos

La complejidad del lanzado a larga distancia con sedal pesado tiene su reflejo en el enorme abanico de estilos que pueden servirnos para lograr parecidos resultados.

Entre unos y otros lanzadores expertos podemos encontrar diferencias en aspectos como la altura a la que ejecutan el golpe de lanzado; la longitud del golpe de lanzado; la trayectoria que sigue el golpe de lanzado; la anchura del arco de lanzado; la inclinación del plano de lanzado; la amplitud de la flexión-extensión del brazo; la importancia del golpe de muñeca; la deriva… y las diferencias se duplican si analizamos el lanzado delantero y el lanzado trasero por separado.

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A veces hay confusiones entre la amplitud del arco de lanzado y la longitud del golpe de lanzado. Son cosas totalmente diferentes, y en absoluto relacionadas.
La longitud del golpe de lanzado es la distancia que recorre la mano desde que comienza un movimiento (el delantero o el trasero) hasta que finaliza (flecha doble en el dibujo). El arco de lanzado es el arco de círculo que barre la caña en cada movimiento.
La ilustración muestra como mismo golpe de lanzado puede generar un amplio arco de lanzado (marcado en rojo), o un estrecho arco de lanzado si giramos la caña en menor medida (arco verde).

Aunque se trate de una división bastante burda, y en algunos aspectos discutible, creo que podemos dividir todos los estilos con los que se logran buenas marcas en dos clases: aquellos que permiten aplicar la máxima energía; y aquellos que permiten aprovechar al máximo la energía aplicada.

Como en general ambas cosas están íntimamente mezcladas (mecánica y biomecánica) puede ser difícil enmarcar un estilo concreto en uno u otro lado, y en cualquier caso tampoco me resulta posible decidir si es mejor una cosa que la otra, así que me temo que esta distinción no tiene aplicaciones prácticas.

Y es que discutir de estilos es como discutir de colores: que cada cual vista aquel que más le guste… pero antes de decidirnos a comprar un traje conviene dedicar un tiempo a probar varios.

Muchas gracias por haber leído hasta el final. Realmente su interés por el lanzado está fuera de lo común (y su paciencia también). Si pone el mismo empeño en sus entrenamientos, más temprano que tarde acabará sacando (si es que aún no lo hace) la línea de reserva a tomar el sol.

Acompañando a este artículo van varios vídeos (unos con mejor calidad de imagen que otros; y unos a velocidad real y otros algo ralentizados). Aquí va un comentario de cada uno de ellos, y un enlace al sitio desde donde se pueden descargar.

Directo

Muestra al que es, seguramente, el estilo de lanzado más sencillo que podemos emplear para ir más allá de los 30 metros con una línea WF F ligera. Se trata básicamente de ampliar el golpe de lanzado, abrir el arco de lanzado, y aplicar casi desde el inicio del golpe de lanzado la máxima aceleración que podamos mantener hasta el final.

Enlace al video

Bendwrist

A menudo se nos dice que girar la muñeca en exceso lanza la línea al suelo. En la página 20 del libro de Lefty Kreh “Longer Fly Casting” hay un dibujo de un lanzador que hace algo parecido (en el vídeo el movimiento se realiza, a propósito, de un modo incluso más exagerado de lo que se muestra en el libro de Lefty), y en ese dibujo el lanzado es un desastre (la panza de la línea choca contra el suelo).

Según Lefty, y lo mismo nos dirían muchos grandes lanzadores, es imposible lanzar a 30 metros con giros de muñeca como los que se muestran en el vídeo, pues dichos giros producen bucles demasiado anchos, y no extienden la línea.

Bueno, no aconsejo a nadie que lance como se muestra en el vídeo, pero sin duda no es cierto que no podamos lanzar lejos con un amplio movimiento de muñeca.

No quiero explicar esto con más claridad; me gustaría que cada cual llegara a comprender por sí mismo por qué tal bestial giro de muñeca (que emplean, cada cual a su manera, algunos de los mejores lanzadores de larga distancia con líneas WF ligeras del mundo) no necesariamente “clava” la línea contra el suelo (cuando lo sepáis, haced el favor de explicárnoslo a todos en el foro de lanzado de ConMosca :).

Enlace al video

Tobogán detalle

Hace ya tiempo un grupo de lanzadores, los miembros de la CNL del PAIL, estuvimos analizando en profundidad las posibilidades teóricas y prácticas de lo que los angloparlantes llaman “swoop” y nosotros denominamos tobogán. Se trata de seguir con la mano una línea cóncava a lo largo del golpe de lanzado: la mano desciende bastante durante la primera mitad del golpe de lanzado y asciende, o se dirige horizontalmente al frente, en la última parte del lanzado.

Combinando ese movimiento con un giro de muñeca, que se hace más marcado cuando la mano inicia el ascenso, y con una aceleración cambiante (más fuerte al final del golpe de lanzado), se puede, en teoría, lograr que la punta de la caña siga una línea bastante recta.

Con el tiempo, y sin pretenderlo conscientemente, este estilo se ha convertido en mi preferido (por ahora) para el lanzado a larga distancia, sobre todo porque con él me siento muy cómodo y puedo alcanzar buenas distancias sin demasiado esfuerzo.

No digo que lo mismo vaya a ocurrirle a todo el mundo, pero por si acaso no viene mal probarlo.

Enlace al video tobogán

Enlace al video detalle tobogán

Catapulta

Llamo catapulta a este tipo de tobogán que parece haberse combinado con el “bendwrist” (gran golpe de muñeca). La clave del lanzado está en finalizarlo con una combinación de golpe de muñeca y golpe por compresión. Esto último consiste en abrir ligeramente la mano poco antes del golpe de energía y de cerrarla con fuerza en el momento de parar la caña. De esa forma la caña se convierte en una verdadera catapulta que nos permite lanzar lejos sin demasiado esfuerzo. Tobogan (bucle)

En este vídeo se aprecia con bastante claridad la formación del bucle y su evolución tras el disparo final.

La forma del bucle y su dinámica (cómo esa forma cambia) nos dicen muchas cosas sobre la esencia de un lanzado, tanto las cosas buenas (por ejemplo: el ramal superior recto indica una trayectoria recta de la punta de la caña); como las cosas menos buenas (por ejemplo: la panza que se forma en el ramal inferior de la vuelta, que se produce por el cabeceo de la caña hacia el suelo tras la parada, indica que parte de la energía se transmite hacia abajo, en detrimento de la que se transmite hacia delante. En dosis pequeñas esto no tiene importancia, desaparece conforme la línea se extiende, e incluso podría ser positivo pues el cabeceo también puede transmitir energía al frente; pero si ese empujón hacia el suelo es muy grande crea ondulaciones en la línea que hacen perder distancia).

En el lanzado a larga distancia muchas veces no importa tanto la cantidad de línea que seamos capaces de sacar de la caña como lo extendida que esa línea queda cuando el lanzado finaliza. Lo que tenemos que pedirles a nuestros bucles no es tanto que sean estrechos, o puntiagudos, o con forma de ala de avión, o de ramales paralelos; lo que deberíamos pedirles es, sobre todo, que al morir dejen la línea como planchada con almidón.

Enlace al video

Alejandro Viñuales. -Villatresmil-

Escrito por Pakito

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